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García Márquez y el poder

Cuando me enteré ayer de que había muerto Gabriel García Márquez lo primero que me vino a la cabeza fue la mañana que al terminar de leer El amor en los tiempos del cólera, lo tire contra el espejo del armario de mi habitación y le rompí la luna. El final era demoledor, después de más de cincuenta años buscando el amor, ya en la vejez, Fermina Daza y Florentino Ariza se encuentra en el barco. Ella le pregunta: “¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches. Toda la vida - dijo."
Aunque sea un tópico, toda la vida nos quedará García Márquez a través de su obra, disfrutando y aprendiendo con ella. Es una de las grandes diferencias de los humanos con los animales, que utilizamos para nuestro provecho, no siempre todo lo que debiéramos, lo que hacen nuestros predecesores. 



Luego se me vino a la cabeza Crónica de una muerte anunciada y vi a Gabriel García Márquez como otro Santiago Nasar más. En el fondo todos somos Santiago Nasar. Pero la radio me quito los bichitos de la cabeza y me llevo a la realidad del personaje. Hablaron de muchas cosas. La mañana fue estupenda, íbamos escuchando curiosidades y profundidades de este gran escritor latinoamericano en  la Ser por el Valle del Genal. Texto y contexto fabuloso. Cuando hablaron de la fascinación de García Márquez con el poder lo asocié con Casas Viejas y preví este post. 



La anécdota del narco Pablo Escobar es maravillosa. Por lo visto este fantaseaba con secuestrarlo para que escribiera una novela sobre su vida, pero al final siempre decía a García Márquez ni tocarlo. Se lo contaron a él  y le preguntaron que por qué no la escribía y él dijo que porque posiblemente le saldría positiva para Pablo Escobar. Después se habló de sus aventuras y vericuetos con Fidel Castro o con Bill Clinton o Francois Mitterrand. De vuelta a casa investigo un poco y me doy cuenta que las preposiciones tienen un gran valor. No es lo mismo facisnación con el poder, que por el poder. 



En Radio Nacional y Televisión Española la noticia de la muerte la cubren consecutivamente con las declaraciones de Mario Vargas Llosas, que lo presentan eufemísticamente como un gran amigo de su primera etapa. A García Márquez, a diferencia de Vargas Llosa, su íntimo enemigo, que aspiró a la presidencia del Perú en 1990, no le interesó nunca alcanzar el poder. De hecho en los años 80 le insinuaron que se presentara a la Presidencia lo que rechazó fulminantemente, aunque todo el mundo piensa que hubiera ganada las elecciones. Lo que le atraía del poder era la parte que estaba vinculada con la creación literaria, los personajes, los resortes, los entresijos del poder. El  escritor chileno Roberto Bolaño dijo que García Márquez era "un hombre encantado de haber conocido a tantos presidentes y arzobispos".



Uno de estos presidentes fue Felipe González, con el que mantuvo una gran amistad. Fruto de ella fue su  visita para comer en la Venta el Soldao en los Badalejos en 1997. En el libro de Rafael Román Crónica de una generación, coloca esta comida como de uno de los siete momentos más importantes de su vida política. Dice así: “Tuvimos la suerte mi mujer, Teresa Torres, y yo de asistir embelesados a un encuentro entre Felipe González y Gabriel García Márquez acompañados de sus esposas Carmen Romero y Mercedes Barcha… No he vuelto a estar en mi vida con dos personas más subyugantes, tampoco con dos seres que, desde su altura, se quisieran y se respetaran tanto”. Pero entre ambos también hay una gran diferencia. Ayer comentaba esta comida con un amigo que estuvo presente en ella, también él veía la diferencia entre los que están fascinados por el poder y con el poder. 
La fotografía es del citado libro de Rafael Román.

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