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La velocidad de la luz

En la fotografía Pinto, García, Pindajo, Ricardo Guerrero, Antonio Flor Toro Goyete, Barberán, agrario de las Torrecillas, pasan un rato en la marquesina de la Alameda. Es finales de los setenta, la cruz de los caídos ya no está en la tapia colindante a la Iglesia. Son momentos de transición, de frontera, de cambios de una etapa a otra. Esas transformaciones tienen un reflejo muy significativo en la forma de vestir. Al respecto dice Mitnz en Coplas de Carnaval y sociedad gaditana: “ En los años anteriores a que el turismo revolucionara la moda, la vestimenta era modesta y generalmente uniforme. Las mujeres de mayor edad, tan a menudo de luto, casi siempre vestían de negro o, a lo máximo, de marrón oscuro. Los hombres vestían trajes y gorros. Incluso los campesinos, que podrían no poseer un traje completo, vestían chaquetas (aunque hechas de delgado algodón) para trabajar en los campos. Todo esto cambió en los años sesenta cuando los trabajadores jóvenes vieron cómo vestían los turistas del Mediterráneo”. 



Estamos en invierno, los seis llevan gorra que cubre la cabeza y salvo los dos del interior que llevan rebecas el resto tiene puesta chaqueta. No es ropa para trabajar en el campo, sino para pasar el día en el pueblo, en el bar o en la puerta de ellos.

La segunda fotografía es de agosto de 2013. La casa de Becerra ya no es la residencia del médico del pueblo, allí ya no le da clases a sus hijos o imparte consultas discutiendo con los vecinos el precio de ellas, ahora han vuelto a reabrir un restaurante, la fábrica de la luz. La calle Medina se llama ahora Independencia desde que en un 19 de enero de 1987 grupo de vecinos exaltados y animados por la buena marcha del proceso hacia la segregación cambiaran espontaneamente el rótulo. La antigua casa del pueblo del PSOE, sigue siendo un bar, pero ya no es de Cepero, ni de Melón, sino de Pajarito, que  se especializa en eventos culturales como películas de cine realizada por gente del pueblo o el festival panorámico. El bar de Palomino está ya cerrado y en lo que antes era la farmacia y luego la ferretería de Chimenea (¡gran maestro!), Nono y Mota ahora está la cafetería Alameda donde For lleva hablando rápido mucho tiempo, como si tuviera poco tiempo y necesitara decir muchas cosas. La casa del Tuerto Vela, que todavía no sabemos si el accidente fue por las tijeras de su hermana o por pólvora, la mitad derecha ya no es de Juan Pérez Blanco, ni de su hija Luisa. La compró una notaria belga, hizo un hotel rural precioso, pero como el negocio no funcionó le vendió la propiedad a un empresario hotelero que no era de la plaza Mina. La mitad meridional sigue siendo de los herederos de Don Manuel Sánchez, aquel maestro que le compró la mitad de la casa y la fábrica de la luz a José Vela. En la fachada de esta casa hay un azulejo con el nombre de la plaza. Dice que se llama Nuestra Señora del Socorro. Pero eso es oficialmente, porque lo mismo que la plaza el Pijo es del Pijo aunque no lo ponga en ningún papel, esta es la Alameda, por mucho que hayan querido llamarla de la Constitución, de la República o desde el 36 de Nuestra Señora del Socorro. 



Debajo del azulejo dos señales de tráfico que prohíben aparcar y dos motos. La foto la hago porque el que está conmigo me dice que quien iba a decir hace cuarenta años que en la Alameda iba a haber dos motos esperando ser utilizadas para llevar las pizzas que le encarguen. Pinto, García, Pindajo, Ricardo Guerrero, Antonio Flor y  Barberán pueden estar hablando en la primera foto de cualquier cosa menos de la pizzería que hay en lo que antes era la funeraria, o la tienda de Pepe Rey o el casino en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera. Y es que estamos en tiempos de cambios. Si algo nos caracteriza es porque vivimos en una revolución permanente, en época pasadas transformaciones que aparecían de siglos en siglos, ahora lo hacen en años. Vamos a la velocidad de la luz. Vivimos en una permanente frontera, tierra de nadie temporal, a lo que hay que adaptarse, sí o si. Ya lo decía Miguel Ríos: "Este es el tiempo del cambio/El futuro se puede tocar/Nacen cronistas, brujos y santos/Y alucinan con lo que vendrá".
La primera foto es de Mintz, la segunda es mía. La diferencia no sólo son los cuarenta  años entre una y otra.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Por alusiones...y alucinaciones: Se ve que la velocidad de la luz es inversamente proporcional a la calidad de las cámaras y los cámaras que realizaron las fotos.Uno de los aludidos en la palabra final del penúltimo verso de la canción.