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Benalup pierde población

Equilibrio. Ese es el concepto que explica muchos fenómenos tanto físicos como humanos. Ese término es clave para entender los movimientos migratorios en el espacio y en el tiempo. Explicaría a su vez como hemos pasado de ser unos de los pueblos de la provincia de Cádiz que en la última década y en la primera del siglo XX y XXI, respectivamente, más población ganó porcentualmente (decía el Diario de Cádiz en diciembre de 2007 :"mientras que llama la atención el despegue de Benalup-Casas Viejas, que tiene empadronadas 7.038 personas, tras aumentar en 173)",  a que ahora seamos de los que más perdemos. En concreto a fecha de 31 de diciembre de 2013 6.991 habiendo bajado de la barrera de los siete mil. 
Si en el 2012 el pueblo tuvo 16 personas menos que en 2011, en el 2013 han sido 216. Volviendo a los niveles demográficos de 2006, antes de la crisis. Ello se debe a que se han detenido las inmigraciones y han aumentado las emigraciones. Por supuesto esto está ligado a la tremenda crisis económica por la que atravesamos, que se concreta en la caída de la construcción y de grandes proyectos para la zona como el del campo de golf, del que hoy viene en la prensa la siguiente noticia. Las cifras del paro por su parte nos confirma que esta crisis ha supuesto un trasvase de trabajadores de la construcción al sector servicios (hay 328 parados en la construcción y 753 en el sector servicios) y que lo peor de la recesión  ha pasado ya, pues tenemos mejores datos de paro en 2013 que en 2012, aunque se deben en parte a esta pérdida de la población, ya comentada. La emigración se está disparando ahora porque, como ocurrió en los sesenta, otras zonas despegan y salen de la crisis de forma más rápida que esta. Otra enseñanza que nos depara la crisis actual es que será gracias a  la sociedad del conocimiento, a la cualificación técnica, a la educación... con las que nos enfrentemos a la situación económica nueva resultante del proceso de cambio actual.


En una tierra de tantos desequilibrios como esta, a épocas de bonanza y de llegada de inmigrantes le suceden otras del fenómeno radicalmente contrario. Ya hemos visto otras veces que estamos ante un pueblo de idas y venidas. Tras la Guerra Civil y sobre todo en la década de los sesenta dominaron las emigraciones. Estas salidas masivas de la población benalupense desde finales de los cincuenta hasta los setenta aliviaron la presión demográfica y posibilitaron la modernización posterior de la zona. Ya que el éxodo rural motivo que al bajar considerablemente la oferta de trabajo en el campo, los propietarios optaran por la mecanización, lo que unido a obras de gran calado como la desecación de la Laguna de la Janda posibilitó la crisis de la agricultura tradicional y por tanto la llegada de la modernidad. Aunque las emigraciones de los años sesenta tuvieron una motivación fundamentalmente económica y coincidiera con el boom de zonas como el este español o la Europa Comunitaria (la famosa teoría de los vasos comunicantes), también hay que tener en cuenta otro tipo de condicionantes. Como las perspectivas de futuro para la familia, sobre todos los hijos, que en cuestión de educación, sanidad, consumo... pueden aportar la zona en la que se vive y a la que se pretende ir. También que en muchas ocasiones suelen influir motivaciones políticas. Cuando estudiábamos la trayectoria posterior de muchos de los que perdieron en el 33 o en el 36-39 concluíamos que una gran parte de ellos terminan emigrando a Torrent y otras zonas. Es un fenómeno actual que una parte de los emigrantes tiene un alto nivel de estudios. Son muchos los benalupenses que han terminado sus estudios universitarios y se encuentra trabajando en Inglaterra, Alemania, EEUU…



A nivel general las consecuencias demográficas, económicas, sociales y culturales son negativas para las zonas emisoras y positivas para las receptoras, pues se envejece la población, se pierden los elementos más activos y dinámicos, mientras que en las zonas a las que llegan los inmigrantes las dinamizan, aportan mano de obra barata y riqueza, contribuyendo al mantenimiento del estado del bienestar, aumentando la diversidad  y por tanto su riqueza cultural. Independientemente de esto y de que a largo plazo la mayoría de los que lo hacen se alegran, la emigración no deja de ser un drama. Nadie se va gustoso de su tierra y a todo el mundo le gustaría desarrollarse como persona y como trabajador en su patria chica. Ahora que parece que estamos asistiendo a otra época donde la idas superan a las llegadas, me parece interesante recordar que el éxodo de los sesenta posibilitó la modernización y desarrollo posterior, que fue posible por el vaso comunicante de zonas que salieron antes de la crisis y que son unos determinados perfiles los que se ven obligados a dejar su tierra. Pero sobre todo insistir el sacrificio que supone dejar a los tuyos y adaptarte a otra gente, a otra cultura y a otra tierra. Como se veía en la película del Zapatero de Mintz. Por eso  cuando se confirma que el 1 de enero de 2014 hay 216 personas menos que la misma fecha del 2013  es lógico que comparemos con  la situación de esa especie de torre de babel que era esto hace menos de un lustro y contemplemos con tristeza y pena la marcha de amigos y conocidos. También que aparezca el deseo de que  pronto volvamos a ser tierra de acogida, de nuevo. Amen, por cuestión de equilibrio.
Los dos primeros gráficos son de la página web foro ciudad. El tercero es de elaboración propia.

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