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Todo es política

Los amigos de ortodoxos y conversos me han publicado este artículo y yo quiero compartirlo con vosotros

Julio Rodríguez Martínez, llamado Julio El Breve, duró seis meses escasos al frente del Ministerio de Educación. 
 
Siendo ministro de ese ramo, tuvo la feliz idea de reformar el calendario educativo, haciendo que el curso terminara en diciembre y empezara después de Reyes; así hacía coincidir el año natural con el curso académico. 
 
La medida sólo se aplicó  para primero de carrera en todas las universidades españolas (debían empezar en octubre de 1973 y esperaron para hacerlo a  enero de 1974) y aquel año escolar tuvo unas vacaciones de seis meses. 
 
Produjo tal rechazo y confusión que rápidamente fue  derogado el decreto y se le cesó en el cargo; seis meses después de haber sido nombrado. La explicación que le dio Franco para tal decisión fue antológica: "Tú, haz como yo, no te metas en política". 
 
La frase podría ser hasta simpática si detrás no estuviera la acción de un hombre que prohibió los partidos políticos  y la libertad de prensa, que se impuso por la fuerza tras un golpe de Estado fracasado (y no derrotado) contra un gobierno legítimamente constituido por los resultados de las urnas, que desembocaría en una sangrienta guerra civil…; en suma, que cambió la historia de España. 
 
En la actualidad estamos atravesando una crisis, una época de cambio y la política está muy desprestigiada, pero creo que nos equivocamos si confundimos a una parte con el todo. 
 
Erramos si pensamos que la política sólo es aquella con letra pequeña, aquella que está compuesta por profesionales de la misma que viven de eso y se dedican a pelearse y medrar entre ellos, aquella donde campa a sus anchas la corrupción, aquella que ha desplazado a los que acudían a la política para solucionar los problemas colectivos y no los individuales y personales. 
 
Porque la política (que viene de polis, ciudad, comunidad, sociedad...) es todo. 
 
Es inherente a la organización social y por eso no se puede prescindir de ella. 
 
Es la forma que tiene la comunidad de enfrentar sus problemas y optar por una u otra manera para resolverlos. 
 
Es cierto que tradicionalmente han sido las clases dominantes las que impusieron sus reglas y orden, pero lo es también que el ideal democrático significa la máxima participación posible del pueblo llano en las decisiones que les compete. 
 
Si caemos en el desprestigio total y optamos por desinteresarnos y “pasar” de la política, estamos volviendo a dejar las grandes decisiones en manos de los de siempre. Ya se dice que la política la haces o te la hacen.
 
Porque “la cosa pública” es tomar decisiones sobre la organización y la actividad social, y también presentar alternativas e ideas. Es decir, política es teoría y praxis; es sinónimo de poder, pues la toma de decisiones y sus diversas opciones están jerárquicamente organizadas. Y el problema del poder no lo ha resuelto definitivamente ninguna de las ideologías existentes, llámese absolutismo, liberalismo, socialismo, fascismo, democracia o anarquismo. 
 
Pero, además, el poder no solo tiene carácter estatal, sino también social. Es una red que se extiende por toda la comunidad e implica todo tipo de relaciones. Hay relaciones de poder en el trabajo, en la pandilla de amigos, en la escuela, en el fútbol, en un blog o en una página de Facebook... 
 
El poder, como dicen de Dios, está en todas partes. Por tanto, la política también se hace presente en todos los ámbitos de la vida y aquel que nos induce a que no nos metamos en política, también está haciendo política.
 
En la Historia, asímismo, hay política. En las actividades sociales no existe la objetividad absoluta y cada uno cuenta la feria según le va, de dónde le viene y teniendo en cuenta sus circunstancias. 
 
Estos días celebramos con diversos actos que Jerome Mintz estuvo durante más de veinte años estudiando la historia y la sociedad de nuestro pueblo. Aunque todos coincidiremos en que esto ha sido una especie de lotería que nos ha tocado, no sé si estaremos de acuerdo en que al elegir una determinada metodología y al poner el acento en determinados aspectos, también estaba haciendo política. 
 
Mintz no se quedó en el tópico andaluz, como la mayoría de sus colegas antropólogos americanos, ni se basó exclusivamente en las fuentes oficiales que estaban manejadas y creadas por los poderosos, ni historió ni estudió la vida de las élites políticas y sociales, sino que abordó la historia y la sociedad casaviejeña desde la empatía, la amistad personal y el contacto directo con las clases más populares y desfavorecidas. 
 
Ello significó una gran novedad en el mundo historiográfico, pues la utilización masiva y primordial de las fuentes orales permitió afrontar  el estudio de una forma más global e integral: menos elitista y excluyente. 
 
Gracias a la utilización de esas fuentes  (a través de entrevistas, audios, fotos, películas…) estudió y dio a conocer una historia que ponía el acento en los campesinos, en su ideología, en las relaciones sociales, en las relaciones de género, en la religión, en la evolución de la propiedad, en el trabajo cotidiano, en la vida diaria… Aspectos que hasta entonces habían estado escondidos por los que decían que esto era un valle de lágrimas al que venimos de sufridores y que la vida que merece la pena es la del más allá. Que siempre ha habido pobres y ricos y los habrá, que la caca (la historia) cuanto más se mueve más huele o que no hay que meterse en política (aunque ellos si se metían pues dirigían la comunidad). 
 
Mintz en ese sentido hizo historia e hizo política. También, y esto es una opinión muy personal, la Asociación Amigos de Mintz hace política cuando instaura el premio La Gorra de Jornalero, prenda que utilizaba el catedrático en sus clases de la universidad de Indiana para significar su opción y simpatía  por los campesinos; y se lo concede a gente que no pertenece a ningún tipo de élite social o política como puede ser la propia Carla, Jesús Mañez, los integrantes de la murgaLos niños llorones, los informantes del libro Los anarquistas de Casas Viejas o los protagonistas de sus películas. 
 
Todos amigos suyos, todos sencillos y humildes y todos miembros de una comunidad política. Y es que, como dice un viejo de tasca amigo mío: “Todo es política”.
 
Salustiano Gutiérrez Baena
 
 

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