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El asalto al casarón de Seisdedos.

En este audio de 24 de abril de 1966 Juan Pinto le cuenta a Mintz el asalto al casarón de Seisdedos. Con este y otros testimonio Mintz consigue establecer la verdad de los hechos y desterrar algunos mitos falsos bastantes arraigados. Está plenamente asumido que fue totalmente falso todo lo relacionado con el liderazgo de Seisdedos en torno a los Sucesos. Ahora, al contrario que un primer momento, nadie sostiene que  hubo un enfrentamiento armado de igual a igual entre los que estaban dentro del casarón y las fuerzas del orden, que los primeros eran anarquistas que se habían refugiado allí para hacer frente a los guardias civiles y de asalto.




El enfrentamiento fue desigual y desproporcionado. La segunda cuestión a rebatir es que los que estaban dentro de la choza pertenecían al grupo de anarquista que habían atacado el cuartel, que se refugiaron en esa vivienda y que se habían parapetado para resistir y recibir a las fuerzas de orden público. El análisis de las nueve personas que murieron en esta primera fase de los sucesos constituida por el asalto al casaron de Seisdedos nos aclarará el asunto. Quijada e Ignacio Martín Díaz, el guardia de asalto los dejaremos para el final del post. Los siete restantes tampoco forman parte de un grupo de resistencia. El viejo Seisdedos se encontraba en su casa ajeno a todo lo que había pasado cuando llegaron las fuerzas de seguridad para llevarse a sus dos hijos por la participación en los hechos de la mañana. Sus dos hijos sí habían participado, los único dos junto a Jerónimo Silva de los nueve muertos en el casarón,  en los hechos y una vez que había llegado la Guardía Civil de Medina comandada por el Sargento Anarte se marcharon a casa. Allí también estaban porque vivían en casa del viejo carbonero Josefa Franco Moya y sus dos hijos Francisco y Manuel García Moya. Josefa había casado con Manuel García Jiménez un hijastro de Seisdedos, al ser hijo de su compañera Catalina Jímenez Esquivel. Ambos habían muerto (Francisco y Catalina), pero su mujer y sus dos hijos continuaron viviendo en la casa de Curro Cruz. María Silva era la nieta de Seisdedos, vivía enfrente y frecuentaba mucho el casarón de su abuelo. Manuela Lago, según testimonio de su hermana, había ido a ver a su amiga María y cambiarle una novela. Por último, Jerónimo Silva era yerno de Seisdedos y según testimonio de su hija le había dicho a su mujer “Sebastiana, mientra tú haces la comída, voy a ver a tu padre”. Los tres vivían a escasos cincuenta metros del casarón de seisdedos y sólo María volvería a casa. Por tanto, no se trataba de ningún grupo previamente organizado para la resistencia, sino que razones familiares y de amistad, además del azar hizo que estuvieran allí reunidos en ese momento. Nos restan otras dos personas que murieron. Manuel Quijada llegó cuando ya había empezado el asedio, siendo un protagonista importante, ya que parece ser que sometido a coacciones físicas, fue quien dio el nombre de los dos hijos de Seisdedos, Francisco y Pedro. Cuando entró en la vivienda para convencerlos de que salieran produjo el efecto contrario al observar estos la paliza que había sufrido por los guardias de asalto. Y el guardia de asalto Ignacio Martín Díaz murió según Mintz cuando pretendió entrar para detener a los dos hijos; Pedro y Francisco de Seisdedos, que sí habían participado en el asalto al cuartel. Vemos por tanto como gracias a las fuentes orales Mintz consigue establecer la verdad de los acontecimientos y desterrar los mitos y falsedades que se habían vertido sobre ellos. 



Pero además estos estudios han sido la base sobre otros posteriores. Así Tano Ramos utilizando como base primordial la fuente escrita del sumario, que había desaparecido y él consigue localizar, matiza algunos aspectos concretos. Según él concluye de las declaraciones al Juez Ramos, Artal no manda a Quijada a parlamentar con la familia de Seisdedos, si no que es este quien se escapa y al seguirlo dos guardias de asalto (Díaz y Fidel Madras) el primero cae muerto y el segundo herido. A Mintz lo engaña las declaraciones del teniente Artal que no quiere confesar que se le ha escapado y por eso dice que él lo ha mandado expresamente. Dice así Tano Ramos en su libro: “Todo tuvo que ocurrir muy rápido. Tanto, que no hubo manera ni de rectificar sobre la marcha. Hay un testimonio que avala el de Manuel García y que muestra que en realidad Manuel Quijada no fue enviado como emisario sino que ésa fue una historia con la que Artal ocultó que se le había escapado un detenido y que había cometido un error fatal: enviar a dos guardias tras él que entraron en la choza de Seisdedos confiados y que fueron recibidos con disparos…Así empezó a torcerse todo en Casas Viejas. De ese modo los de dentro se vieron empujados a resistir. Estaban convencidos de que aunque se entregasen, los iban a matar allí mismo en represalia por la muerte de los guardias de asalto”



Transcribo el audio de Mintz: 
J.M.- ¿Seisdedos era jefe?
Juan Pinto.- Seisdedos no era el jefe. Un hombre que no hacía más que trabajar en el campo. Tenía un hijo apretado de cabeza. Y la niña era la que más sabía y le dio por meterse en esos jaleos y leer esos folletos y le dio por ponerse una bandera comunista. Y salió al paseo con esa banderita. Y la ficharon y ya tenía los puntos puestos. Y coincidió también que cuando vinieron a tomar esto se metieron en los Seisdedos y se metieron allí dos o tres muchachas, cuando iba la guardia civil. Y ya se apegaron a los Seisdedos y toda la noche pim pam y mataron a unos pocos de guardias. Y le echaron toda la responsabilidad a Seisdedos. Y Seisdedos, la mujer y los hijos y todos esos murieron dentro
J.M.- ¿Por qué otra familia entró en la choza de Seisdedos?
Juan Pinto.- Porque les pilló allí y no podían salir, porque la guardia civil cogía toda la calle. Y de allí no se terminaba a salir. Y ya comenzaron a castigarlos. Y cuando un guardia que estaba aquí, llegó hasta la puerta de Seisdedos y le dijo Perico sal que no te pasa nada. Y el guardia tenía mucha maldad. Y le dice mi teniente no hay nadie, él lo vio el guarda, pero no se terminó entrar para adentro, porque si entra le da un tiro y le dijo que no había nadie, pero le guiña al teniente que estaban allí. De enseguida se tiraron de cabeza dos o tres guardias de asalto. Y al entrar uno por la puerta le pegó un tiro y se quedó allí.
J.M.- ¿Cómo sabe usted eso?
Juan Pinto.- Porque así pasó, cuando llegó el guardia a la puerta vio que estaba allí Perico, sin hueso y vio la escopeta. Y él para quitarse de responsabilidades no entró para adentro, le dijo mi teniente no hay nadie pero le guiñó, pero cuando entraron los guardias de asalto a la puerta y no hizo más que meterse en los escalones y le pegó un tiro para adentro.
J.M.- Se dice ¿qué había otro guardia en la choza de Seisdedos?
Juan Pinto.- Ellos tenían allí uno medio muerto, un paisano de aquí. Con las porras y las puntas. Lo tiraron por lo alto de la tapia y allí se metió para adentro. Para la casa de Seisdedos y allí lo recogieron y allí murió quemado. Porque le vimos las señales a los dos días, se vio el reloj de él que se conocía y la mancha en el suelo de haber muerto allí
J.M.-¿ Y en el mismo día murieron los otros doce?
Juan Pinto.- Aquella misma mañana 
La foto es de Sánchez del Pando

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