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AZAÑA Y CASAS VIEJAS. Enviado por José Luis Montes de Oca Bancalero

Al hilo de tu mail pasado,   transcribiré un capítulo del libro “MEMORIAS INTIMAS DE AZAÑA” de Joaquín  Arrarrás, publicado por Prensa Española, en el año 1939, referente a los sucesos de Casas Viejas.  Todo el libro  es  bufa y mofa de la vida de este ilustre político, escritor y gran intelectual en el que intentó desvirtuar, por razones políticas pagado por el régimen franquista, cuanto de bueno hizo la República para la sacar al país del tercermundismo en que se encontraba en los años treinta.  Por ello me limitaré al apartado que concierne a los sucesos de Casas Viejas, pues sólo le dedica uno solo
 Ha de tenerse en cuenta que dicho texto, quinta edición, ve la luz, acabada la Guerra Civil.

“El retrato de Azaña que a continuación publicamos está sacado de sus libros, en los que hemos trabajado con la misma precaución del químico que opera con venenos. Ni una palabra hemos tenido que añadir, ni una frase que alterar. El monstruo nos lo dio todo hecho”—reza en una pequeña introducción—antes de desplegar sus maldades contra el presidente
“Cuando la pluma de Azaña topa con el nombre de Casas Viejas, vira en redondo, como el supersticioso huye del vocablo  maléfico. Azaña, que del más liviano tema hace literatura, y rellena sin agotarse páginas con los chismes de los cotilleros que mantiene en servicio, o encartuchando la mostacilla que acarrean Cipriano, Domenchina, Guzmán <<el Generalito>>, Ramos y otras urracas que revuelan por el  despacho presidencial, Azaña, que dedica diez, quince o veinte páginas a describir con  minucias un Consejo de Ministros cualquiera,  no tiene tiempo ni espacio  su cuadernos para escribir detenidamente  sobre Casas Viejas. Así de sincero es el monstruo.
El historiador que quiera averiguar por lo que se dice en las <<Memorias>> lo que ocurrió en Casas Viejas, quedaría defraudado y apenas sabría nada.
El día 11 de Enero se encuentran estas líneas:
<<Llamo a Casares y me cuenta que casi toda la provincia de Cádiz está revuelta. Se han mandado muchos guardias con  órdenes muy recias. Espera acabarlo todo esta misma noche>>
El día 12 llega a Madrid las primeras noticas de los sucesos acecidos en Casas Viejas. Los revolucionarios, después de agredir a la fuerza pública, resistieron desde una casa que fue asaltada por los guardias con granadas de mano. Las noticias oficiales daban la cifra de diecinueve revoltosos muertos.
En sus memorias. Azaña no hace en este día 12 ni una alusión al suceso. Al día siguiente escribe: << Por la mañana también y antes de salir yo al despacho, había venido Casares, que me contó la conclusión de la rebeldía de Casas Viejas, de Cádiz. Han hecho una carnicería con baja en los dos bandos. Algunos periodistas empiezan a decir que el gobierno se excede (¿) en la represión.
<<El socialista>> trae un artículo, en el galimatías de ex seminarista que usa Zugazagoitia, << tomando posiciones>> sobre el particular. No piensan lo mismo sus ministros, en particular Prieto. Fernando de los Ríos me dice que lo ocurrido en Casas Viejas es muy necesario, dada la situación del campo andaluz y de los antecedentes anarquistas de la provincia de Cádiz. Por su parte Lago Caballero declara que mientras la refriega el rigor es inexcusable.>>
Ni una palabra de pesadumbre por lo ocurrido. Casas Viejas paree un hecho corriente y normal, tal vez por demasiado previsto. Azaña se abroquela con las declaraciones de los ministros socialistas que juzgan necesario e inexcusable lo sucedido. No se puede olvidar que los sublevados eran sindicalistas y que por entonces la eterna batalla entre la C.N.T. y el socialismo se libraba con encarnizamiento, pues los socialistas aprovechaban la fuerza del Poder para aplastar a sus rivales. De ahí la gran alegría que experimentaron los tres ministros socialistas al conocer la violencia con que había sido exterminada la rebelión sindicalista en el Sur.
La emoción  y revuelo que ha producido la hecatombe de Casas Viejas apenas encuentra en leve eco o un débil reflejo en las impresiones de estos días en las “Memorias”. Las gentes aguardan con impaciencia la apertura del Parlamento y los enterados opinan que se producirán la crisis. Azaña se limita a comentar el día 15 de enero:
“La gente ve visiones”.
Las Cortes reanudan su labor el día 1º de febrero. A la primera sesión no asisten Azaña ni Casares. Varios oradores –Eduardo Ortega y Gasset, Guerra de los Ríos, Barriobero y Balbotín—relatan con detalles espeluznantes lo de Casas viejas y acusan al Gobierno de criminal e inhumano. El día 5 de febrero, Azaña se refiere a esta sesión:
“Me alegré mucho de que Casares no estuviese presente, porque con lo vehemente que es, seguramente no se habría contenido y la escena hubiera sido violentísima. Rivalizaron en desv  vergüenza varios señores. La palma de la brutalidad se la llevó Eduardo Ortega y la de la inmoralidad política Guerra del Río. La discusión fue toda desbocada. Habló el subsecretario de Gobernación para hacer un relato de los hechos y explicar las órdenes que había dado el Gobierno. Las cosas quedaron así”.
Raro es el día que no se levanta algún diputado en las Cortes a interpelar al Gobierno por lo de Casas Viejas. Conforme se amplía la información, se aclara y concreta más la responsabilidad de los ministros que dieron órdenes atroces –aquellas órdenes recias—a la fuerza pública para acabar con la rebeldía.
El 13 de febrero, Azaña escribe estos dos renglones que denuncian la preocupación que le roe: “”Tengo malas noticias de lo de Casas Viejas. Me temo lo peor”.
Coincide la confesión con la llegada de los parlamentarios y periodistas que regresan aterrados por lo que han visto en el pueblo gaditano.  Se conocen ya las órdenes del Gobierno a la fuerza pública para que ésta “no hiciese ni heridos ni prisioneros”. Martínez Barrio pronuncia un discurso, acusando a los gobernantes de crueles incapaces. “Hay algo peor que un régimen se pierda, y es que ese régimen caiga envilecido, manchado en fango, lágrimas y sangre”.
El Gobierno carga la culpa de lo sucedido a la fuerza pública. Azaña afirma en plena sesión que ellos no tienen en lo debatido la menor responsabilidad ¿Dónde se fueron aquella satisfacción de De los Ríos y de Largo Caballero, por lo ocurrido, y aquellas órdenes “recias” para acabar pronto?
El  monstruo se agazapa cobarde en sus “Memorias”. Mas su propia debilidad tiene la voz dura y fuerte de una acusación:
“Vuelvo al Ministerio. Esplá me trae el informe reservado hecho por el teniente coronel Romeu, sobre lo de Casas Viejas. Negras noticas” (19-02-33)
“También le he dicho (a Alcalá Zamora) la mala impresión que tengo de Casas Viejas”. (21-02-33).
¿Cuáles son esas malas noticias? ¿Por qué esa mala impresión? Azaña cada vez está más parco, más reservado y más silencioso. El 23 de febrero comenta el debate parlamentario con estas palabras:
<<Arremetida del grupo extremista (¿?) que se ha entretenido en pasear cadáveres por el Salón de Sesiones. Alianza de Rodrigo Soriano y del General Fanjul; de republicanos que se llaman evolucionarios, y de monárquicos. Exhiben una larga serie de horrores, y a cada uno que cuentan, Maura hace grandes aspavientos de asombro y de indignación. La pretensión de estos buenos señores es que el Gobierno autorizó los excesos cometidos en Casas Viejas, y que en primero de febrero cuando se habló de ello en las Cortes, yo los conocía y engañé al Gobierno y a la mayoría.
>>La sesión ha sido un espectáculo repugnante. Vorazmente se han arrojado sobre la sangre, la han revuelto, os han querido manchar con ella. Los radicales, sobre todo, han mostrado una saña terrible. A mí han concluido por levantarme el estómago, descubriendo podredumbre que hay bajo esta maniobra, y me he marchado del salón, porque no podía más. En los pasillos, en u corro de amigos, he desbocado mi indignación, y estaban muy sorprendidos de verme por primera vez enfadado. Yo no tengo obligación de aguantar por ningún motivo que se me acuse en las Cortes de engañar a mis compañeros, y a los diputados. Esto no tengo obligación de aguantarlo.
>>La conversación ha contribuido a calmarme.
>>Mi primer discurso ha producido buena impresión y parece que ha convencido a las gentes de la buena fe del Gobierno. Martínez Barrio ha cometido la perfidia de argumentar de este modo. <<El presidente del Consejo dijo e primero de febrero que en Casas Viejas había ocurrido lo que tenía que ocurrir; se demuestra que se ha fusilado a unos prisioneros; luego al Presidente le parece normal esta atrocidad>>. (Esta conclusión quedaba sobreentendida, aunque casi patente).He replicado sobreponiéndome a mis asco y al dolor de vernos injuriados de tal modo. No desconozco que el relato de los sucesos nos deprime y que la depresión nos perjudica.
>>Al acabarse la sesión de esta tarde, Martínez Barrio ha salido al pasillo. Los radicales le aplauden, y dan vivas, ¡¡a la República, honrada!! 
Oú diable l’honneur va-t-il se nicher?>>
Este mismo día 23 de febrero, Azaña convoca los ministros para decirles:<<Que no pierde vista el efecto que en nuestra propia sensibilidad ha producido la aparición de unos hechos que, si bien no probados todavía, va siendo verosímil que hayan existido>>.
Siempre el mismo temor, la misma indecisión por afrontar las consecuencia de aquellas <<órdenes recias>>  de aquel proceder riguroso que en el primer instante se aceptó como <<necesario e inexcusable>>. Ahora todo son negativas y preparación de fórmulas para esquivar la responsabilidad o endosarla al subordinado que no tendrá más remedio que cargar con ella.
El 24 de febrero, Azaña es informado por Calviño, Director de Administración, de la existencia del acta delos capitanes de los Guardias de Asalto de Madrid, en la que afirma que sus jefes les dieron órdenes de no hacer ni heridos ni prisioneros, en la represión del  de Enero.
 <<Aunque él (Calviño) no había vista el acta, está seguro de que existe. Llamé a Menéndez, le pregunté qué sabía de eso, dijo que nada ¡(buen policía!) y le di instrucciones para que lo averiguase>>.
Pocos días después, el 5 de Marzo, Menéndez era sustituido por el pistolero Manuel Andrés Casaus, y se l simulaba un proceso. Del drama de Casas Viejas salía, como una destilación, toda la pestilencia y toda la indignación de la política imperante. Se apeló al soborno de los protagonistas de la represión, y falló. En el fondo rojo de sangre quedaron esculpidas las figuras abominables que planearon la matanza.
Menéndez, un asesino v vulgar.
Casares, incurable y sádico, que se complacía en  los tormentos.
Azaña, el impulsador de la hecatombe, que animaba a producirla con una frase digna de un capitán de bandidos:
--¡Los tiros a la barriga, a la barriga!

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