"Consumir menos, consumir mejor" y la sociedad tradicional benalupense. Las relaciones entre padres e hijos.

En la sociedad tradicional la educación de los hijos estaba sometida a unas circunstancias totalmente distintas a la actual, por eso era diametralmente opuesta. Los hijos abandonaban muy pronto la escuela y la mayoría se incorporaba al mercado de trabajo muy pronto. Sobre la educación de los hijos dice Toni Lodeiro: "Un ejemplo vale más que mil palabras. Vale de poco decir que el tabaco hace daño, o que hay que comer saludablemente y ser solidarias si el ejemplo no acompaña. Lo que tú vivas y hagas será la mayor herencia que dejarás. Para educar en unos valores tenemos que educarnos nosotras para vivirlos.

• Límites materiales sí, pero no de amor. Es positivo que aprendan a consumir moderadamente, a conseguir cosas con su propio esfuerzo, a posponer la satisfacción de los deseos, a superar la frustración de lo inalcanzable... No caigamos en la trampa de sentirnos culpables por no darles a nuestras hijas lo que la publicidad hace ver como normal. A cambio, no les privemos ni de una pizca de la compañía, cariño, atención, comprensión, valoración de sus progresos... que podamos darles. Y evitemos desprecios, ridiculización, avergonzarlas...


• No críes inútiles. A mi abuela el trabajo no le dejaba tiempo para jugar ni aprender otras cosas y, a las de mi generación las horas de escuela y deberes y nuestras mamás nos llevaron al extremo contrario (a las chicas en menor medida) y no dejándonos fregar un plato ni poner una lavadora. Ni tanto ni tan calvo. Acostúmbrales (a ellos y ellas por igual) a compartir las labores del hogar. No hagas por ellos lo que puedan hacer por sí mismos. Desde muy pequeñas pueden poner la mesa, ayudar a barrer...
• Necesitan nuestro tiempo. Las pequeñas y jóvenes necesitan estar con gente de su edad y solas, pero también que compartamos tiempo con ellas, compartir nuestras
actividades e intereses y que compartamos los suyos. No sustituyas esa labor comprándoles cosas, y no delegues demasiado su crianza en otras (escuela y guardería, actividades extraescolares y de tiempo libre, cuidadoras, televisión, ordenador, juguetes comprados...). Los espacios cerrados, programados y actividades sedentarias (las pantallas sobre todo) ganan terreno. Saquemos a las peques a la calle a estar con más niñas, tomar el sol y mover el culo del asiento"


 


Hasta que llegó la modernidad, los niños siempre han sido considerados desde muy pronto como pequeños adultos. En la sociedad tradicional de Casas Viejas las condiciones de vida eran muy difíciles. En ese contexto, la niñez sufría especialmente las consecuencias de este tipo de organización. El ejemplo más evidente de ello era la temprana incorporación al mundo laboral, con lo que también suponía el abandono prematuro de la escolarización. Los niños trabajaban en el campo, las niñas, aunque muchas lo hicieron en el algodón, en el servicio doméstico mayoritariamente. La unidad familiar no lo era exclusivamente de consumo para los niños y niñas, como en la actualidad, sino que también lo era de producción. Es una de las causas que explica las altas tasas de natalidad de esa etapa. Además eran frecuentes las tareas auxiliares en las que participaban los niños como traer agua o pan a la casa, buscar caracoles o poner trampas. 




Los niños y las niñas forzados por las circunstancias conseguían antes la madurez y la autonomía necesaria para afrontar en solitario la vida cotidiana. Por tanto, una de las grandes diferencias entre la infancia de los niños en la sociedad tradicional y la actual, es que en la primera abandonaban la niñez, así como el hogar familiar, tanto los hombres como las mujeres, muy pronto, mientras que en la actual se ha prolongado la dependencia hacia la familia que se ha convertido en una duradera unidad de consumo. Los hijos respaldados en su consumo por el padre y la madre tardan mucho más en abandonar la unidad familiar. La verdad es que la crisis actual con las altas cotas de paro no ayuda a los jóvenes a independizarse, cosa que en la sociedad tradicional se producía a edades más tempranas que las actuales. Por otra parte, es evidente el peligro de que el consumo, las cosas, la compra de objetos pueda sustituir el deseable contacto personal entre padres e hijos.
Las tres fotos son de Mintz

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