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Día en la Yeguada

Hacía mucho tiempo que no tenía 600 visitas en un post. El domingo lo conseguí con el de las fiestas de la Yeguada. Después me ha llegado una foto que me parece muy interesante. Se trata de gente de Benalup que celebra la romería comiendo en los pinos de la Yeguada. Se observan los azulejos del Quijote que se pusieron en la Segunda República o los pinos que también se plantaron en esa época. 




Allí pasaban la jornada, se juntaba mucha gente de Benalup, de lo más variopinta. Lo normal era que los benalupenses que pasaban por allí, parasen y los invitaran a una tapa y algo de bebida. Era como si un día al año Benalup se trasladara íntegramente a Malcocinado. Aparecen Chelo, Inmaculada Gómez, su cuñada Isabel Guillén, la hija de esta Isabel Mari. También están Cristina, Isabel Eugenia, Isabel Román, Ana Marín…



Yo también estuve este domingo en la romería. Antiguamente iba al chiringuito del IES, ahora llevo varios años que voy a casa de unos amigos donde junto con otra gente de Benalup comemos y pasamos la jornada. Por el trayecto me encontré a otros benalupenses que también iban a comer en la casa de amigos suyos que vivían en la Yeguada. Esta foto me ha confirmado y me ha hecho recordar que este año hace 80 años de las fiestas de Malcocinado. Ochenta años llevan los benalupenses yendo por el día de su fiesta a visitar a sus vecinos, familiares y amigos que por alguna razón viven en Malcocinado y pasando la jornada con ellos. Año por año, hasta completar ochenta. Es verdad, que las fiestas de la Yeguada han cambiado mucho, que ya no son tentaderos, aunque el protagonismo de los caballos continúen, es cierto que ya no van por la tarde los niños que hacen la primera comunión a Benalup, pero sigue teniendo protagonismo la romería. También ha desaparecido la comida en los pinos, pero, hoy igual que hace 80 años muchos benalupenses van a comer y pasar el día con sus amigos de la Yeguada. Ochenta veces tiene ya la categoría de imprescindible, según Brecht. Sin la relación entre Malcocinado y Benalup ni se entiende las fiestas, ni se entienden ambas poblaciones. Me parece que es una de las esencias de estas fiestas. Y como todas hay que guardarlas en frascos pequeños para que no se pierdan y se evaporen. 



Por cierto que me encantó lo coqueta y preciosa que está la antigua plaza del pozo, superarreglada y cuidada, con sus bancos y flores. Y en el centro de la plaza y del pueblo el monolito recordando el origen del pueblo como fruto de la Comunidad de Campesinos que se creo en 1934. Este cumple 8 años. En el monolito los colores de la Segunda República. Y allí el monolito luce orgulloso. Cerca la plaza Suárez Orellana o la de Manolito la Rica nos recuerdan que estamos ante una gente respetuosa con su pasado. Como tantos benalupenses que van por sus fiestas a la Yeguada a pasar una jornada con familiares o amigos. Como se ve en esta fotografía de principios de los ochenta que no hacen otra cosa que lo que había hecho sus padres y ahora hacen sus hijos. Como se ha hecho toda la vida. Como se debería seguir haciendo.

1 comentarios:

Jose Luis Montes de Oca Bancalero dijo...

Cuando se visionan imágenes como éstas, uno se retrotrae a las fiestas de la LLeguda de los 58/65 en las que el toril y las becerradas, la carroza y los caballistas, las riadas de gentes y el retornar de la virgen, por la tarde, eran el jolgorio y la satisfacción de los benalupenses que volvía para dejar a la imagen santa en la parroquia a la que pertenecía también San José de Malcocinado. Cánticos y mas canticos hasta llegar a la cuesta de la Calera, allá por la Orativa, en la que el horizonte comenzaba a dejar rayos solares enrojecidos para adentrarse por la calle San Juan, dirección a la Alameda en las que fiervientes masas esperaban a la virgen para arroparla hasta la entrada a la iglesia.
Las puertas de los bares, repletas de agnósticos que no querían saber nada de la procesión, pero que, sin embargo, aumentaba la multitud, daban realce a la comitiva, presidida por el Padre Muriel, haciendo de la Fiesta de la Lleguada un dia inolvidable que muchos casaviejeños no podrán alejar de sus recuerdos.