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La Sierra. De la prehistoria al siglo XIX

Si esta zona está poco estudiada, en el periodo que hemos acotado la carencia de estudios es aún mayor. A nivel general podemos establecer que del  paleolítico hay pocas huellas, todo lo contrario que en el Neolítico. Desde la revolución neolítica a la industrial del siglo XIX los cambios fueron pocos y lentos.
Parecer ser que hace entre unos 500.000 y 700.000 años que llegaron los primeros homínidos a esta zona, los denominados homo sapiens arcaicos preneandertales. Pocos datos tenemos de la vida en el Paleolítico en esta zona, su poca presión demográfica y el carácter nómada de la población hicieron que casi no quedara huella de su presencia.
En el Neolítico se produce una de las grandes revoluciones de la historia, el hombre pasa de ser nómada a sedentario, con lo que la economía se transforma de depredadora a productiva. Pero ello no quiere decir que desaparezcan las prácticas depredadoras absolutamente, de hecho se han mantenido, aunque de forma residual, hasta la actualidad. Del Neolítico son muchas las huellas que hay de la presencia del hombre en esta zona como las pinturas de las numerosas cuevas que hay por toda la sierra, las tumbas antropomórficas  y los numerosos dólmenes existentes.



Poco sabemos de la presencia del hombre en esta sierra en las edades antigua, media y moderna. Esta constatada la presencia en la zona de los pueblos orientales, provenientes primero de Tiro y después de Cartago. Pero dejaron más huella en Medina Sidonia que en esta zona. También han aparecido restos romanos, por ejemplo en el área del Celemín, que demuestran la presencia del imperio en la sierra. Pero hacen faltas estudios serios para confirmar estos indicios.



En lo que respecta a la Edad Media y Moderna podemos decir que esta sierra ha mantenido una posición de frontera. Ello, junto a los problemas sociales tuvo como consecuencia que en determinadas épocas frecuentaran estas zonas figuras como los contrabandistas o los bandoleros expresiones primarias del descontento social, de las acciones contrarias al poder establecido y de las necesidades básicas que generaba la situación económica. Este concepto de frontera como zona de nadie, de paso, de inexistencia de control nos ha acompañado toda nuestra historia. Así lo vemos en la prehistoria, en la invasión musulmana o en la edad moderna con la construcción del Monasterio del Cuervo. Tradicionalmente este tipo de territorios se construye a base de personas con espíritu emprendedor y valiente, atrevido y arriesgado, buscavidas y resolutivo porque las condiciones adversas así lo imponen. En estas áreas hay muchas  mezclas y por tanto la riqueza cultural, también fenómenos ilegales como el bandolerismo, el contrabandismo o el furtivismo. Estas características van a servir de base para los posteriores asentamientos humanos, con los que van a convivir.
En la fotografía de Mergelina de 1924 uno de los dólmenes del conjunto del Celemín. Fondo Gómez-Moreno. Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales

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