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Eduardo Pérez y Luisa Torres

Eduardo Pérez Ruiz ha salido varias veces en este blog como protagonista de dos secuestros por los maquis (fueron tres, como veremos). Como me encanta ponerle cara a los hechos, he intentado conseguir una foto. Su biznieta  ha hecho todo el trabajo necesario para que pueda publicarla aquí. Me faltan datos, pero con los que tengo voy a montar un post con la esperanza de que una vez publicado me lleguen algunos más. Estamos ante una foto de Eduardo Pérez Ruiz y Luisa Torres del Río. Se trata de un ejemplo que confirma la idea de cómo los “sopacas” malagueños van a ser una de las bases del origen del poblamiento de la aldea de Casas Viejas a finales del siglo XIX y principios del XX y de su posterior desarrollo. 

Los “sopacas” eran segadores que trabajaban en  pésimas condiciones y que solían tener problemas con los jornaleros locales porque cobraban los destajos más baratos. Algunos se quedaban en esta tierra y creaban estirpe. Estas zonas de inmigración suelen estar formadas  por  población de aluvión:  buscavidas, jóvenes que sueñan con establecerse y conseguir una economía saneada para ellos y los suyos… Es el sueño americano que tanto hemos visto en sus películas.



Por el censo de 1917 sabemos que Eduardo Pérez Ruiz nace en 1880 en Jubrique, Málaga; viene a Casas Viejas en torno a 1908, con cerca de 30 años y en 1910 nace su hija Isabel. Su mujer, Luisa Torres del Río, había nacido en Casas Viejas en 1882 (según el censo de 1906) pero sus hermanos eran naturales de Jubrique así como su padre y madre (Isabel Ríos Ruiz), que también proceden de Jubrique y se establecen en la Herrumbrosa. La familia de Isabel lleva ya una generación aquí cuando llega Eduardo. Se casan y siguen viviendo en este pago. En 1917 la familia está formada por ellos dos y su hija Isabel Pérez Torres de siete años. En otro rancho de la Herrumbrosa viven los cuñados de Eduardo: Antonio, Cristóbal, Isabel y Luisa. 



Intuyo que con mucho esfuerzo personal y por parte de la familia, la explotación agraria de Eduardo y Luisa  (los primeros años lo debieron pasar muy mal) se va haciendo rentable progresivamente pues en 1945 son propietarios de todo el pago y además han podido comprar una casa en Casas Viejas en la calle San Juan. Los primeros datos escritos que tengo de Eduardo Pérez Ruiz son de 1945, pertenecen a su primer intento de secuestro por parte de los maquis. En el sumario nos lo encontramos con 65 años; en él aparecen tres informes sobre Eduardo Pérez Ruiz: el del alcalde, del jefe local de la falange de Medina y el del comandante de puesto. Estos tres informes  básicamente coinciden en la  descripción del personaje. Reproduzco el del comandante de puesto de Benalup Manuel Marín: “Tengo el honor de informar a V.S. que según los adquiridos por el que suscribe Eduardo Pérez Ruiz siempre observó una intachable conducta, nunca se mezcló en asuntos políticos ni de carácter social ni masónico, habiéndose dedicado siempre al trabajo de una finca que posee, y por consiguiente apartado siempre de toda contaminación de los asuntos y sucesos ocurridos en la Aldea, estando por ello considerado como un buen ciudadano. Benalup de Sidonia a 4 de Mayo de 1945”.



El segundo secuestro, tres años después (en 1948) también fue frustrado pero sus  consecuencias serán irreparables. Cuando iba a ser raptado por la partida de Bernabé López Calle (también malagueño) apareció la Guardia Civil, a pesar de ello, más tarde exigieron  el pago de 200.000 pesetas en un plazo de tres meses . En mayo, cuando se cumplía el tiempo estipulado, el encuentro entre ambas partes  tuvo lugar en una fuente de Benalup y no se sabe muy bien por qué y en qué circunstancias, pero lo cierto es que le dio una congestión cerebral y a los ocho días de aquello Eduardo murió. Otra versión, la de Manuel Sánchez Caro habla de que el encuentro se produjo en el entierro de un hombre de Benalup. Allí se encontró con uno de los que le habían amenazado. Le entró una descomposición que cuando llegó a casa ya no hablaba y murió a los pocos días. Dos meses antes habían secuestrado a su hijo Miguel, que se ofreció voluntario para que no se llevaran a  Luis, hermano de Miguel. Este tipo de acciones  de los  maquis obligaron a muchas familias a abandonar el campo y trasladarse al pueblo constituyendo el precedente del éxodo rural que se generalizaría en los sesenta. 



Tras estos secuestros la familia vende la Herrumbrosa y se traslada al pueblo. Cuatro de sus hijos se dedican a la actividad comercial: Isabel Pérez (que casa con Juanito “la Carne”) adquiere toda la manzana que ocupa hoy desde la Madriguera hasta el Cañuelo;  ella abre una tienda y él una carpintería. En la carpintería le ayudaba su hermano Manolo Pérez, que después fue taxista, hasta que montó la tienda al lado de lo que luego será el Dornillo. Luis fue toda su vida tratante, corredor de granos y ganado, y Antonio también aunque más tarde abrirá otra tienda en la calle Cervantes y posteriormente la trasladaría (en 1959) a la calle Medina; en ella vendía de todo, incluso acondicionó  una pequeña barra de bar. Este mismo lugar luego lo transformará en zapatería (el negocio sigue actualmente en la calle San Juan). El otro hijo, Miguel, tras trabajar de listero en las Lomas, emigrará a Montmeló.



La evolución de los Pérez Ruiz, que de “sopacas” se convierten en pequeños y medianos propietarios y después pasan  a ser comerciantes, son  un ejemplo más, como  muchas otras familias que de origen malagueño se establecen en Casas Viejas y echan raíces en la zona. Los comerciantes reflejan perfectamente el espíritu emprendedor, inquieto, buscavidas... de los inmigrantes de aluvión.



Otros hermanos de Eduardo Pérez también se establecieron en Casas Viejas, saliendo del mismo tronco otras ramas como el comerciante Antonio Pérez, El Vivillo, Ramón Zalea (por parte de madre), Antonio Pérez Montiano, Perdigón, Ramón Pérez el del Cañuelo… y un largo etcétera. La rama de los Torres, no hay que confundirla con la de los  Lozaina, también fue prolífica. 



En definitiva, un pueblo formado por inmigrantes malagueños y asidonenses principalmente, que se caracteriza por lo bien que son recibidos los que llegan y cómo muchos de estos se sienten tan cómodos que a su vez se establecen definitivamente en esta tierra. Esto ha pasado con los “sopacas” malagueños, con los jornaleros asidonenses, con los funcionarios (maestros, guardias civiles, carabineros, médicos…), con los que han venido recientemente atraídos por el boom de las Lomas y de la construcción,  y/o con los numerosos extranjeros que han fijado su residencia entre nosotros. Quizá ese recibimiento al foráneo y ese echar raíces esté relacionado con que “la carretera y manta” se lleva en los genes como es el caso de Eduardo Pérez Ruiz e Isabel Torres del Río, la pareja de esta foto, tronco común de muchos benalupenses actuales. 



Gracias a Patricia Pérez Guillén (apellidos que provienen de Jubrique y Guaro, pueblos por antonomasia de “sopacas”) por la foto y por arrastrar con el ejemplo.


La segunda foto es de  Luisa Torres del Rio con sus hijos de soldados Antonio y Luis Pérez Torres

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