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Homenaje popular a José Manuel Martínez Becerra.

El 1 de noviembre de 1981, casi cuatro años después de jubilarse tiene lugar un segundo homenaje popular a Jose Manuel Martínez Becerra. Su hijo José Francisco me ha pasado el discurso que dio en dicho acto, lo he dividido en dos partes. En la de hoy recojo el principio y el final.“Señoras y Señores, amigos todos. Muchas gracias por esas palabras elogiosas que me habéis dirigido más hijas de la amistad que de mis merecimientos. No sé si la emoción que ahora siento me impedirá expresaros con palabras mi agradecimiento por este acto que habéis organizado en mi honor. A todos los que habéis contribuido a él, a todo el pueblo, mi más profundo y sentido agradecimiento.
Estoy muy contento de pasar con vosotros este rato de alegría y amistad mutua y el verme rodeado de mis hijos, cinco vástagos producto de este pueblo. Por esto nos hemos reunido toda o casi toda la familia, cosa insólita ya que por designios o azares de la vida cada uno tiene que estar en su puesto. El venir hoy aquí de los lugares más alejados se compensa con la satisfacciones que todos sentimos. Mañana, dispersos, ya solos, recordaré el cuento que todos conocéis de aquel rey que quería poseer la camisa del hombre feliz, y cuando después de una intensa búsqueda, encontró el único súbdito que al parecer era feliz vio que no tenía camisa. Soy el protagonista de este homenaje y lo soy por haberme jubilado, por estar en lo que los franceses han llamado con éxito la tercera edad, en una palabra por viejo. Por esto, cuando rellenaba estas líneas me acordaba de aquella lección que leía a mis hijos en los estudios de Bachillerato, lección que trataba de las Postrimerías, y me decía a mí mismo, entre serio y burlón, que este acto era para mí una postrimería previa, las verdaderas, muerte, juicio final, etc., no estarán muy lejanas.. No quiero, al hablar de mí, ponderar mi ejecutoria, mi actuación como médico titular. Los hechos están ahí y muchos los habéis vivido conmigo. Otro, en mi lugar lo hubiera hecho igual o mejor si tenía capacidad para aguantar y sentido de la responsabilidad ya que el continuo y largo trabajar, en tensión permanente desquicia los nervios y destroza el organismo y llega a producir enfermedades psicosomáticas de las que uno no echaba cuenta cuando era joven. Aunque las condiciones de trabajo han variado mucho mejorándolas, para mí ya se acabó todo. Otro al relevo. Es la vida ”por un misterio profundo- que vedado al hombre está...” dijo el poeta. Yo he cumplido mi etapa profesional, alcanzando la jubilación que no todos alcanzan y el ciclo biológico de los 72 años que las estadísticas asignan a cada españolito como duración media de la vida y al final me obsequian con este homenaje ¡que más puedo pedir!



Sólo me queda pedir que me perdone aquel que tenga algún resentimiento contra mí, a todos deciros que no me debéis nada; que me considero suficientemente pagado con este homenaje, homenaje que me endulzará los últimos días de mi vida. Y como todo se acabó prácticamente para mí sólo me queda esperar de forma estoica el emprender el último viaje, el definitivo, como titulaba Juan R. Jiménez, el poeta de Moguer de Huelva, en este poema bellísimo con el que termino:
Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando 
Se quedará mi huerto con su verde árbol y su pozo blanco. 
Todas las tardes el cielo será azul y placido
Y tocarán como esta tarde están tocando
Las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron
Y el pueblo se hará nuevo cada año,
Y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado
Errará mi espíritu nostálgico
Y estaré sin hogar, sin árbol verde y sin pozo blanco,
Sin cielo azul y plácido,
Y seguirán los pájaros cantando.”

En las dos fotografías aparece José Manuel Martínez con su esposa Manola Guerra en el homenaje popular el 1 de noviembre de 1981

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