La Sierra. Las actividades económicas. Las prácticas depredadoras

La economía depredadora ha sido básica en la sierra, desde el Paleolítico hasta la actualidad. Se entiende por economía depredadora aquella que produce pero no consume. En la zona presenta dos modalidades: la caza y la recolección de frutos. Metemos en este apartado aquella caza que no es oficial, que no pertenece a un coto y que no se hace por deporte. Los percheros eran los que se dedicaban a poner trampas o perchas. Muchos lo hacían en los sembrados con el permiso del dueño y así ambos salían beneficiados pues capturaban a pájaros que les quitaban sus granos. Eran especialistas que comenzaban en otoño y terminaban en primavera. También ponían lazos hechos con cerdas de caballos para pillar conejos. En el mundo de la sierra donde abundaban las pequeñas propiedades –ranchos-, los niños eran los encargados de poner las trampas y pillar los conejos escondidos en las piedras. Los padres también mataban conejos o perdices con las escopetas o también con los lazos los primeros.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando empieza a consolidarse la gran propiedad aparece una figura muy característica de la zona; el furtivo, dedicado a la caza mayor. Se dedican, fundamentalmente, a la caza del jabalí y el corzo. Luego a partir de los sesenta se dedicarán a los venados, y aunque han disminuido en la actualidad su presencia no han desaparecido del todo. El producto de estas cacerías iba para el propio consumo o para la venta en el pueblo o en las ventas cercanas.



Otra práctica que ha desaparecido son las rebuscas, que es la búsqueda de los restos que quedan de las recolecciones ya realizadas. Entre ellas se encuentran las agrícolas - como las del garbanzo, trigo...y otras forestales. Lo mismo ha pasado con la recolección de plantas medicinales.



Dice Agustín Coca en el libro Los Camperos: “Plantas medicinales y aromáticas como el poleo, el tomillo, el romero, la zaragozana, la mostaza, etc. A veces había una resistencia por parte de los propietarios para que estas actividades se llevaran a cabo en sus propiedades. Los trabajadores no encuentran explicación a esta represión ya que de no realizar ellos estas actividades el producto quedaba en el campo sin ninguna ventaja para los propios propietarios. Los propietarios aducen razones del tipo de que estas hierbas eran buenas para el ganado, así como otras relacionadas con la desconfianza de que aprovecharan su estancia en la finca para furtivear, etc. No se olvide que está detrás la legitimación de la propiedad de la tierra de este sector social dominante que solo hacia escasos años había visto tambalearse su sistema de privilegios ante las organizaciones sindicales”.




La recolección de frutos silvestres -espárragos, tagarninas, palmitos, palmichas, etc-, a las que les podemos añadir la de caracoles y cabrillas se mantienen como tradicionalmente. Los espárragos por su importancia merecen un espacio especial en esta entrada. Uno de los mayores especialistas y sobre todo más conocido fue José Monroy “El bailaor”, el secretario del sindicato de oficios en 1933. El mote le venía por la rapidez y eficacia que tenía Monroy al buscar espárragos y como el juego de piernas necesario para aplastar la esparraguera parecía como si estuviera bailando.



Todas estas prácticas depredadoras tuvieron una disminución importante con el boom económico de finales del XX y principios del XX. Con la actual crisis son muchas las familias que han tenido que volver a alguna de ellas para satisfacer las necesidades básicas

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