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Las fotos de los Sucesos. Los presos

Las dos primeras fotografías son de Campúa. Las dos forman parte de una misma serie. En la primera los guardias civiles Manuel García y Pedro Salvo conducen a Juan Gallardo camino de la cárcel de Medina. La fotografía está realizada al principio de la calle San Juan. Se observa la Alameda y la esquina del bar Ricardo.  La segunda es el espectáculo de la detención del Juan Gallardo, la secuencia anterior.
El guardia civil Manuel García Rodríguez que junto con Salvo fueron los dos que se salvaron del ataque a los cuarteles hace muy concentrado su trabajo, mientras otros guardias civiles miran orgullosos a la cámara. Detrás Julio Romano, el compañero periodista del fotógrafo, esboza una leve sonrisa, consciente de que está asistiendo a un acto histórico (aunque luego cambiaría de tendencia). La tercera fotografía es de Serrano, un guardia civil registra a un campesino, mientras que un guardia de asalto posa orgulloso para la posteridad.




La proclamación del comunismo libertario, el subsiguiente enfrentamiento con la Guardia Civil y la muerte de dos de sus miembros no solo tuvo como consecuencia otros  veintiséis muertos más. En los días posteriores a estos Sucesos en el pueblo se instaló un clima de represión, miedo y temor que resulta difícil de describir. La gran mayoría de los que habían participado en la proclamación del comunismo libertario huyeron a la sierra o se escondieron en la Morita. Poco a poco, fueron entregándose, se extendió el rumor de que fuerzas de la aviación los iba a bombardear.  El clima de miedo en el pueblo lo describe Eduardo de Guzmán contando la escena de una viuda que acudió al juez para pedir permiso para enterrar a su marido. Afectada por los sucesos de los días pasados preguntó también si le ocurriría algo al carpintero si hacía ruido con su trabajo. Cerca de 100 personas ingresaron en la cárcel, solo veintiséis iban a ser procesados posteriormente. No sólo ingresaron aquellos que habían participado en los Sucesos, sino también por estar en posición de armas de fuego, como Diego Ruiz Ruiz, que vivía en Macote, haber presenciado lo que no se tenía que haber visto como Luis Barberán Madueño o Manuel Montiano Cozar o simplemente como escribió el teniente de la Guardia Civil de Medina Manuel Martínez Pedré “contrarios al Régimen e individuos predispuestos siempre a la comisión de delitos sociales”. Fueron muchos de esta lista los que luego entran a formar parte de las comunidades de campesinos como Malcocinado o Torrecillas, los que participaron en la guerra civil en la zona republicana y cuando terminó volvieron a la cárcel perdiendo algunos la vida en ella, o los que durante el postfranquismo sufrieron la represión típica de esa época, algunos incluso con la cárcel, los que tuvieron que emigrar, fundamentalmente a Torrent, pero también a otros sitios. Además abundan los carnavaleros que tuvieron que silenciar sus ideas y cantos. Donde hay unanimidad es el silencio y el tabú que sufrió esta represión concreta, como la general. Básicamente por ser contrarios a un sistema que no los dejaba vivir dignamente y  estar predispuestos a llevar a cabo acciones que les permitiera mejorar sus condiciones de vida, aunque fueran consideradas como delitos sociales. Como dice Anónimo en Los Anarquistas de Casas Viejas de J. Mintz: “Mi generación heredó la miseria del pasado y quisimos cambiarlo. Somos la más martirizada de las generaciones”.
Las dos primeras fotos son de Campúa, la tercera de Serrano

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