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NICOLAS VELA EN ELECCIONES MUNICIPALES. Por José Luis Montes de Oca Bancalero

Estos días pasados y, sobre todo, ayer que mis defensas estaban bajas y estuve siendo bombardeado por entradas y más entradas –juegos, fotos, comentarios, peticiones de  amistad o, simplemente, me gusta/comentar / compartir en FC, al mismo tiempo que intentando seguir los acontecimientos de la Fiesta de la Independencia de nuestro pueblo, intentaba, de por medio enhebrar unas notas sobe unos hechos producidos hace ya muchos años, relacionados con unas elecciones Municipales.

No recuerdo exactamente  la fecha; podrían ser por los años 70 /71, más o menos. En aquellas fechas ya se  reclamaba la independencia de la aldea de Benalup  a través de nuestros representantes.
Yo trabajaba, por entonces, para Nicolás Vela, industrial, comercial agricultor y metido a político, que no era lo suyo, a quien, en ocasiones ayudaba a redactar filípicas para los discursos que debía enarbolar en los plenos del Ayuntamiento de la City, Medina Sidonia. Sus familiares posiblemente los conserven.
La Arenosa era la Arenosa; El Porretal, ídem de ídem, y Casas Viejas  era Casas Viejas. Seguíamos siendo “la aldea del crimen”, según Sénder y nuestra baja estima, la de casi todo el pueblo en general, hacía que no se bajara del burro:
NO ESTABAMOS PREPARADOS PARA ASUMIR LA CONSTITUCION DE UN MUNICIPIO
¿Quién en este tardofranquismo se atrevía a enfrentarse a los poderes establecidos?
Algunos recordarán la noche de la redada de la Guardia Civil en la vecina ciudad, capital del municipio. Nicolás nos había pedido que por la noche nos desplazáramos a Medina  para repartir folletos  con el programa de su campaña, para lo cual nos condujo  en el Mil Quinientos – Pin Vela, Manolo Ríos, El Matildo, Oca…, algunos más seguro—con los paquetes de programas que debíamos dejar en cada casa.
Acordamos un determinado punto de reunión para encontrarnos, una vez realizada la labor. Me acuerdo que el sitio elegido fue la fuente que existía un poco más debajo de la puerta árabe en la carretera o calle Central.
Era bastante tarde ya cuando estábamos esperando y, a esto que pasa un Dianne 6 con una pareja de la Guardia Civil, dirección al cuartel que estaba más abajo, cerca de un parque con palmeras. No nos prestó la más mínima atención. 
Pero hete aquí que, al cabo de diez minutos escasos, se presenta un Land Rover  cargado de números que, armados con metralletas o fusiles, nos colocaron frente a la pared, manos en alto y piernas separadas, pidiéndonos documentación e intentando llevarnos al cuartel como si de unos delincuentes o malhechores se tratara.
Llegó Nicolás entonces para recogernos y, en un diálogo bastante altisonante con el jefes, ignoro si teniente o capitán, y casi los pone firmes, dado que él era hermano del Presidente de la Diputación. Desecho el entuerto –quiero recordar que sí visitamos el cuartel—pudimos volver bromeando y con ganas de cachondeo a Casas Viejas.
Desde la distancia y desde la edad, sobre todo –mi barba ya no está encanecida, es alba—me veo en la obligación de recordar estos hechos que, quizás, en los ochenta o noventa del siglo pasado, fueron ignorados o, mejor expresado, desconocidos para la mayoría, por lo cual hemos de colegir que, cuando el puchero estuvo a punto, no tuvimos los condimentos necesarios  o los cocineros idóneos para que el puchero “casas viejas” la más típica de las comidas y la más única ((no había otra)) no pudiera llegar al buen fin que todos pretendíamos.  

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