El Valle del Genal. 2


En la economía de esta zona en el siglo XIX y XX está una de las claves de la relación de ella con Casas Viejas. Así a la agricultura y ganadería de subsistencia y a la trilogía del mediterráneo (vid, olivo y cereal) explotada en pequeñas parcelas o bancales se les unía que equipos de segadores se trasladaban a las llanuras cerealísticas de la Janda, que, a veces,  se completaba en invierno con la marcha de los mismos equipos a Córdoba para recoger la aceituna.
Se trata de campesinos con pequeñas parcelas, pues en esta zona tras la expulsión de los moriscos y la peculiar modalidad de repoblación se consolidaron estas pequeñas propiedades, que necesitan de las migraciones temporales para completar la débil economía familiar. En estas economías la monetarización era escasa y muchas veces la necesidad de dinero metálico para inversiones en la explotación o en la vivienda, pagos de impuestos, dotes… es la causa de estas migraciones temporales. 




En el lado de la demanda, los grandes latifundios de la Janda se especializaban en monocultivos cerealísticos. La recolección se realizaba a mano debíendose hacerse en el menor tiempo posible, al mismo tiempo que se escalonaban cronológicamente  según zonas. Ello permite la contratación de segadores malagueños que van recorriendo la comarca mayo a octubre. Estos forasteros o sopacas alteran las condiciones laborales de la zona, ya que su organización en cuadrillas y  su carácter familiar permiten contratar destajos más baratos o/y pactar condiciones laborales menos favorables para los trabajadores y más para los propietarios  que las que imperaban en la zona, con lo que los conflictos con los jornaleros locales son frecuentes. Ello junto con su vestimenta característica (alpargatas, camisas blancas y anchos pantalones) que le daba un aspecto harapiento, desaliñado y miserable está en el origen del nombre genérico con el que se le conocieron en esta zona: Los sopacas.





Casas Viejas constituía uno de los centros de llegada. En un bar de Benalaurría coincidimos con un hombre de 85 años. Al entablar conversación rápidamente salió que veníamos de Casas Viejas. Él dijo que lo conocía muy bien, que iba todos los años desde finales de los cuarenta a llevar segadores de la serranía allí. Nos contó que algunos se quedaron a vivir por allí, pero sobre todo nos sorprendió que nos dijera como dentro de los gastos del viaje había que incluir chacinas y productos de la matanza de la época pues eran el peaje que había que pagar a la Guardia Civil para que permitieran este tráfico ilegal de personas. Otras formas de viaje era el tren de Ronda a Algeciras y luego a pie hasta la Janda. Anteriormente iban andando, desde la Serranía al Parque de los Alcornocales por Jimera de Libar  o Cortes de la Frontera y de ahí hasta Casas Viejas por Alcalá. 



En la década de los sesenta la serranía empezó a despoblarse. El éxodo rural fundamentalmente a la costa del sol derrumbó el frágil sistema y la serranía perdió más de la mitad de su población. Más que una consecuencia de la crisis, el éxodo rural fue la causa de la desaparición de la agricultura tradicional. La emigración definitiva de muchos campesinos hizo que subieran los salarios del campo y que los propietarios vieran más rentable la mecanización de las tareas del campo, con lo que el proceso se retroalimentaba. Las emigraciones temporales basadas en la irregularidad de los trabajos del campo con grandes periodos de ocio en una comarcas y concentración y diversificación de las tareas de recolección en otras desaparecieron, con lo que los sopacas, aquellos segadores malagueños que llegaban de mayo a octubre a la comarca dejaron de venir a partir de los sesenta. En esa década el trigo fue sustituido por el algodón y otros cultivos sociales, remolacha por ejemplo, continuando la movilidad de mano de obra con carácter familiar, pero los segadores malagueños que se marcharon a la costa del sol en emigraciones con carácter definitivo fueron cambiados por los campesinos acalainos o sevillanos que acudían a recolectar algodón. 

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