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Las fotos de los Sucesos. El juicio a los campesinos

El juicio duró dos días, 26 y 27 de junio de 1934. Se celebró en el cuartel de San Roque. Se reunió el Consejo de guerra para juzgar los sucesos acaecidos en Casas Viejas relacionados con el asedio y asalto al cuartelillo de la guardia civil, hechos en los que resultaron muertos el comandante del puesto, sargento Manuel García Álvarez y el guardia del mismo puesto Ramón García Chueco.
Aparecen como procesados por los sucesos de referencia 26 campesinos, de los cuales seis se hallaban en prisión y los restantes, en libertad. Preside el Tribunal el teniente coronel D. Ernesto Marina; de juez actúa el de la plaza, y de fiscal, el auditor militar de la región. Actúan de defensores los señores López Gálvez, Benito Pavón, Monje Bernal y Blasco Garzón, quienes interrogan a Antonio Cornejo, Antonio Cruz García y Cristóbal Toro, renunciando a otros interrogatorios.



Tano Ramos en el Caso Casas Viejas escribe sobre este juicio: “El nuevo juicio sobre los sucesos de Casas Viejas comenzó, como estaba previsto, el lunes 25 de junio de 1934. En el cuartel de Santa Elena, en la capital gaditana…. López Gálvez defendía a nueve procesados. Ninguno de los 26 estaba acusado de ser el autor de los disparon que acabaron con la vida del sargento y el guardia civil abatidos  durante el asedio al cuartel. Julio Ramos Hermoso, capitán de Artillería y abogado del Estado, juez instructor de la causa, no había logrado averiguar de qué escopeta salieron las balas que hirieron mortalmente a los agentes o bien pensaba que, tal como señalaban muchos, el autor había muerto abrasado en la choza de Seisdedos. El caso es que el consejo de guerra se presentaba como un trámite que había que cumplir obligatoriamente pero que no iba a aportar nada si de lo que se trataba era de hacer justicia. Con el autor de los disparos muerto y con el escarmiento que había dado el capitán Rojas en la corraleta de Seisdedos, no parecía posible que el Estado pudiese llevar ya a la conciencia popular la idea de que aquellos vecinos de Casas Viejas iban a recibir un merecido castigo".



Decía Eduardo de Guzmán en el periódico La Tierra, a propósito del Consejo de Guerra de junio del 34 a los campesinos: “¿Por qué Rojas, militar, compareció ante un Tribunal popular, y los campesinos, hombres del pueblo, ante un Consejo de guerra? ¡Quien sabe! Por el mismo motivo, sin duda, que Rojas –condenado ya por catorce delitos de asesinato –continúa en la cómoda prisión del Castillo de Santa Catalina y los labriegos –presuntos autores y algunos ni siquiera presuntos, de dos delitos de homicidio- llevan meses y meses en la angustia del presidio del Puerto de Santa María…Entre el señorito que mata porque sí y el labriego que va a la lucha empujado por el hambre hay grandes diferencias para la justicia histórica. Y como siempre que una diferencia se hace notar, en perjuicio de los campesinos destrozados, miserables, hambrientos…Todos ellos saben de la angustia de una vida insoportable; todos vieron cómo las balas del orden cegaban en flor vidas hermanas; todos tenían, entre los que cayeron, padres, compañerños o hijos. Todos confesaron delitos que no habían cometidos porque no tuvieron otro camino que confesar…Si en España quedase un átomo de sensibilidad, estos labriegos no podrían ser condenados, tendrían que ser absueltos con todos los pronunciamientos favorables. Porque su condena sería una monstruosidad antijurídica y antihumana. Y porque formaría un contraste doloroso y abrumador con la libertad de los instigadores, de los promotores, de los mayores responsables de la bárbara tragedia que avergonzara a España”. La foto es del Diario de Cádiz, cuyo autor es Dubois.


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