Los que ya nos consideramos mayores. Por José Luis Montes de Oca Bancalero


Los que ya nos consideramos mayores, o quizás, muy mayores, siempre quedamos sorprendidos y perplejos ante los grandes y pujantes conocimientos de nuestros descendientes, sobre todo en tecnología informática que ni conocemos ni, mucho menos dominamos, y que cada día nos arrincona más  y nos azora ante los grandes logros de nuestras bien formadas generaciones.
A la sazón y a lo que a nuestro pueblo compete, basta recordar simplemente a nuestros primeros maestros, allá por los años cincuenta –Don Manuel Sánchez, Don Francisco Muñoz, Don Juan; La señorita Mercedes, Doña Esperanza, Don Eugenio, Angelín, porque era de aquí,  y tantos otros, que se esforzaron, pese a las condiciones de  una localidad, que arrastraba el estigma de los sucesos y las condiciones represivas que también afectaron a todo el país.

Sería, pues conveniente –estimo yo— que desempolváramos nuestras memorias y, retirando las telarañas de los miedos, fobias y secuelas de que, irremediablemente, fuimos objeto, podamos contar las vivencias, las anécdotas, las vicisitudes, los buenos y los malos momentos que nos tocaron vivir –en nuestra niñez, adolescencia, juventud …--, con la finalidad de que estas nuevas generaciones, que nos usurparán, de aquí a pocos lustros, nuestra senectud, conozcan y puedan transmitir, a su vez, quiénes fueron y cómo lo pasaron los que vivieron los difíciles años cuarenta, cincuenta o sesenta.



Soy conocedor de la dedicación y de la profesionalidad de los cuadros de maestros de primarias y de profesores de Instituto, como antaño también las tenían. La diferencia está en los medios. Antiguamente íbamos a la escuela con un bolso de tela confeccionado por nuestras mamás, que únicamente albergaba una pizarra, un pizarrín cilíndrico y un  trozo de trapo que nos ayudaba a borrar los dictados o las operaciones matemáticas o aritméticas. Posteriormente llegaron los cuadernos para los que se utilizaban los tinteros que iban incorporados en medio de los pupitres. Y así hasta llegar a estos artilugios tan maravillosos que acompañan a nuestros descendientes diariamente y que saben dominar como por arte de magia.



Intentaré recordar, escribir y publicar, hechos, anécdotas, comentarios o incluso algún fotograma que conservo en clichés, por mediación de algún experto en la materia, porque, como ya he apuntado anteriormente, los que nos vamos haciendo mayores tenemos que rebobinar la memoria y plasmar nuestros conocimientos y nuestros recuerdos, en los soportes que podamos o sepamos hacer, con la finalidad de que perduren en los anales de nuestro pueblo. 

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