"Consumir menos, consumir mejor" y la sociedad tradicional benalupense. La venta directa

La economía tradicional benalupense una de las características más importantes que poseía era el carácter cerrado de ella, donde el consumo se basaba fundamentalmente en la producción local. Eran muy pocas los productos que venían de fuera. En la actualidad la producción local se ha arruinado y la mayoría de los productos que se consumen en B/CV son de procedencia foránea. Es otra de las consecuencias de la crisis de la agricultura tradicional.  Dice Toni Lodeiro en el libro que estoy tomando como referencia"...Las cosas no valen lo que cuestan. Si los salarios fuesen justos en todas partes, si se aplicase aquello de “quien contamina paga”, si la distribución a gran escala no abaratase tanto los costes... o sea, si el precio de los productos incluyese sus costes sociales y ambientales, cambiarían mucho los precios. Los zapatos de plástico costarían más que los de piel, el papel reciclado menos que el “normal”... No es razonable que unos guisantes congelados que han necesitado pesticidas, envases, cámaras, ser transportados desde China... salgan más baratos que los del pueblo de al lado. Apoyar a los productos de distribución minoritaria y a las pequeñas empresas y comercios ayuda a que puedan bajar sus precios".



Antes de la revolución producida por la crisis de la agricultura tradicional en Casas Viejas o en Benalup de Sidonia una buena parte del consumo procedía de la producción local, ya fuera propia en régimen de subsistencia (pequeños huertos, cacería, recolección de fruto, ganadería de aves, cochinos, pavos...) o en compra directa al productor bien a los hortelanos o a los especialistas en economía depredadora o a los numerosos artesanos que había en la localidad. Estos hortelanos, como los molineros o como los zapateros van a desaparecer con la llegada de la modernidad a partir de los sesenta. Con ello se consuma la pérdida progresiva de tejido económico que aprovecha los recursos endógenos, que se basa en el trabajo de y en la población. Además este tipo de economía fomenta un tipo de consumo local de alta calidad y con grandes sinergias. Luego será sustituida por una economía basada en lo exógeno. Los productos vendrán de fuera y también la mayoría de la población irá fuera a trabajar, sobre todo, en la construcción. La calamitosa situación actual está relacionada con esta circunstancia y con la pérdida de actividades basada en los recursos propios y de la zona. Más debido a la crisis que a la moda ecológica se observa recientemente un débil repunte de la compra directamente al productor. Hay quien opta por comprar directamente la gallina, los huevos de campo, las hortalizas, la fruta, las tagarninas o los espárragos. 





Toni Lodeiro hablas sobre los beneficios de esta forma de comprar. "Venta directa. Cuando el productor vende directamente al consumidor (en fincas o cooperativas, en ferias y mercados ambulantes o municipales, mediante asociaciones de consumidoras). O casi, cuando sólo hay un intermediario, el pequeño comercio al que la productora lleva directamente el producto. Esto nos permite conocer de cerca quién produce y cómo, crea lazos humanos, y podemos comunicarnos para influirnos mutuamente (por ejemplo podemos pedirle a un agricultor que se pase al cultivo ecológico, que haga pan integral o plante remolachas). Tanto las consumidoras como las productoras ganamos dinero, pues ambas nos ahorramos la tajada de las intermediarias y distribuidoras". 





Hace cincuenta años los Grimaldi, los Fernández, los Marín, los Gallinitos, los Gómez vendían directamente al consumidor lo producido en su huerta. Mucha gente compraba espárragos, pajaritos, perdices, gallinas, cabrillas, caracoles, quesitos... a los jornaleros que los recolectaban directamente. Aunque a veces la producción era tan amplía que una parte se vendía fuera, como ocurrió en 1940 cuando se recogieron 140,000 kilos de espárragos en la zona. También se compraba la cerámica necesaria Luis Orellana Jordán “Torrijas”, los zapatos necesarios a algunos de los muchos zapateros que proliferaban en la zona, el pan que se consumía procedía todo de las tahonas locales, lo mismo que la harina salía de la molienda del trigo en los molinos maquileros o se le encargaba el vestido a Eulogia la costurera, por ejemplo. El carbón y la cal se le podía comprar a Antonio Ruiz "Rosario Cruz", la leche a María Gómez, Isabel Rodríguez o José Márquez y Josefa Rodríguez. Para comprar algún instrumento de hierro se podía acudir a Manolo Chimeneas o Rafael el Herrero, cuyos trabajos tenían merecida fama en toda la provincia de Cádiz, como lo demuestra este calabozo de la Sauceda, en donde se ven claramente sus iniciales. 





Dice Toni Lodeiro sobre las ventas del consumo local: "– Ganamos soberanía: capacidad de decidir o influir en cómo se producen las cosas. – Ahorramos energía (menos transporte y menos necesidad de envases y otros métodos de conservación –cámaras de frío, sustancias químicas–). – Facilita retornar los envases, conocer a quién produce, conocer nuestro entorno (recursos existentes, clima, temporadas de cosecha).

– Fomenta la economía de la zona –más integrada social y culturalmente–, y el empleo estable y de calidad –la gente no tiene que emigrar–.
– Fomenta los productos de calidad. Consumir productos locales y minimizar el consumo de productos exóticos, valorándolos como un lujo a consumir con moderación o en ocasiones especiales, es la única alternativa sostenible. Hace no mucho que los productos exóticos o importados eran un lujo para ocasiones
especiales. Hoy en día, en algunos sectores (calzado deportivo, por ejemplo) es casi una hazaña encontrar producto local".
A costa de resultar pesado, tengo que recordar aquello de que cualquier tiempo pasado fue anterior, pero está claro que tenemos que mirar al pasado para encontrar alternativas a la difícil situación de modelo económico en el que nos encontramos.

En las fotografías restos del Alfar de Luis Orellana, un calabozo hecho por Rafael el Herrero y restos del molino maquilero de los Badalejos 

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