"Consumir menos, consumir mejor" y la sociedad tradicional benalupense. La limpieza

Ni es verdad que antes había más limpieza e higiene que ahora, ni que en cuestión higiénica en la actualidad seamos modélicos. La cuestión como siempre que comparamos la sociedad tradicional con la actual es compleja y llena de matices. Dice Toni Lodeiro sobre este tema: 
"Sobre la limpieza, lo mejor es tener claro que lo óptimo es buscar el equilibrio: ni demasiada ni demasiado poca. Medidas como la potabilización de aguas o la recogida de basuras y excrementos han mejorado la salud pública, sin embargo, el nivel de higiene habitual en la actualidad no se justifica por causas de salud. Responde a motivos culturales y parece que, además de dañar el medio ambiente, está haciendo aumentar los casos de alergias y enfermedades autoinmunes 

Además, estética e higiene se confunden a menudo. Y la presión social pesa y “nos obliga” a consumir. 



El frotar se va a acabar. Esto es lo que nos dice desde hace años un famoso anuncio de la tele. El progreso nos ofrece una felicidad pija basada en el despilfarro energético –agua muy caliente, electrodomésticos– y en productos contaminantes –detergentes sintéticos–. Con agua fría y jabón ecológico hay que frotar más. Pero un poco más de trabajo no es un castigo si a cambio tenemos la satisfacción que dan las cosas bien hechas".



En la sociedad tradicional el ámbito público era para el hombre, para la mujer estaba reservado en el ámbito privado. Entre las tareas domésticas de las mujeres cabe citar las tareas relacionadas con la higiene (lavar, planchar, barrer, fregar, calentar el agua para el baño semanal…) No había de nada de mucho, pero lo poco que había se administraba de tal forma que fuera equitativo y bello. Con la arena del cañuelo las mujeres fregaban las sillas y mesas de maderas para que estuvieran amarillas. Antes de llegar el verano se encalaba, las paredes de blanco, ¡muy blancas! Le acompañaban la parra, las macetas con tiestos reciclados y la limpieza. Mucha limpieza. El suelo era de tierra y las mujeres lo regaban para que no se levantara polvo. Ellas se encargaban de que las chozas y las casas estuvieran siempre muy limpias. En las fotos de Mintz siempre está presente lo que le llamaba la atención la  combinación en las casas y las chozas de falta de lujo, de belleza, mujeres, limpieza, flores, parra, ladrillos, castañuela... 



Hay varias leyes en la casa de cumplimiento inexcusable: No se tira nada y “la ley del pobre; reventar antes que sobre”. Fundamentos que se entienden dentro de la economía de “guerra” que dominaba esta sociedad preindustrial. Las mujeres se hicieron así verdaderas expertas en el arte del reciclaje y del ahorro. Pero que no hubiera consumismo en torno a la limpieza no quiere decir que no existiera esta, todo lo contrario. La higiene y la limpieza siempre han sido consideradas una cuestión de dignidad y en ese campo las mujeres se empleaban a fondo. Un ejemplo paradigmático era la confección del jabón.  En esta página web del IES Casas Viejas hay esta receta para hacer jabón casero: 
"Se toma un kilo de sosa cáustica y se disuelve en 6 litros de agua, dentro de un  recipiente que no sea de estaño ni de aluminio.
1. Cuando ha terminado de deshacerse se va incorporando poco a poco los 6 litros de aceite, previamente colados, sin dejar de dar vueltas con un palo.
2. A medida que va pasando el tiempo, y sin dejar de remover siempre en la misma dirección, se irá solidificando, hasta alcanzar un punto semejante a la mayonesa casera. Sabremos que el jabón ya está listo cuando saquemos el palo limpiamente, sin que queden restos de la pasta adheridos a él. Este proceso puede acelerarse si colocamos el recipiente al fuego.
3. Volcaremos entonces el jabón en un recipiente y lo dejaremos endurecer uno o dos días. Pasado este tiempo cortaremos el jabón en cubos del tamaño que deseemos y lo dejaremos orearse algunas horas más.
Sobre esta regla básica hay variantes como por ejemplo añadir un puñado de sal o harina o unas gotas de añil para darle color azulado.
Receta recogida por Eloisa Pérez y Norberto Morillas"



Dice Toni Lodeiro sobre el jabón
"Ayuda a limpiar porque ablanda el agua (es tensioactivo),  lo que le permite penetrar mejor en la superficie a limpiar. Y porque hace que grasas y suciedad se disuelvan en el agua, siendo arrastradas por ésta. Los jabones caseros, tradicionales y ecológicos suelen hacer menos espuma. Conseguir mucha requiere ingredientes lejanos –aceite de coco–, superfluos –glicerina–, o sintéticos.
El jabón “natural” es el resultado de la reacción química que une una grasa (animal o vegetal), agua y un poquito de un elemento cáustico (sosa o potasa –lejía–). Complementos como hierbas, aceites o esencias pueden aportar buen olor y/o algunas propiedades. 
La fábrica en casa
• Jabón casero: no es difícil hacer jabón de trozo en casa, hasta hace no mucho era lo más normal. Es probable que tu madre o abuela sepan cómo hacerlo"
Me cuenta mi amigo Leo sobre el jabón que les llevaba los recoveros a la gargantilla:  "El jabón verde para lavar la ropa y también para lavar los piés (y el culo poque decían que era bueno para las almorranas). El jabón pestoso de color rojo que era el que usábamos cuando nos bañábamos y uno de glicerina que era casi transparente con trocitos en su interior de varios colores que era el que más nos gustaba a mi y mis hermanos porque hacía mucha espuma".
Las tres fotos son de Mintz

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