LA TELEVISIóN Y EL PAVO DE “CAMPO Y HOGAR”. Por José Luis Montes de Oca Bancalero

Hace bastantes décadas, cuando comienza a instalarse los primeros televisores en el pueblo, era normal que los comercios que se dedicaban al a venta de electrodomésticos y demás aprovecharan el tirón para hacer publicidad directa de los arcaicos equipos que tenían a la venta –Philips, Telefunken, General Eléctrica, etc. — y colocaban uno de muestra en algún aparador para que se visionara desde la calle.

Campo y Hogar, ferretería y venta de casi de todo, también piensos compuestos, propiedad de Nicolás Vela, había abierto sus puertas en la calle Medina, justo al lado del negocio de las Hermanas Alcántara, en la finca propiedad de los Vela Barca, que comprendía todo el polígono, entre Medina y Doctor R.Bernal, hasta el chorro “La Chica”.



Muchos recordarán que las emisiones de televisión, en una sola cadena de TVE y en blanco y negro, como era natural por aquellos tiempos, comenzaban por la tarde –no había emisiones las 24 horas, como hoy— y acababan a medianoche con la imagen del dictador y la bandera de España, acompasados con el Himno Nacional.



Al bueno de Nicolás se le enciende una lucecita, en la mente, que la impulsa a colocar un aparato, en uno de los aparadores grande que daba a la calle, colocado sobre una mesa, y acompañado de un enorme pavo que picoteaba el pienso “catyd” que había esparcido por el suelo del compartimento.



Como era normal y como, además, sucede con las innovaciones,  no solamente se paraban para mirar los que circulaban por la calle hacia las tabernas y los comercios, sino que, además, muchos y muchas se desplazaban “ex profeso” para intentar ver algún programa que se emitía a través de aquel receptor. La publicidad del comercio y, sobre todo, del pienso estaba altamente garantizada.
La fortuna casi nunca acompañaba. Casi nunca se podía  ver algo. Cuando no era a causa del levante, lo era por la lluvia o por la falta de conectividad y recepción de la antena. Lo cierto es que aquel invento sólo  emitía un “agüilla” de forma continua,  sin que pudiera percibirse imagen alguna. Entraba la frecuencia, de vez en cuando, y aparecía la Carta de Ajuste, lo que obligaba a los transeúntes a permanecer algún tiempo más para ver si podían visionar algún trozo de la emisión, que a Campo y Hogar no llegaba.
Mientras tanto, el pavo, impertérrito a lo que en la calle acontecía, y sabiéndose estrella y objetivo directo de todas las miradas de los “telespectadores” callejeros, picoteaba, con tranquilidad e inusitado apetito, el pienso compuesto, esparcido por el escenario, y dejando en el suelo muestras de la buena digestión que aquel alimento moderno le proporcionaba.



Algo más tarde colocaron un repetidor en el cerro de María Espina, allá cerca del puente del río Barbate, con la finalidad de potenciar la recepción y difusión de las ondas para la gente pudieran acceder a la compra de televisores que los incorporara al tecnificado mundo moderno, pero que los partidos de fútbol se podían visionar a través de la TV. de Marruecos.

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