La Sierra.- La vida cotidiana. La socialización

Las condiciones de aislamiento que impone un hábitat como la sierra hacen que las condiciones de vida sean bastante complicadas, por ello, la socialización, la ayuda de vecinos y familiares es muy importante. Esta socialización atañe a las relaciones familiares, a las relaciones económicas y sociales, e incluso a las actividades festivas. Una de las primeras consecuencias de ese aislamiento y dificultad que da vivir en la sierra, es lo que llaman la endogamia nupcial. En muchas familias eran varios los hijos y las hijas que se casaban entre ellas. Hay constancia de casos en el que cuatro hermanos se casaban con otras cuatro hermanas de otra familia. En economía era imprescindible la ayuda mutua ente familiares y vecinos. Un ejemplo es la figura del tornapeón que sobre todo se utilizaba para arar, para la recolección y para los trabajos de era.
Este tornapeón era imprescindible para hacer mínimamente rentable estas pequeñas explotaciones.  Los ejemplos de ayuda entre familiares los tenemos de diversos tipos y no solo relacionados con actividades estrictamente económicas.   Como dice Agustín Coca en los Camperos: “Los años del hambre se pasaron muchas veces en estos grupos domésticos sin las carestías, ni las penalidades que otros tuvieron gracias a esta colaboración Durante el año, las prácticas que reforzaban los lazos entre vecinos y familiares, se concretaban en distintos acciones –prestamos de caballerías, donación de presentes tras las matanzas, etc.- y rituales festivos que se organizaban tras las recolecciones”



Solían ir a fiestas serranas que se celebraban una vez al año, donde las muchachas conocían a los pretendientes, y éstos más tarde iban a darles una serenata al cortijo donde vivían. En este contexto hay que destacar las cruces de mayo y el chacarrá, la primera fue el antecedente de la romería actual y el chacarrá es un cante y un baile típico de esta sierra que constituye el elemento folklórico más importante del pueblo. El Chacarrá no es un baile, ni un cante, es una fiesta. El Chacarrá como fiesta es una fuente inagotable de literatura oral y de costumbres antropológicas. Se celebraba en el parque de los Alcornocales desde Tarifa hasta Benalup, pasando por los Barrios, Bolonia, Cachorreras o el Retín. En nuestro término municipal tuvo especial incidencia en los pagos de las Algamitas, Zapatero, Albaida, la Hoya, Las Gargantillas, Cañada del Valle...
Las fiestas poseían un carácter excepcional y servían para realizar un acto de convivencia informal y festivo. Tenían como fin primordial la convivencia y la comunicación de gentes aisladas en sus cotidianas labores agrícolas. Se trataba de un acto de socialización necesario en un contexto de ruralización y aislamiento. El fandangazo era la mejor oportunidad para relacionarse socialmente: se acudía a él para buscar pareja o tratar de resolver una disputa amorosa, para estar con los amigos y, en definitiva, como única oportunidad de expansión en la dura cotidianidad del trabajo en el campo. Dice Leonardo Ruiz Estudillo en un artículo publicado en Diario de Cádiz: “Por la tarde, bajaban a las casas de los anfitriones las familias enteras con la yegua o el burro cargados de rosquetes y confituras caseras. Llegada la noche, comenzaba el baile y el cante que se prolongaba hasta el alba. Allí se juntaban el chistoso con el poeta y todos con el vino en un espectáculo con todas las de la ley. Y si por mano del vino, había pelea, el domingo siguiente tenían que hacer las paces. Dependiendo del tiempo, la fiesta se celebraba en una choza, sombrajo o debajo de una parra”. Como ocasión especial las mujeres lucían sus galas más preciadas, los hombres sus chalecos con cadenas colgantes de relojes, ancho sombrero, bota alta campera… La gente llegaba sobre las ocho de la tarde y la fiesta duraba hasta que volvía la luz del día para hacer el camino de vuelta por las veredas". Precisamente el 13 de noviembre Leonardo Estudillo coordinó un curso de Chacarrá en el Teatro 20 de marzo. El curso duró desde las 4 de la tarde hasta las 8. Asistieron 21 personas, 8 de las cuales iban para enseñar y el resto para aprender y familiarizarse con los instrumentos. El desarrollo fue excelente tanto por la implicación de los asistentes como por la de los "docentes". Este tipo de iniciativas son imprescindibles para que no tengamos que valorar en su justa medida el inmenso patrimonio cultural que atesoramos cuando ya haya desaparecido.

En la fotografía Francisco Segovia y Amelia Espiau con varias personas que vivían en las Gargantillas. Si alguien sabe quienes son se agradece la colaboración.... La segunda fotografía es de la página web del Ayuntamiento de Benalup-Casas Viejas

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