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La gran familia española

Hacía tiempo que no escribía en esta sección de la película de la semana. La que acabo de ver cumple los requisitos para rescatar esta sección que tenía olvidada. Y los cumple porque tiene mucha relación con la historia, porque me ha gustado mucho y porque da juego para el debate y la reflexión. La película se llama La gran familia española y va sobre una familia, cuyo hijo menor se casa el mismo día que España juega la final del mundo en Sudáfrica contra Holanda en el 2010. El primer aspecto positivo de la película es su original guión. Mientras se desarrolla el famoso partido, transcurren unos pocos enredos amorosos y subtramas familiares.
Varios triángulos amorosos, muchos secretos y viejos fantasmas del pasado y muchos golpes de humor, consiguiendo esa difícil tarea de equilibrar la comedia con el drama. Hasta tal punto lo consigue que me recuerda a Berlanga y su película favorita; Plácido o el Verdugo. También me parece original la manera de hacerla, la técnica utilizada, mezclando escenas filmadas con metraje original de la película Siete novias para siete hermanos o la misma final de julio. La película no va sobre la selección española, ni sobre una boda, sino que es un reflejo de una sociedad española que se encuentra en plena crisis económica e ideológica que necesita de un clavo ardiendo donde agarrarse, en donde la familia es lo que ha sido siempre; el meollo de la vida. 



Como siempre lo que más me gusta es lo que dice, el fondo, el argumento, la letra de la canción más que la música. Como retrata la sociedad española de la segunda década del siglo XXI no toma como personajes a aquellos Alberto Closas, Pepe Isbert o el niño Chencho tomará aquella película española de los años sesenta “La Gran Familia” de la que es su antídoto, que ofrecía una imagen idílica del desarrollismo franquista con continuas referencias a la obra sindical y a las ayudas sociales. La familia 2.0 del siglo XXI esta desestructurada, es postiza, no tiene ninguna relación con la Iglesia, pero sigue habiendo muchos conflictos entre ellos y se siguen necesitando para enfrentar la ardua tarea de la vida diaria. 



Andrés Vera, el cura de Casas Viejas en enero de 1933 le dijo al periodista Julio Romano: “En los siete meses que llevo en este curato he presenciado más de cuatrocientos enlaces por lo civil, mientras sólo cuatro o cinco se han verificado por la Iglesia”. Aquella concepción de la sociedad cambio diametralmente tres años después. En la gran familia española hay una boda donde no hay cura y donde al final no se celebra el enlace. Pero además de optar por la libertad personal, la solidaridad, la empatía, la flexibilidad y la tolerancia en las relaciones humanas y familiares, refleja un país que en estado moribundo, como el padre, no tiene otra opción que mantenerse unido y agarrarse a lo que se presente, aunque sea una final de fútbol mundial. Como España, la gran familia tiene grandes cuentas pendientes con la historia, que tiene que resolver si quiere cicatrizarlas. La concepción de la familia y las relaciones personales de esta película se asemejan más a las que tuvo siempre Pepe Pareja y Antonia Márquez que las que defendía el cura Andrés Vera. 



Woddy Allen en Annie  Hall termina con esta frase: “Y, y recordé aquel viejo chiste. Aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice 'doctor, mi hermano esta loco, cree que es una gallina' y el doctor responde 'pues porque no lo mete en un manicomio?' y el tipo le dice 'lo haría, pero necesito los huevos', pues eso es más o menos lo que pienso sobre las relaciones humanas sabe? son totalmente irracionales, y locas, y absurdas; pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos”. Hay una escena hacia el final, donde la chica guapa opta por el hermano acomplejado y le hace una declaración al estilo de Sabina en Contigo. Pues eso.

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