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Manuel Cañas Fuentes y la gripe española. Y 7


Hemos visto en los documentos que  me ha enviado Norberto Grandiz, el nieto de Manuel Cañas como la gripe española se propagó con una especial virulencia por un Casas Viejas repleto de chozas y con unas malas condiciones higiénicas y sanitarias. También el infierno que se convirtió aquella población donde murieron cerca de 200 personas. La situación fue tan complicada que el gobernador civil tiene que recurrir a un médico, que aunque le falta muy poco, todavía no tiene el título, para intentar solucionar la grave situación por la que pasaba la población.



En ese contexto se entiende el agradecimiento y las muestras de cariño mostradas por la población hacia Manuel Cañas. Pero como decía en la anterior entrada de la serie en los anarquistas de Casas Viejas Mintz nos da pistas para entender porque no aparece la firma del médico titular Federico Ortiz y engrandecer de paso la actuación del joven médico Manuel Cañas, comprendiendo mejor la causa del enorme agradecimiento que le profesa el pueblo a este joven médico. 



Dice Mintz: "Los médicos, Don Antonio, Don José y Don Federico, eran sensibles a las enfermedades y a la suciedad del pueblo, y su conocimiento de ello les llevaba a guardar distancias con los aldeanos, muchos de los cuales padecían de tuberculosis.  El distanciamiento entre los campesinos y los médicos aumentó en 1918, cuando la epidemia mundial de gripe alcanzó España. La epidemia llegó a España en junio y, para noviembre, había alcanzado proporciones estremecedoras., y los médicos cerraron sus puertas, prohibiendo entrar a nadie y no permitiendo a sus sirvientes que salieran. Una de las víctimas que quedó sin tratar fue el hermano de Pepe Pareja: “En 1918, mi hermano y yo estábamos plantando trigo en un terreno que habíamos alquilado, y él dijo que se sentía enfermo. En esa época había gente que enfermaba de gripe y moría en veinticuatro horas. Así que le dije: Monta en la burra y vuelve al pueblo.” Y regresó. Pero los médicos no visitaban a nadie por miedo a contraer la enfermedad. No andaban por la calle. Estaban encerrados en sus casas. Así que la familia fue a ver a Don Federico a preguntarle que podían hacer por mi hermano, y él les dijo que le inyectaran sanguijuelas, lo que entonces era un método común de curación. Comúnmente inyectaban las sanguijuelas en las piernas y la sangre se ponía en circulación. Pero le pusieron dos sanguijuelas a cada lado del pecho, cerca del cuello, y murió inundado en sangre. Murió por falta de médico”. 



Evidentemente este malestar de la población hacia el médico no quedó registrado en la historia oficial que recogieron el cura y el alcalde pedáneo en el libro que regalaron a Manuel Cañas. Antonio Vela y José Espina no ejercían de médicos (el último presentaría la renuncia definitiva a partir de esta epidemia) pues se dedicaban a sus explotaciones agrarias, por eso sí aparece su firma en el citado libro. 



Esta historia me parece tan rica que creo que sería susceptible de un guión cinematográfico. El puzzle que es la historia se ha completado en este caso con los documentos enviados por Norberto Grandiz, al que quiero agradecer públicamente su colaboración. Pero además, podemos profundizar en los conflictos sociales de aquella infernal época de finales de 1918 en plena gripe española en Casas Viejas gracias a que Mintz utiliza las fuentes orales y la versión de los campesinos y jornaleros para construir su historia. Otro ejemplo más de la importancia de este libro para Casas Viejas y de que la historia, como la política, la escribes o te la escriben.

En la fotografía de arriba Manuel Cañas, la de abajo la certificación académica obtenida poco después de su intervención en Casas Viejas con motivo de la gripe española.

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