"Consumir menos, consumir mejor" y la sociedad tradicional benalupense. El pequeño comercio.

La entrada de hoy versa sobre el pequeño comercio local, el de toda la vida, el que lleva muchas generaciones de cara al público o aquella pequeña tienda que ha abierto recientemente. Dice Toni Lodeiro sobre el pequeño comercio local: " Más calidad, más agradable.Las relaciones humanas son más cercanas, la calidad de los productos suele ser mayor, y quien nos atiende a menudo sabe mucho de “su tema” y nos puede asesorar (la librera de libros, por ejemplo, lo que no sucede en super e hipers). Además, son socialmente necesarios. Son el principal canal de venta de las pequeñas industrias, y gastan y dan trabajo en su entorno cercano. Si siguen desapareciendo, la economía quedará en muy pocas manos, que tendrán un poder casi absoluto.  Mercados municipales y ambulantes. A veces en ellos venden directamente las productoras. En cualquier caso, suelen ser un ejemplo de poder repartido, horarios razonables...Menos “todo a cien” y más “más de cien (años)”. Menos tiendas de compra de productos de poca calidad y más tiendas de ésas que llevan varias generaciones abiertas y que ofrecen el saber y el sabor de la tradición".





En la sociedad tradicional benalupense abundaban estos pequeños comercios tradicionales. Estas tiendas eran una especie de supermercados diminutos, ya que en ellas se podían comprar  desde los productos alimenticios -como pan, salchichones, tomates, latas de conserva... hasta otros productos como Coca Colas,  pasteles, bombillas, etc; en definitiva, todos aquellos artículos que en esos momentos se consideraban de primera necesidad. Hay una serie de características que distinguían al comercio de esa etapa. Podemos hablar por ejemplo del régimen de pagos, dominando absolutamente el sistema fiado  o el original sistema fraccionado conocido como dita. Gran importancia tiene la venta ambulante e itinerante, muchas veces era el vendedor el que se acercaba a la casa o a la puerta del potencial comprador a ofrecerle la mercancía. Son de destacar los trueques o sistema de recova donde los repartidores cambiaban harina por leche, pollos por zapatos o café por huevos. Los horarios son otro elemento característico. La tienda estaba abierta todo el día  y si cerraban,  los tenderos despachaban a quien acudiera, ya que vivían en la misma tienda, sin importar si se trataba de día laborable o festivo. La poca especialización de las tiendas y la poca organización con la que se mostraban los productos constituyen otras dos características del comercio minorista de esa etapa .



Pero la gran diferencia con la actualidad radica en el trato humano entre el tendero y el cliente. Los trabajadores de la tienda solían ser los propietarios y pertenecían a un escalón superior al de los jornaleros en el estrato social del pueblo. Pero las relaciones entre los tenderos y los jornaleros eran cordiales, estableciéndose una simbiosis muy característica. Los jornaleros eran los clientes, sin embargo la mayoría de las veces no podían pagar lo que necesitaban, dependiendo de unos propietarios que necesitaban de los jornaleros para su negocio, pero a los que hacían abundantísimos favores. Las relaciones que se establecían entre propietario y cliente estaban basadas en vínculos personales. Se establecía un vínculo casi de vasallaje entre uno y otro, en el que la superioridad estaba siempre de parte del tendero. Pero, como ocurre generalmente en los asuntos de las relaciones personales, la práctica y la casuística era muy amplia. Esta relación comercial hacía que se establecieran verdaderas relaciones de amistad entre familias. En muchos casos los propietarios de las tiendas posibilitaron que los frecuentes “baches” o “malas rachas” fueran simplemente eso. Existen multitud de historias de agradecimiento de familias que en un momento determinado necesitaron la ayuda, la confianza o hasta la caridad del tendero o la tendera y la obtuvieron.  Las familias retiraban productos y no los pagaban en ese momento. A efectos de llevar un control de deudas, los comerciantes se servían de un libro de cuentas en el que se destinaban varias hojas a cada una de las familias del pueblo  y donde se iban haciendo anotaciones de los artículos adquiridos y su precio, así como de la fecha en la que se hacía la compra. Estas cuentas se liquidaban cuando la familia en cuestión disponía de algún dinero procedente de la terminación de la siega, el algodón,  el carbón, la venta de un cerdo, etc. 


Los dos grandes ejes del comercio tradicional benalupense eran la calle Medina y la calle San Juan. En esta dominaba la familia Estudillo Rodríguez. Un conjunto de mujeres comerciantes, con unas características muy especiales (que me tienen que dar para más de una entrada) y que desde la Alameda hasta el Coscorrón tenían sus tiendas. Así Luisa, Antonia (más conocida como Antoñita la carne), Leonor e Isabel Estudillo.




El pequeño comercio local benalupense ha pasado por muy malas circunstancias en los últimos tiempos. La apertura de la economía local y el desarrollismo hasta el 2007 lo puso en una difícil situación, que se ha complicado con la crisis actual. Los cambios que se avecinan deberían apuntalar un tipo de establecimiento que por su carácter endógeno es fundamental para la economía local. 
Las cuatro primeras fografías son de Mintz. Por este orden aparecen la venta ambulante de pescado de Perico, Dolores Vela, la panadería de Adela y la plaza de abastos. La quinta es de Juman. En esta fotografía vemos posando a Manuel González Pérez y a María de los Santos González Vela por fuera del mostrador y por dentro a Paz Vela en la tienda conocida como de "Paz Vela" en la calle Doctor Rafael Bernal. Esta foto fue realizada por un  periódico, ya que ganaron un premio patrocinado por Coca Cola, que consistía en un viaje a Mallora. Esta tienda perduró hasta la muerte de Paz Vela en los años ochenta.

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