¡Colectivización! La explotación colectiva de “Malcocinado” de Francisco Retamero. 3

"Y empezamos la visita con la presentación de todos los asentados que vinieron a saludarnos al local donde se reúne la Junta nombrada por ellos. Apretones de manos, alegría, franco optimismo. Mi espíritu observador me llevó a la comparación entre las caras de estos compañeros y las que había visto en otros pueblecillos citados. Las de éstos daban la sensación de hombres fuertes y sanos, bien alimentados; las de aquellos otros, llevaban impresas todas las huellas que producen las largas vigilias y las enfermedades contraídas por consecuencia de su debilidad orgánica. Eran, debido al hambre, materia fácil para él acceso de las enfermedades más incurables. Se veía bien a las claras que estos camaradas no pasaban privaciones. La comparación establecida entre el elemento infantil dio el mismo resultado.




¿Quién es capaz de contradecir a estos hombres que ayer sufrieron el abandono de todos y los efectos de la avaricia de sus patronos, y hoy se encuentran, merced a sus propios esfuerzos, disfrutando una vida que jamás supieron prever? ¡Nadie!
Cuando les informamos sobre las mentiras que la prensa pagada por la burguesía lanza a la opinión del país, para convencerle de que no es posible la buena marcha de estas colectividades, alzaron el puño indignados y nos aconsejaron que por medio de la prensa obrera les contradijéramos, que ellos sabrían también contestar después a los obreros sobre cuantos informes necesitaran. —Diga usted a los trabajadores del campo, que estamos como no podíamos soñar. Que el régimen comunal no es complicado ni difícil para obtener el resultado que nosotros hemos alcanzado. Hay bastante con un poco de buen sentido práctico y tenacidad. ¡Qué distancia entre el esfuerzo que ayer nos obligaban nuestros patronos a prestar, y el que hoy realizamos!



Aquél era un esfuerzo sin más esperanzas que la del mísero jornal con que se nos retribuía, muy insuficiente a cubrir nuestras necesidades; éste tiene la compensación adecuada. Al terminar los ejercicios somos, algo más ricos que al empezar. No hay patrono, como antes nos sucedía, que absorba el beneficio útil de los productos que da la tierra, regada con nuestro sudor y acariciada con nuestro trabajo.  Nosotros somos patronos de nosotros mismos en este sentido.  Todos realizamos el mismo esfuerzo, pues que las faenas se turnan a fin de que no resulten más ingratas para unos que para otros. Después, en esas épocas que tiene el campo donde no se exigen más atenciones que las de la naturaleza, dedicamos nuestro tiempo en otros trabajos secundarios que también nos reporta el beneficio de no necesitar adquirir los productos que obtenemos.  De esta manera, hemos creado una huerta que nos provee de las legumbres necesarias y un cochumbral que también nos rinde bastante fruto. Absolutamente todo lo producido en el terreno tiene su reparto equitativo. Lo único que es individual, por no torcer los deseos de nuestras mujeres, es la crianza de gallinas. Esto lo han tomado ellas bajo su férula. Cada una cria y cuida las que puede, constituyendo para ella, a más de una distracción, un ingreso que aplican a sus gastos particulares, según su libre albedrío. 



Con estos antecedentes pasamos a recorrer las dependencias donde se alberga la ganadería. Locales amplios, ventilados, limpios, perfectamente acondicionados. En los del ganado vacuno se nota en su centro un hueco que comunica con un local adjunto por donde se provee de los piensos el que los cuida. Con poco trabajo y sin necesidad de entrar por entre el ganado, puede el vaquero servir su condumio sin riesgos y con toda tranquilidad. La interdistancia de res a res, es io suficientemente amplia para evitar las luchas que a veces se entabla entre ellas. Allí está todo previsto. ¡Buen ganado albergan aquellas naves! En las de los cerdos, se ha cuidado todo con igual meticulosidad. Pero en el local separado donde se efectúa la crianza de ellos, se ha puesto más intención con el fin de seleccionar las razas. Cada jaula particular está habitada por una hembra y sus crías. El pavimento de cemento forjado en declive, permite la buena limpieza que se observa. Allí hay una enorme colonia, que a su mayor edad, pasará a habitar otros locales exprofesos, preparados inteligentemente. Aquello es una verdadera riqueza que habla muy alto de la iniciativa y competencia de los encargados de esta sección.



Después, pasamos a visitar la panadería. Su instalación se ha efectuado en un local bien amplio, en uno de cuyos testeros se encuentra el horno espacioso y bien construido. A ambos lados de los muros se han colocado entrepaños de madera para la colocación del pan confeccionado, en uno, y en el otro el que se va extrayendo ya cocido. En el otro extremo del local están las artesas para el amasado; frente a ellas, el torno clasificador con que se selecciona la harina. Poseen también una máquina sobadora o refinadora de masa, movida por tracción animal. Todo aparece limpio y bien cuidado, tanto el herramental que se emplea, como el conjunto de aparatos y local. El pan bueno, admirable, en piezas denominadas teleras de un peso dé dos kilogramos, vénse alineadas sobre los entrepaños dispuestos para su entrega a los consumidores. Aquello es pan sano y alimenticio. Lo que, después de ver éste, no estoy muy seguro de que lo sea, es el que consumimos nosotros en las poblaciones. Tantas son las materias extrañas de que se compone, que no es posible calcular sus propiedades nutritivas.



Pasamos a los graneros de la comunidad; piezas de amplias proporciones donde se encuentran acumuladas buena cantidad de fanegas de trigo. En uno de ¡ sus ángulos almacenan un buen acopio de garbanzos de un tamaño poco común.Me aseguraron que eran riquísimos. En otro local separado, aunque en línea con el anterior, se amontonan grandes cantidades de habas, paniza, cebada, etc., etc.. El economato de que disponen también contiene grandes cantidades de géneros alimenticios que se guardan en cajas y sacos alineados a lo largo de sus muros. Un pequeño mostrador, una estantería, básculas, pesos... dan un carácter comercial al establecimiento. Nuestras miradas, sin desconfianza alguna, pósanse sobre las pesas y medidas que forman pequeñas ringleras sobre el mostrador. Allí el peso es exacto. No tienen objeto alguno las habilidosas artimañas de los profesionales, y por tal motivo se desconocen. El que despacha aquí, difícilmente encontraría ocupación en un comercio particular. ¡Son unas manos tan torpes y resabiadas...que pronto arruinarían la industria de su patrono! Charlando con el cabezalero, salimos del local, y como éste se viese asediado por un sin fin de preguntas que dirijo en todas direcciones, opta por entregarme la memoria correspondiente al año 1934, que por su sencillez y por abarcar todo lo referente a la colectividad, copio a continuación".
La fotografía es sobre la panadería de Malcocinado. Aunque de unos años después a los hechos que aquí se relatan

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