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Las fotos de los Sucesos. El casarón de Seisdedos


La primera versión de los Sucesos que se difundió presentaba a los muertos como fruto de un combate entre revolucionarios y fuerzas del orden público. Dice el ABC el 13 de enero de 1933 en titulares: “Los sublevados de Casas Viejas se hacen fuertes en una finca y la fuerza pública tiene que destruir la vivienda con bombas de mano. Perecen cuantos se encontraban dentro de la casa”. Más tarde se demostraría la falsedad de esa versión.

Muchas fueron las pruebas que se descubrieron, tanto para la razzia de las siete de la mañana, como para la del incendio del casarón a las cuatro de la madrugada. Centrémonos en este segundo caso. En primer lugar, el enfrentamiento fue desigual y desproporcionado. Por la parte de las fuerzas del orden granadas, una ametralladora, armas de todo tipo y unos 140 guardias (los 90 capitaneados por Rojas se unieron a los 50 que había antes de que él llegara) preparados para sitiar una choza con tan solo nueve ocupantes. En el interior las nueve personas contaban con dos fusiles como armas para la defensa. 



Analicemos los miembros que se encontraban en el casaron y comprobaremos la falsedad de la noticia del ABC de 14-1-1933: “Sofocado el “eje” principal del movimiento, la casa-fortaleza donde los revolucionarios hicieron tenacísima resistencia…” El joven Manuel García Franco estaba en la puerta del casarón cuando vio llegar a las fuerzas del orden con Quijada. Este fue el que avisó al resto de la familia. Dentro estaba su hermano Francisco y su madre Josefa Franco Moya. Ella había casado con un hijastro de Seisdedos (hijo de su compañera Catalina Jiménez Esquivel) y al morir este continuaron viviendo en la casa familiar. Ninguno de los tres había tenido ninguna participación en los sucesos de la mañana. Lo mismo que Francisco Cruz Gutiérrez, Seisdedos, un viejo carbonero, ajeno a las veleidades políticas de sus dos hijos que sí habían participado en el asalto a los cuarteles. A por Pedro y Francisco Gutiérrez Jiménez se dirigían el Teniente Artal y sus hombres. Dentro del casarón se encontraba otro hombre de afiliación anarquista y que también había participado en el tiroteo de la mañana; Jerónimo Silva,  era yerno de Seisdedos y según testimonio de su hija Sebastiana  le había dicho a su mujer “Sebastiana, mientra tú haces la comida, voy a ver a tu padre”. Y por último nos queda analizar la presencia de otras dos personas que también estaban en la vivienda cuando llegaron los de Asalto y Guardia Civil. María Silva y  Manuela Lago. María era la nieta de Seisdedos, vivía enfrente y frecuentaba mucho el casarón de su abuelo. Manuela, según testimonio de su hermana, había ido a ver a su amiga María y cambiarle una novela. Resumamos de los nueve que estaban en el casaron, seis vivían habitualmente allí y otros tres lo hacían en las chozas próximas, a escasos cincuenta metros, la condición de parentesco y amistad hicieron que se encontraran en el casaron cuando llegaron los de asalto, no hubo ningún propósito de sedición. De los nueve, siete perderán la vida y dos la salvaran; María Silva y Manuel García. 



Las fotos que presentamos han tenido menos difusión que las de Serrano, Sánchez del Pando o Campúa, al tratarse de víctimas su procedencia es distinta. La primera es de Jerónimo Silva, un retrato familiar de cuando hizo el servicio militar. La foto fue dada por su hija Sebastiana Silva a un grupo de estudiantes (en el que se encontraba mi hija) que realizaba un trabajo sobre los Sucesos. En la segunda aparecen de izquierda a derecha Francisca Ortega, Ana Cabeza y Manuela Lago. La foto fue arrebatada de la choza de la última cuando algunos periodista entraron en ella. Las tres pertenecían a las juventudes anarquistas y habían creado en 1932 junto a Catalina, María Silva y varias jóvenes más el grupo Amor y armonía. En la tercera foto aparece María Silva que salió ilesa de los Sucesos y que va a ser asesinada tres años más tarde en Paterna por las fuerzas de los autodenominados Nacionales. Y la última foto es de Antonio Ramos Espejo, se trata de Manuel García Franco cuando lo encontró dentro de sus pesquisas para el libro “Después de los Sucesos de Casas Viejas”





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