La Sierra.- Del desarrollismo de los sesenta hasta la actualidad


Como ha ocurrido en el resto de la España rural, en esta zona tendremos que esperar a los años sesenta para que se produzca la verdadera revolución industrial, el paso a la modernidad definitiva y con ella a la etapa de toda la historia desde que el hombre lleva habitando esta zona donde más impactos medioambientales le ha producido a su entorno. Parece claro que la modernidad ha traído consigo los mayores perjuicios ecológicos de toda su historia. Los cambios ocurridos en esta etapa están unidos a la consolidación de la gran propiedad y a la desaparición de la pequeña (la comunal se perdió en el siglo XIX), aquella resultante de los sorteos o suertes en el XIX.



Van desapareciendo los propietarios locales y aumentan los que no son del pueblo. Muchas familias que han vivido en la sierra de propiedades medianas y pequeñas las venden y se van a vivir al pueblo. En menos de un siglo se completó el paso a la propiedad privada y a la concentración de ésta. En la actualidad, como grandes propietarios de tierras siguen apareciendo algunas familias de los sesenta (Mora Figueroa, Espina, Gregorio Quesada "El Canito"…), han desaparecido otras y aparecen nuevos grandes propietarios como Torrent, Martel, Crespo, Corrales, Barberá, Romero, Ricardo Arranz o fortunas extranjeras como el caso de Jan Pieer Budka (Alisoso, Porretal, Escudetes…). Esta última tendencia a la concentración de la propiedad, al absentismo y al carácter foráneo  está también relacionada con los cambios en los aprovechamientos. Al hilo de la desaparición del bosque humanizado desaparecieron el carbón, las pequeñas huertas, la explotación ganadera del cerdo, la oveja, la cabra, los pavos y otros animales domésticos. Se ha mantenido la corcha y ha ganado enteros el toro bravo y la vaca retinta  y en especial, el animal protagonista de estos últimos años; el venado. Los grandes propietarios dedican progresivamente sus fincas a la caza introduciendo de forma extensiva el venado y últimamente el corzo. 



La presencia mayoritaria de la vaca y el venado ha significado la consiguiente aparición a partir de los años sesenta de los cercamientos con mallas y alambres, el vaciamiento humano del campo y otro avance en la concentración de la propiedad, al mismo tiempo que aparecen problemas medioambientales como la seca, las mismas mallas o la matorralización.  Como dice Agustín Coca: “Y el campo se despuebla: pequeños propietarios, arrendatarios, etc. Siguen marchándose y vendiendo sus propiedades a los latifundios limítrofes. Explotaciones que cada vez son más grandes. Miles de hectáreas que apenas proporcionan un sustento fijo para dos o tres familias”



El “monocultivo cinegético” ha sido apoyado desde las administraciones estatales utilizando argumentos conservacionistas y coincidiendo así con la política de la Unión Europea. Cada vez más son los obstáculos que ponen los dueños de estas grandes fincas para que sean visitados por población local o foráneos para usos tradicionales (espárragos, tagarninas, setas...) u otros de poco impacto ambiental como puede ser el senderismo. El caso del Monasterio del Cuervo (que fue utilizado hasta los ochenta como lugar de excursión y recreo por muchos gaditanos) o la Herrumbrosa donde está la cueva del Tajo de las Figuras es ejemplar, pero no el único. Muchas de las vías pecuarias (padrones, cañadas reales, coladas…) existentes, en forma de cañada, coladas, veredas, majadas, abrevaderos, descansaderos, etc han sido arrebatadas al uso público por estos grandes propietarios. Aunque hay que reconocer un cierto esfuerzo de la administración por recuperar algunas, como ha sido el caso del corredor verde. El hecho de que los nuevos propietarios por no ser de esta tierra no tengan ninguna relación con la población de aquí de toda la vida ha facilitado la "bunkerización" actual de este bosque. 



La conversión de la propiedad comunal en privada de esta sierra no sólo ha expulsado a la población que allí se estableció, sino que ha impedido e impiden el disfrute público de unos montes que en muchas partes de España son de titularidad pública. Sin duda, un obstáculo para nuestro desarrollo a corto, medio y largo plazo.

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