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La represión en la Guerra Civil en la comarca de la Janda. Y 2

En Medina Sidonia la lucha por la tierra y los intentos de la Reforma Agraria marcaron la represión. Marcos Ramos cuenta en su libro Medina Sidonia, Arte, historia y urbanismo como  hubo "muchos fusilamientos en Medina y su partido en julio del 36".  Personalmente recuerda el "llanto popular por Joselito el de Ganga", asesinado junto con Francisco Fernández Guerra de la Vega, Parrita y el alcalde de Alcalá de los Gazules Antonio Gallego, el 25 de agosto de ese año. Y fueron más, como el alcalde Ángel Ruiz Enciso, cuyo cadáver fue arrastrado y humillado después de muerto. 
Le dice Juan Pinto a Mintz sobre la represión en Medina:
 Juan Pinto.- Aquí mataron unos pocos alcaldes socialistas. En Tarifa se tuvo que ir el alcalde. En Medina el alcalde era socialista y lo mataron. Estuvo dos días en la calle, como un perro y llegó un señorito y le pegó una patá y la pata se le quedo seca, a la temporada. Arriba no hay nadie, pero como coincidió para que perdiera la pata. El que se murió le pegó un tiro y ya no sufrió más. Pero el otro sufrió más, yo eso me lo creo.
En el Informe sobre las fosas comunes de la represión franquista en Cádiz sobre Medina se puede leer: “Con el levantamiento franquista la represión fue durísima, como casi en todos lados, dividiéndose el pueblo entre adeptos al régimen y los que vivían con el temor a ser  represaliados o asesinados por sus ideas o actos anteriores al nuevo régimen… El lugar de fusilamientos era el punto kilométrico 10 de la A-396 dirección Medina Benalup, entre la venta Cabrala y la finca Cantora en un pequeño bosque de  eucaliptos, fusilaron al alcalde Ángel Ruiz Enciso y al grupo municipal allí… En cuanto a las posibles víctimas del municipio las cantidades oscilan entre cincuenta y ochenta personas”.


En Vejer de la Frontera la represión fue especialmente cruenta. El mismo Informe sobre fosas apunta sobre Vejer: “Cuando Franco se levanta en Julio de 1936, la gente de izquierda y de organizaciones obreras comienzan a llevar a cabo actos conflictivos (arrasaron la iglesia  destruyendo  gran cantidad de obras de arte). Una vez restablecido el orden, el grito de “Viva España” invade el pueblo.  La represión no se hizo esperar, y los muertos se sucedieron hasta llegar al medio  centenar”. 
En el audio Juan Pinto habla del asalto a la iglesia de Vejer, de las consecuencias que ello tuvo, de los camiones y de los curas, a preguntas de Mintz.
J.M.- ¿Y muchos de Vejer?

Juan Pinto.- Muchos, esos no los conozco yo. YO no sé la cantidad.
J.M.- ¿Por qué más en Vejer que aquí?
Juan Pinto.- Porque aquí como habían pasado los sucesos del 33 no se movió nadie. Estaban todos aplastados. Los guardias civiles se hartaron de pegarle paros. Ellos se convencieron. Y cuando saltó la guerra no se movió nadie, porque como estaban escarmentados, asustaditos perdidos. En Vejer se hicieron amos del pueblo y aquí no se movió nadie. Pero allí cuando entraron los moros hicieron una carnicería. Yo estaba trabajando en una agraria y pasaban los camiones llenos de gente.
J.M.- ¿Y dónde los mataban?
Juan Pinto.- En la carretera, hacia Jerez. En cualquier carretera de esas
J.M.- ¿Con un cura?
Juan Pinto.- Los confesaban antes de salir del pueblo



Sobre la represión en Alcalá de los Gazules Juan Carlos Perales Pizarro lleva muchos años estudiándola. Estamos a la espera de la publicación de sus estudios. Dice el informe de fosas sobre Alcalá: No se han localizado fosas en el municipio de Alcalá de los Gazules , aunque las víctimas de la represión oriundas del pueblo oscilan entre 50/60. Los fusilados de Alcalá de los Gazules fueron ejecutados y enterrados en otras localidades cercanas, principalmente Benalup-Casas Viejas". 



Por su parte Juan Pinto le cuenta a Mintz sobre la represión en Alcalá:
Juan Pinto.- Aquí vinieron muchos falangistas. Mataron unos pocos ahí abajo, tres o cuatro. Estaba un falangista conmigo, a las doce de la noche. En la tienda de Pérez, que la tenía uno que le decían Polvarea. Y las tiendas hacían todas las noches un servicio para los falangistas, para que pudieran venir a tomar una copa. Me dijo a mí el amo que me quedara, que estaba de guarda, que estaba aburrido y que quería compaña. El falangista esperaba unos cuantos de Alcalá y me dijo que me fuera con él. Me dijo que estaba esperando a unos cuantos de Alcalá y a su hermano. A un hermano suyo también lo iban a matar. El hermano había tenido  una cuestión con uno de los jefes de los falangistas. El jefe se dio cuenta y dijo que esa muerte se la iban a echar a él. Y con las mismas cogió un coche y los alcanzó en mitad de la carretera y se llevó el hermano para Alcalá. Cuando vinieron aquí a los demás los mataron.  Era un chiquillo y ya ha muerto. El llegó a matar mucha gente. El que mata también sufre, porque le queda algo en el estómago que no lo puedo echar para fuera.
Hubo tres o cuatro muertos y un chorro sangre. Uno estaba medio herido. Entonces lo acabaron de matar. Y entonces uno le registró los bolsillos y le encontró galletas. Y le dijo  anda come ahora galletas. Eso le dijo el falangista a los muertos.
Según las investigaciones de Juan Carlos Perales los nombres de los cuatro alcalaínos asesinados en Casas Viejas fueron: Andrés Jobacho Benítez, Domingo Ortega de la Corte, Francisco Pizarro Torres y Miguel Arias Gómez.
En la fotografía Ángel Ruiz Enciso con sus alumnos


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