La laguna de la Janda. Los peligros actuales y lo que queda. 11


Pero la desecación no ha sido el último y definitivo impacto que se ha realizado contra la laguna de la Janda, hay muchos más y están ocurriendo ahora mismo. Los numerosos tendidos eléctricos o los parques eólicos que están inundando la laguna constituyen una trampa mortal para muchas aves protegidas. Las infraestructuras creadas a través de carreteras y numerosos carriles para agricultura y caza constituyen otra serie amenaza.

La agricultura intensiva con un uso abusivo y peligroso de herbicidas, fertilizantes y pesticidas, sobre todo, con la utilización de avionetas es otro peligro acuciante y real. A eso hay que unirle la destrucción de los hábitats naturales de humedales y bosques por monocultivos o la caza y captura de aves migratorias que perjudican a los cotos intensivos y especies que su caza aporta dinero como la perdiz o el faisán. Los ecologistas también señalan que en determinadas zonas la carga ganadera es excesiva, advierten del peligro del trazado de la autovía Cádiz-Barcelona y solicitan controlar la caza menor. Pero quizás el mayor peligro medioambiental que tiene la laguna de la Janda es la indiferencia con la que es tratada por la administración y una gran parte de la población. Como dice Begoña Martínez:
“A pesar de estar reconocida como espacio prioritario a proteger por parte de las autoridades internacionales, a pesar  de que Birdlife International haya incluido a la Janda en su lista de áreas importantes para las aves (IBA's) en España (Área nº 257) y estar declarada Área Importante para las Aves (IBA’s), no se ha incluido aún en la Red de Espacios Protegidos de Andalucía, La Janda carece hoy en día de figuras legales de protección por parte de las administraciones competentes ni ha sido declarada Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA)”.




Pese a la destrucción sufrida por la Janda y los peligros actuales tenemos que reconocer que el patrimonio que alberga todavía es muy importante. Empezaré resaltando el patrimonio cultural que se ha ido formando desde el paleolítico hasta la actualidad, con especial mención a la prehistoria, como ya he comentado. También hay que reseñar las inmejorables vistas que pueden disfrutarse desde los miradores naturales que constituyen las mesas, que circundan el humedal. Pero lo más sobresaliente son los valores naturales que todavía quedan. En la actualidad, la depresión de la Janda constituye una gran superficie dedicada fundamentalmente a la agricultura en la que predominan los cultivos de arroz, remolacha, leguminosas y cereales y en menor grado pastizales en los que se alimentan ganaderías de razas brava y retinta. Estos campos, rodeados de dehesas y sierras cubiertas de alcornocales, acebuchales, pastizales y matorral mediterráneo de gran valor ecológico, están cruzados por una serie de canales de desagüe y viejos cauces naturales en los que se mantiene agua y vegetación lacustre toda o gran parte del año constituyendo estos escasos retazos lo único que resta del antaño gran humedal. 



Pese a las destrucciones sufridas y los peligros actuales, desde el punto de vista ornitólogo sigue siendo una zona de gran importancia. Ya que alberga importantes poblaciones de especies de aves amenazadas tanto residentes como migratorias que encuentran refugio y alimento en los escasos retazos del humedal que aún persisten y en los sistemas agrícolas y forestales que hay en la zona.  Así, y tan solo a modo de ejemplo, diré que invernan aquí cada año alrededor de 2000 grullas, vuelan por aquí media docena de juveniles de águila imperial ibérica, subsiste la población de avutardas y sisones más meridional de Europa, descansan centenares de cigüeñas negras y miles de cigüeñas blancas, rapaces y se reproducen millares de anátidas, ardeidas y otras aves acuáticas. A pesar de todo, La Janda sigue siendo un lugar sumamente interesante para el turismo ornitológico, tanto para los más expertos como para los menos, gracias al elevado número de ejemplares que se pueden llegar a observar en un solo día. 

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