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Sobre la educación de los hijos. Por J. F. Martínez Guerra

Efectivamente nuestro padre se ocupó de la educación de sus hijos, algo de lo que se sintió muy orgulloso toda su vida. Los cinco hermanos pasamos de las escuelas a estudiar el bachillerato en casa con un único profesor, nuestro padre, que impartía todas las materias: religión, lengua, latín, francés, filosofía... física, química, matemáticas. “En esta mesa camilla y con el mismo libro para todos” le contaba un día a un periodista con motivo de una entrevista para una revista médica en la salita de casa.

 


Nos examinábamos por libre en el Instituto Columela de Cádiz adonde   acudíamos por Junio junto a otros niños, muy pocos, de Alcalá, Medina y otros pueblos de la zona, pueblos en los que si había profesores, algún sacerdote y algún licenciado, capacitados para la preparación del bachillerato, circunstancias que por entonces no se daban en Benalup.
 


Nuestra hermana mayor, estudió en casa hasta 4º y revalida. En 5º marchó interna a Cádiz dejando “plaza libre” a los siguientes, dos hermanos, chica y chico, que hicimos todo el bachiller, incluso 6º y revalida en casa. Seguidamente, encadenando el final de uno con el comienzo de otro, los dos hijos más pequeños cursaron el bachillerato hasta el cuarto y la revalida.
 


Así que nuestro padre ejerció durante unos 18 años de profesor universal de sus hijos. Las razones para el, aparte de las económicas, eran las de asegurar los estudios de todos los hijos, De ideario krausista quería una buena educación para ellos, chicos o chicas por igual,. No le merecían ninguna confianza los internados de la época, colegios religiosos por entonces con profesores pocos preparados y licenciados, uno en letras y otro en ciencias, que a veces estaban contratados solo para firmar las actas de aprobado, eso pensaba. A más durante los años 50/60, por razones de la escasez, los niños comían mal en aquellos colegios. Tampoco teníamos las posibilidades de los niños de Medina o Alcalá.
 


¿Qué hacer? En cuanto a capacidad y conocimientos, no tenía problemas. Era cuestión de mentalizarse, asumir tal responsabilidad y en todo caso sacrificarse. Y eso hizo.
En la fotografía, en el primer plano la casa de Martínez Becerra, propiedad de la familia Vela y que antes había sido habitada por el médico anterior Federico Ortíz Villaumbrales.

1 comentarios:

Salustiano Gutiérrez Baena dijo...

La fotografía de tu post de hoy es magnífica. Muy antigua. Posiblemente muchos mayorcitos del pueblo no recuerdan Desconozco si es de tu archivo o del de Francisco José. La calle del Dr. R.Bernal, la Fábrica de la Luz, a la derecha subiendo: enfrente .las casas de Ana Barca y de Becerra. Inicio de la antigua calle Medina, a cuya derecha existía una defensa de obras sobre la "tajea" que bajaba --en ésta se ven piedras y un carro estacionado-- donde años más tarde el Rubio y Luisa la Rebusca instalaron "el quiosco".
A la izquierda, la casa de Antonio y Manuel Pérez, donde crecía una enorme plamera, que posteriormente fue la zapatería de los Pérez Ruiz; y contigua a ella una casita pequeña con puerta y dos ventanas, en la que Nicolás Vela, años más tarde instalaría un despachito para llevar los asuntos administrativos de sus finca y Campo y Hogar.
Me desvío. No obedecía este comentario a tan magnífica fotografía.
Quería referirme a la altísima capacidad que tenía don José para forma a su hijos hasta alcanzar el bachillerato sin necesidad de profesores. Solía comentar, en muchas ocasiones, que no los necesitaba. Prueba de ello es que todos superaron las reválidas sin ninguna ayuda docente externa, alcanzando brillantes carreras salvo el último vástago al que sí, alguien de todos conocido, le prestó alguna ayudita. Ya don, José en aquellas fechas, estaba muy cansado.
Oca