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La montanera


Una de las actividades económicas más importantes del bosque humanizado de los Alcornocales era  la cría de cerdo en montanera. La explotación extensiva del cerdo en régimen de libertad en el campo constituía un sistema tradicional de aprovechamiento en esta zona, ya que el cerdo ibérico tenía una gran adaptabilidad a las duras condiciones del monte.  La montanera consistía en que los cochinos buscaban las bellotas de los alcornoques para su alimentación. Desde mediados de octubre, hasta finales de marzo, se engordaban unos cochinos que quedaban a manos del porquero. Las fincas se dividían en partes mediante medios muros de piedras, (cuya huella persiste en la actualidad). Los cerdos de la época eran los ibéricos autóctonos, de los que quedan pocos por el término.

Había jornaleros que se encargaban de varear los alcornoques. En unos tres meses cada animal duplicaba su peso, pasando de los 90Kg a los 180 Kg, lo que supone un engorde de 1Kg diario, para lo que consume unos 10Kg diarios de bellota, lo que a su vez implica la necesidad de una extensión de unas tres hectáreas de dehesa por animal. En cifras más comprensibles, una piara que puede estar compuesta de 200 cabezas, necesita una finca de 600 hectáreas exclusivamente dedicada a ellos.  



Había tres tipos de bellotas. El alcornoque tiene tres cosechas u oleadas de caída de bellotas: entre septiembre y octubre caen las brevas, primerizas o migueleñas (por San Miguel que es el 29 de septiembre); entre octubre y noviembre les toca a las segunderas, medianas o martinencas (San Martín es el 3 de noviembre); y por último caen entre diciembre y febrero las bellotas palomeras o tardías.  



La explotación del cerdo, generalmente no era una actividad económica profesional.  Es decir el tamaño medio de las piaras era pequeño, dado que normalmente su producción estaba destinada a autoconsumo, y sólo en las fincas grandes de la campiña y el pie de la sierra, con buenas dehesas, había rebaños grandes con personal especializado, los porqueros. Por ejemplo, los Vela tenían una explotación de cerdos en lo que hoy es la isla del pantano de la Arenosa. Para el cuidado de estos cerdos también se utilizaban a niños, normalmente trabajaban solo por la comida y eran el primer trabajo que hacían. Es decir, cuidar estos cerdos era su bautismo en el mundo laboral. 



Los animales nacidos en verano normalmente se mataban al final del año siguiente, con unos 18 meses, tras cebarse en montanera, con la bellota. Mientras que los nacidos en invierno se mataban con más edad, con unos 24 meses, dado que al acabar su primera montanera no tenían peso suficiente. Todos los cerdos, machos y hembras, se capaban o castraban para facilitar su engorde.



La montanera o cría del cerdo desapareció a mediados de los cincuenta cuando  llega a la zona lo que, sin lugar a dudas, constituye la definitiva desaparición del cochino y del aprovechamiento de la montanera: la peste porcina africana. Muchos de los ejemplares mueren pasadas escasas semanas, una vez contraída la enfermedad, sin embargo, aquellos que la superan, mantienen los elementos patógenos de por vida, pudiéndolo trasmitir. Esto supone que a pesar de que se producen sacrificios masivos, los ejemplares montunos existentes en la sierra, mantienen el foco de infección. En la década de los sesenta se produce la caída en picado de este tipo de aprovechamiento, no volviéndose a recuperar. Pero estos cochinos que resistieron la peste porcina se multiplicaron por la sierra y acabaron con el jabalí puro. Todavía la Junta de Andalucía tiene retenes de trabajadores intentando poner trampas venenosas para acabar con estos cerdos que se mezclaron con los jabalíes y que han hecho desaparecer a estos. Sin embargo, el mercado que se está abriendo hoy día para los productos de calidad derivados del cerdo ibérico está llevando a introducir en algunas fincas un ganado de alta calidad, en régimen extensivo.
Las fotos y el fragmento de vídeo de Mintz.

2 comentarios:

Jose Luis Montes de Oca Bancalero dijo...

Feliz 2014
Extraordinario tu estudio del cerdo en Casas Viejas. Yo estaba preparando una entrada de un porquero -Pedro Cortabarra, esposo de Ascención-- que me contaba historias de cuando estuvo realizando estas funciones en Los Aguijones, finca propiedad de de los Mora-Figueroa-Domecq.
Un cierto día se le aparece el dueño de la finca sobre un Jeep,provisto de antena y equipo telefónico, short y camisola de explorador.Alta y enjuto, como era, le llama en la distancia, y Pedro le pregunta: ¿Y Usté quien éz?
¡Yo soy el señor!
¡No puéze! porque mi madre me dice que señó sólo hay uno y está en el zielo. Y con las mismas despareció dejando a D. José R Mora Figueroa des Alimes sentado en su Jeep, absorto y pensativo, sin haber podido conocer al pequeño porquero que cuidaba de su piara

Salustiano Gutiérrez Baena dijo...

Que bueno y que cierta es la frase de que los toros se ven estupendamente desde la barrera. Mucho mejor que desde dentro.