headerphoto

Semana Santa y poder civil

Como todas las Semanas Santas la de Benalup hay que entenderla dentro de un enfoque pluridimensional. Así hay que tener en cuenta sus aspectos tradicional-histórico, religioso, teatral, artístico, festivo… y político. Es un acontecimiento eminentemente social y como tal refleja la sociedad de cada momento y lugar. La de Benalup se caracteriza porque no tiene el seguimiento popular que en otros lugares del entorno o de Andalucía y ello se explica por el origen del pueblo y su formación en torno a jornaleros que acudieron en aluvión a explotar tierras desamortizadas. No obstante, participa de las características de la Semana Santa andaluza. 

Desde el punto de vista de la antropología llama la atención la participación del poder civil en ella. Tradicionalmente el poder civil ha utilizado a la religión para funciones de legitimación y control, al igual que ha hecho el poder religioso con el político. En un país tan visceral como el nuestro, el problema religioso se convirtió en la Historia Contemporánea en uno de los centrales, ya que como decía Agustín de Foxá los españoles estamos “condenados a ir siempre detrás de los curas, o con el cirio o con el garrote”. Así en muchas ocasiones en la historia de España la Iglesia católica se convertía en una ratilla de india o cobaya utilizada por todos para resolver problemas económicos, sociales y políticos, que en el fondo tenían poco que ver con cuestiones religiosas.  Lo mismo que demasiada veces la religión ha tenido una proyección y una actuación pública ajena al carácter individual y personal que, bajo mi punto de vista, debe tener el hecho religioso. Así, se entiende el pacto trono altar durante la Restauración o el franquismo o los altercados anticlericales tan frecuentes en las dos Repúblicas.



Va  a ser la Semana Santa, la fiesta religiosa por antonomasia donde las relaciones entre poderes se visualicen nítidamente. La intervención de las autoridades religiosas (el cura), militares (la guardia civil), civiles (alcaldes, concejales...), principales funcionarios (médico, maestro, administrador de arbitrios....) y las élites económicas certifican la centralidad de la Semana Santa en la vida del pueblo, al mismo tiempo que provocaban la movilización popular. Como escribió Mintz: “Durante la Semana Santa, el cura andaba en la procesión bajo un toldo que era llevado por un guardia civil y una concejal o funcionario del Ayuntamiento, uno a cada lado. La ceremonia era tanto una manifestación de los tres poderes temporales como una fiesta religiosa. Mientras pasaba la procesión, la mayoría de los campesinos observaban en silencio en las aceras o permanecían en los cafés”.



Tenemos datos de que en el siglo XVII ya procesionaba la Virgen de los Dolores por la zona, así como hay escritos que hablan de las procesiones de finales del siglo XIX y principios del XX. Durante la
Segunda República, debido a la agudización del problema religioso estas sufren un parón importante. Va a ser después de la Guerra Civil cuando se funda la Hermandad del Nazareno y la Semana Santa alcance una cima como ninguna otra época en la historia de España.  "La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores tuvo su origen en el año de 1939, cuando al finalizar la guerra de liberación los vecinos de la aldea sacaron procesionalmente la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno para dar gracias a Dios por el feliz éxito de las Armas nacionales”. La religión católica en general, y la Semana Santa en concreto sirvieron a muchos casaviejeños que se habían señalado como republicanos para certificar su metamorfosis ideológica y como vehículo de integración en el Nuevo Régimen. Al igual que pasó en otros pueblos de España el gran desarrollo de la Semana Santa en la postguerra fue liderado por personas que algunas habían pertenecido en la época republicana al bando perdedor y que de esta forma conseguían la aceptación en el Nuevo Orden. 



Tras un breve retroceso al principio de la transición, ligado al tímido rechazo a la connivencia entre los dos poderes, en la actualidad se observa una normalización en las relaciones entre la administración religiosa y civil. Al mismo tiempo que es patente una cierta revitalización de estas fiestas religiosas. La causa se debe a la revalorización actual de lo festivo, tradicional y popular. A ello hay que unirle el mimetismo sufrido por el éxito de la Semana Santa en otras ciudades andaluzas como Sevilla y Málaga, con gran tirón turístico. Además las clases medias y populares han tomado la dirección de estas fiestas tradicionales, haciéndolas más populares y participativas.
La primera y última foto son de Mintz.

audioisabelrodriguez.mp3

0 comentarios: