Las fotos de los Sucesos. Julio Romano y el cráneo


Hipolito González y Rodríguez de la Peña era el nombre del seudónimo Julio Romano, uno de los periodistas más conocidos del momento y que vino a Casas Viejas acompañado del fotógrafo jerezano José Demaría Vázquez, más conocido como Campúa. Ambos, llegaron el día 14 un día después que la mayoría de fotógrafos y periodistas como enviados de la revista gráfica madrileña Crónica.



Cuando volvieron a Madrid llevaban consigo algunas de las mejores fotografías de lo ocurrido, así como vistas generales del pueblo y sus calles convirtiéndose en un archivo fotográfico único. El origen jerezano del fotógrafo le permite enterarse vía del alcalde de Medina, el médico Ángel Butrón, que la mayoría de los muertos lo han sido a sangre fría, no fruto de un enfrentamiento armado entre los campesinos y las fuerzas del orden. En sus tres reportajes Julio Romano no se atrevió a escribir la verdad “No pude contar la verdad de lo acaecido en Casas Viejas. Podía incurrir en la Ley de Defensa de la República y hacer víctima a Crónica de una sanción gubernativa”, escribe en este libro. También dice que “Pero ya que no era posible escribirla (la verdad), me dedique a hacer “tiradas verbales” del suceso por todo Madrid”. 



Fue Miguel Pérez Cordón y el diario CNT los primeros que se atrevieron a hacerlo público, el 18 de enero, después le seguirían Ramón J. Sender y Eduardo de Guzmán. Esta fotografía fue publicada por primera vez el 22-1-1933 en la revista Crónica. Sobre ella dice el mismo Julio Romano: “Cogí, como ya he dicho, la cabeza, hecha un tizón, de uno de los muertos. Lo hice de una manera inconsciente, quizá con el escondido propósito de hacerle a aquel cerebro macizo y terroso el último reportaje, el definitivo y verdadero. Acostumbrado a hacerle interviu a tanta cabeza hueca, me parecía tener entre mis manos una testa sólida y pesada”. 



Siempre que se ha hablado de manipulación y utilización despiadada de los Sucesos se ha ilustrado con esta fotografía. Ese primer plano de Julio Romano con el cráneo dentro del casarón de Seisdedos, apareciendo un segundo plano formado por personas de Casas Viejas que contemplan la escena desde la calle Nueva. Esa postura hierática, ese atrevimiento a fotografiarse con el resto de un cerebro carbonizado no era más que el inicio de toda una tendencia sobre el aprovechamiento, el morbo, la polémica y la manipulación que iban a tener los Sucesos de Casas Viejas, desde aquel momento, 14 de enero de 1933 hasta la actualidad. Precisamente estos días están apareciendo los trámites previos para la presentación de proyectos de convertir la antigua corraleta de Seisdedos, donde está realizada la fotografía, en un espacio conmemorativo de la memoria sobre los Sucesos, esperemos que se haga con el suficiente rigor y sensibilidad. El tema es muy delicado y las experiencias anteriores no son positivas.

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