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La campiña. El pueblo. I.- Evolución histórica. La crisis de postguerra




Si a finales del siglo XIX y principios del XX se produce un gran crecimiento demográfico desde el treinta al sesenta del siglo XX es época de estancamiento demográfico y económico. El problema agrario estalló con los Sucesos de Casas Viejas de 1933.Esta represión, junto con la de la Guerra Civil, hicieron postrarse a la población en un estado de pesimismo y regresión superior al del resto de España. A  principios de los cincuenta empieza a notarse cierta recuperación que queda detenida en los años 60. De hecho en 1971 había 2994 habitantes en Benalup de Sidonia, sólo se había crecido seiscientos habitantes en cincuenta años (siempre teniendo en cuenta la confusión intencionada de incluir o no a la población del campo de Casas Viejas).
La relación entre la política y las emigraciones explica este débil crecimiento. Los Sucesos y la Guerra Civil significaron la derrotas de las aspiraciones de los jornaleros y la victoria de la de los propietarios. Tras ellos, las condiciones de vida de los campesinos empeoraron, no solo porque la situación política impedía cualquier tipo de conquista laboral, sino también porque la situación económica era peor que en tiempos de la Restauración y de la Segunda República. 



La política autárquica franquista de la década de los cuarenta y principios de los cincuenta trajo a España miseria, escasez, hambre… fenómenos que trataron de ser combatidos por el mercado negro, el estraperlo, la cartilla de racionamiento. Un porcentaje bastante alto de la población vivía permanente o semi permanentemente en el campo. Y ahí a las condiciones de miseria económica que generaba el  problema agrario y  a la represión política hay que sumarle el miedo, la inseguridad y los conflictos que generaban fenómenos como el contrabando o el maquis. De hecho, no sería exagerado afirmar que estamos en la etapa donde las condiciones de vida han sido más duras de toda la historia del pueblo, para una inmensa mayoría de la población. 



Con respecto a la  de los sesenta y setenta esta etapa tiene en común la tranquilidad social en el campo, una paz conseguida a base de la fuerza y el inmovilismo político (dictadura). Pero hay dos grandes diferencias. En primer lugar, durante los sesenta se produce la crisis de la agricultura tradicional y con ella el inicio de la modernización económica de España y de esta zona un poco más tarde –como siempre-. En segundo lugar y motivado por el primer elemento, la relación con la naturaleza cambia de una forma total. A partir de la década de los sesentas las actividades económicas de la zona alteran de  forma significativa el medio natural. En la década de los cuarenta y  principios de los cincuenta va a ser la última vez que las actividades del hombre tenga un bajo impacto medioambiental. La caza, la recolección de castañuela en la Janda, el carboneo, las cabrillas, los espárragos… servían de sustento a un hombre, que debido al sistema económico imperante no necesita alterar significativamente los ecosistemas de su entorno.




En los años cincuenta y sesenta el mercado laboral benalupense se caracterizaba por el predominio del paro y del empleo precario. Además de la escasa renta, estos empleos se desempeñaban bajo condiciones infrahumanas: sin vacaciones, sin días de fiesta, sin seguros, con largas jornadas laborales, sin seguridad alguna, con abundancia de trabajo infantil, con largos desplazamientos hasta el lugar de faena, etc. En ese contexto, la incipiente liberalización de mediados de los cincuenta a nivel nacional se concreta con el Plan de Estabilización en 1959, con lo que la emigración exterior se dispara. Por otra parte, en Cataluña, Valencia, País Vasco, Navarra, Madrid… se está produciendo un proceso de desarrollo económico que demanda mano de obra barata y poco cualificada. Así, a la emigración exterior, se le une la interior. Este éxodo rural va a ser la válvula de escape por la que salen muchas de las tensiones a las que había estado sometido la población y el pistoletazo de salida para los grandes cambios que nos conducirán a la modernidad.
La foto es del archivo de Nicolás Pérez

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