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El romancero

Dice la Wikipedia: “Al igual que el coro, el romancero es una agrupación genuina del Carnaval de Cádiz. En ella, una o dos personas cuentan una historia rimada ayudándose de un tablón donde se muestran dibujos relacionados con dicha historia, con el propósito de hacer reír al público”. Efectivamente el romancero es una agrupación que no es tradicional del carnaval benalupense pero este modelo se ha convertido en el que hace carnaval de la forma más parecida al tradicional. Me recuerda a Los niños llorones de Manolo Lago y Antonio Capita, salvando las distancia claro está.




Al igual que en la otras cuatro ocasiones en las que ha salido este romancero se trata de dar un paseo por el pueblo centrándose única y exclusivamente en asuntos locales. También al igual que con la Morita, el Monasterio el Cuervo, el Tajo las Figuras o la Vaquilla se trata de una crítica al abandono de nuestras señas de identidad y una crítica a la dejadez, a la superficialidad y al todo vale. El esquema es el de siempre. Plantea una situación, en este caso la caída de la Palmera de Utrera y la búsqueda de un lugar donde resurgir. La búsqueda es el recorrido por el pueblo. Y como no lo encuentra se retira al Celemín. El hilo argumental les sirve a los autores, Sito y Fran, para plantear la metáfora del derrumbamiento de la palmera de Utrera, de la pérdida de una seña de identidad más, en medio de la crisis actual, del desdén y la pasividad. Y no sólo se ha caído la palmera de Utrera, sino también que se ha cerrado el campo de golf  “De aquellos Terracotem estos lodos”, en medio de una crisis general “la cosa está peor que fatal”.  “Del vive la marcha a no poder más, de meter la quinta… a la marcha atrás”. “La deforestación” por el Cañuelo, es la fotografía de la época “ya no están ni las moreras, ¡dónde buscarán ahora los niños hojas para los gusanos de seda?”. El clima es depresivo, de desasosiego  donde lo que importa es lo superficial “Aquí no importan tanto las raíces… se mira más bien la envergadura”. 



Pese al ambiente de crisis y pesimismo en el que transcurre la acción del romancero los autores terminan con un halo de esperanza, cuando la sitúan en la zona con más futuro del pueblo La Sierra, el Celemín y contribuyendo ellos con su grano de arena en forma de este romancero para que se perpetúe en la memoria de los benalupenses, ahora que aquella Palmera que sembró Utrera, el inventor, en la década de los veinte  se ha caído. 



Pero además de estas críticas hay otras, siempre utilizando las buenas formas, las palabras precisas y mucha ironía y cachondeo, osea carnaval puro y duro. Por ejemplo hay numerosas alusiones veladas, muchos planteamientos subliminales como el traslado del Piojito a la recta del IES o el inaplicado bando de “las cacas de perros” o el intento de manifestación contra la inseguridad ciudadana. También hay sitio para la crítica pública de carácter más personal como puede ser el agua de Aqualia, el Inmanol Arias de turno, o los amigos que hacen footing y uno charla y otro escucha. 



Como no podía ser de otra forma la crítica política no podía faltar. Se quejan los autores de los retrasos o el estado de cierre de proyectos como el Geriátrico, el Celemín o el Merendero. Así como el estado de las palmeras del parque del Ayuntamiento o la fuente del Pijo. También algunas perlas como cuando Amalia se pregunta “ saldré o no saldré”, habla sobre sus proyectos o uno de los pelotazos del carnaval “el Duo Bicefalia” que “curiosamente” tiene una rima consonante con Amalia. La misma moderación y tacto utilizan en otras cuestiones como cuando se habla de la prohibición de jugar a la pelota en la Alameda, las molestias que ocasionan a los vecinos algunos negocios, la simpatía “granaina” o la “ahorrativa”. Aunque todo el mundo no piensa igual, ni vemos las cosas de la misma manera. Pero me parece que tiene mucho mérito retratar a un pueblo, en un momento dado, profundizar en él, sus problemas y su estado, intentado no molestar a nadie. 



Para eso además de la ironía y el cachondeo ya mentado utilizan el paseo por las personas, locales y lugares del pueblo. Así aparecen Alejandro Cabrales, El belga, Amalia, Guillermo, Paco, Pepe el portero, Vicente Peña, Pelsmarker, Chani, el médico, Manolo Rehuelga, Nico, Leonardo, Andrés IU, Guti, Amparito, Dani,  la familia Ruiz Mateos, Mañez, Salustiano, Nico de Juan Sánchez, Begoña y Manolito Duende, además de asociaciones y peñas como la Ciclista, la de la setas o los veinte duros. A mí me parece que en esto hay que aplicar aquel dicho de que lo importantes es que hablen de uno, aunque sea bueno. También aparecen locales como los churros, la farmacia, la virgen de la higuera, el teatro, el instituto, el piojito, el parque del Ayuntamiento, el mismo Ayuntamiento, el Cañuelo, la papelería, el puesto de lotería, la calle San Juan, las Alondras, el campo de golf o el merendero. Especial referencia hay que hacer a los bares como templos sagrados de la socialización (especialmente masculina, que es la que domina aplastantemente en el Romacero). Aparecen los bares del Cafelito, Miracielos, Floren, Resbalón, el Bola, Petería, Ricardo, Jardines Murillo o el Tato.



En definitiva, estamos ante un regalo para los que nos gusta el carnaval de pueblo, el carnaval entendido como una crítica, como un diario de lo que pasa en un año, como una lección de decir cosas y no decirlas, de amagar y no dar, de utilizar el doble sentido de las palabras, la ironía, la frescura, un poco de insolencia y un mucho de cachondeo. Mucha  burla, choteo, guasa, broma, diversión, jarana, pitorreo, jolgorio… para retratar la situación tan seria y difícil por la que estamos atravesando. Esa es la grandeza del carnaval, con su limitación temporal a dos semanas.  Por eso les doy las gracias a Sito y Fran por las letras, a Dani por los dibujos y a Jesús Mañez por ponerle cara, cuerpo y mucho arte a este Romancero, que ojalá nos vuelva a visitar el año que viene. ¿De qué toca?




Un verso
Ahora que estoy tronchada
Dos versos
Contemplad estas raíces
han visto un siglo pasar
Tres versos
Baje hambrienta la calle San Juan,
ahora Avenida Ruiz Mateos.
(ummm…si yo fuera Amparito)
Cuatro versos
Nadie quiere en su “skyline”
a esta vieja y quebrada palmera.
ya no soy una torre vigia,
ya no soy la que antes era
Ocho versos
Aquí os dejo mi semilla
en forma de libreto
y la historia de esta vieja 
“aterrizá” desde los cielos.
Y que así me recuerden todos,
queridas damas y caballeros:
yo soy de Utrera, la palmera,
la más alta de este pueblo.

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