El maestro y el militar

Esta fotografía es de mediados de los cincuenta. Francisco Muñoz y Juan González charlan animosamente en la escuela. Una percha y una pequeña estantería de libros hacen de fondo. Los dos eran de Casas Viejas, uno maestro, otro militar, de ideas y trayectoria distinta, ambos habían estado en la División Azul. Ambos se enrolaron por distintos motivos y tuvieron vidas distintas.
El primero era maestro y de ideas de izquierdas, su hermano Andrés había sido secretario local de Falange Española y había muerto en Sevilla en 1942 en una trifulca en un bar. En el archivo de Medina hay un escrito de 11-5-1936  que dice: “Leída instancia de Francisco Muñoz Ladrón de Guevara con residencia en Casas Viejas solicitando una subvención de treinta pesetas para atender los gastos de la matrícula para tomar parte en los cursillos de selección para ingreso en el Magisterio Nacional, por carecer de recursos para ello. La corporación por unanimidad acordó acceder a lo solicitado”. Pero la Guerra Civil declarada dos meses después le impidió aprobar las oposiciones. Después de la guerra sus ideas le causaron problemas y se vio abocado a enrolarse en la División Azul. Cuando volvió intentó ejercer su profesión de maestro, pero no pudo conseguirlo de forma estable hasta el curso 1955-56 que se trasladó a un pueblo de Málaga.  En Benalup tuvo muchos  problemas por su significación política, en un ambiente de postguerra donde la represión y falta de libertad estaban a la orden del día. Daba clases particulares y sustituía a los maestros del pueblo Manuel Sánchez o Francisco Martínez, cuando se ponían enfermos. En el curso 1954 Francisco Martínez se trasladó a Cádiz y él lo sustituyó. A nivel personal también le vinieron mal dadas, pues enviudó muy pronto y se quedó solo para cuidar a sus dos hijos. 



En el curso 1955 consiguió traslado a Prado del Rey y a Benaocaz, donde ejerció su profesión hasta 1961 que falleció. Sus hijos recuerdan como desde allí les enviaba paquetes con productos de charcutería, ya que se hizo también representante. Antes de morir solucionó los papeles para que sus hijos ingresaran en Zaragoza en el Colegio de huérfanos de Magisterio y allí se fueron cuando murió. Sus hijos quieren hacer constar que sus descendientes siguen por el mismo camino tanto profesionalmente como en las ideas, y tiene actualmente una nieta,  un yerno  y una nuera maestra. En el imaginario colectivo del pueblo y sobre todo en sus alumnos siempre quedó el recuerdo de un maestro progresista, comprometido, coherente y que le tocó vivir en unas difíciles circunstancias.



De Juan González Sánchez, alias  Capitán Ratita, me cuentan que era hermano de Luis Remolino y Paquito el periodista.  De la División Azul regresó de teniente. Estuvo en Cádiz en los cuarteles de Varela y de allí se trasladó a Sevilla, donde se jubiló. Me dicen mis fuentes que cuando en el verano llegaba era todo un acontecimiento, pues participaba en todos los eventos de la feria poniendo todos los trofeos, o bien para el fútbol o para las carreras de bicicletas. Las copas que aportaba las había ganado él en el hipódromo de Pineda, en Sevilla. Juan González era un buen jinete, tanto para el salto como para las carreras de resistencia. Así fue campeón en resistencia en la vuelta a España a caballo. Busco en internet y encuentro su rastro en un ABC del 22-5-1955. Dice así: “Ultima prueba del gran “Raid" de velocidad y resistencia. En el recinto internacional del Campo se corrió ayer la prueba de comprobación del Gran “Raid” de Velocidad y Resistencia, que tenía por objeto apreciar el estado de caballos y jinetes después del esfuerzo realizado durante los días anteriores. Los resultados no pudieron ser más satisfactorios: todos los jinetes participantes cubrieron la distancia de tres kilómetros en un tiempo no superior a seis minutos. Clasificación final de la prueba y premios concedidos a cada jinete:1.- Don Juan González Sánchez, de Jerez, sobre “Navecilla”, 15.000 pesetas de premio y copa del ministro del Ejército…”. Me comenta mi fuente:  “Era una persona muy chula con su sidecar de aquellos tiempos, le gustaba mucho que la gente se fijará en él, pero sobre todo era muy buena gente”. 



Antes de terminar el post remiro la foto, es memorable esta capacidad que tiene la luz detenida en un instante para hacerte pensar y reflexionar. Tiempos difíciles aquellos de los cincuenta, donde las dos Españas fueron obligadas a convivir juntas. Lo que ocurre es que unos lo tuvieron más fácil que otros. 

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