La Sierra. Vida cotidiana. La arquitectura

Los elementos arquitectónicos  más característicos de la sierra han sido las chozas, los caserones, los hornos, y los cortijos. Las chozas eran unas viviendas que aunque con carácter provisional, muchas veces se convertían en definitiva, pasando grandes temporadas la familia viviendo en ellas. Hasta los años setenta fue la vivienda más habitual de las personas que vivían en la sierra, sobre todo para personas más humildes. Las chozas estuvieron muy relacionadas con el carbón, que como ya hemos dicho anteriormente, fue la actividad más importante hasta los años sesenta.
Los casarones eran viviendas con un carácter más estable y de familias con más poder adquisitivo. El casarón, es la evolución de la choza pero con la diferencia de que las paredes se hacen con piedra y cemento. Solían ser las viviendas de muchas familias que vivían en el campo de pequeñas explotaciones con economía de subsistencia, basada en los huertos, la ganadería intensiva, actividades forestales y depredadoras.
Los hornos, eran construcciones para hacer pan, que estaban al lado de los casarones, o de las chozas. Los hornos eran fundamentales para adquirir el pan que era un alimento básico en la nutrición de las personas que vivieron en la sierra hasta los años setenta. Este horno se convertía así, en otro elemento más de la economía de subsistencia. Además de para las familias estables en la sierra, servía para hacer el pan de los arrieros, corcheros y carboneros. Los molinos harineros, se situaban en las riveras de los ríos, la gente iba a moler su trigo y pagaba en especie, lo que se conocía con el nombre de maquila. En la postguerra se molía mucho trigo de noche para huir del control del estado. El molino del Monasterio del Cuervo fue sede de muchas de estas moliendas. Las aguas de los ríos se conducen a través de acequias hasta un canal de piedra conocido como cao, de ahí llega al cubo, dónde sale por un saetillo, moviendo una rueda llamada rodezno, y de ahí, al río. La fuerza del agua movía las piedras de la molienda. Las chozas, los casarones, los hornos y los molinos desaparecieron con el éxodo rural en los años sesenta, y la llegada de la modernidad. En la actualidad, solo quedan huellas, como si se trataran de restos arqueológicos. Los cortijos son las edificaciones de planta baja que han permanecido en el tiempo, eran propiedad de personas con más riqueza. Tenían muchas habitaciones en torno a un gran patio y los techos eran de teja. Actualmente, como el resto de la sierra, se está adaptando a la actividad cinegética. Instalándole salas de despiece, con sus respectivas cámaras frigoríficas. Otras construcciones que están apareciendo en la actualidad son modernos chalets y lujosas construcciones que están relacionadas con ese proceso de urbanización y de bunkerización relacionado con que el bosque humanizado ha desaparecido y ha sido sustituido por otro donde abundan los usos alógenos y especulativos.
La fotografía de las Gargantillas es de Mintz

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