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"Consumir menos, consumir mejor" y la sociedad tradicional benalupense. El desarrollo tecnológico y 2

En el sector secundario destaca otro oficio de tradición musulmana y también muy abundante en el pueblo debido al rico acuífero comentado. Me refiero a los molineros maquileros. En la zona consta su presencia desde el siglo XVIII, aunque hay muchos indicios de que ya hubiera en época de la dominación musulmana. Se le llama maquilero debido a que la maquila es el tanto por ciento que cobra el molinero por moler el cereal, la mayoría de las veces en especie. Para moler se utilizaban dos grandes piedras, con un agujero en medio, en el cuál se metían las poleas. La fuerza del agua movía las piedras, que molían el grano.



Se trataba de aprovechar los saltos de agua producto de los desniveles naturales del terreno en los que ese situaban los molinos de rueda horizontal. El agua sobrante se empleaba para el riego de las huertas cercanas. También relacionado con los molinos estaban las panaderías, la actividad industrial más importante del pueblo, pues el pan era básico en esta sociedad occidental y cristiana. Juan Luis Ríos recuerda perfectamente el funcionamiento de estas panaderías tradicionales: " La panadería era muy rústica y primitiva, se amasaba a mano y el refino de la masa se hacía con un artilugio de dos cilindros de madera movidos por un burro, ese artilugio se llamaba mastren. Esta "máquina" estaba dentro de un gran cuarto y el burro giraba para hacer mover los cilindros por donde pasaba la masa". Eran hornos de leña que se metía el pan dentro, un lebrillo para amasar a mano, una mesa para hacer el pan, una máquina que sobaba la masa dando vueltas con una manivela, manual, y una pala para meter el pan, y los llamaban hornos, más que panaderías. Pero el sector secundario se caracterizaba por la presencia de una serie de oficios de carácter tradicional, donde las máquinas no existían y la energía predominante era biológica. Entre todos ellos destacan los zapateros. Parece que el asfixiante latifundismo de la zona posibilitaba la existencia de tantos zapateros, un oficio que permitía cierta libertad y no dependía de los caprichos del tiempo y de los grandes propietarios. Los zapateros tomaban las medidas, preparaban moldes, cortaban el cuero, daban la forma, ponían las suelas... y además vendían sus propios productos, en su taller o en pueblos cercanos.





Para terminar esta entrada os presento algunas de las palabras que forman este capítulo de los oficios de antes del libro de Historias de Benalup-Casas Viejas de José Benítez Guillén: "la palangana, el barreño metálico y la socorrida escupidera, la pila de lavar, la parra o enredade ra que, desde el arriate, Alforja y Juanito el del pan. el herrero, el herrador, tinajas, barreños, lebrillos, “afilaor”, el zapatero, la de Paquichi o la de El Conde Virutas, taller El Negro, el lechero, el confitero, la comadrona, las costureras, las iniciales sobre el ajuar, los segadores con hoces y guadañas, horcas, bieldos, palas y cribas para la siega y aventado del trigo. Los bueyes, asidos por la yunta, tiraban del trillo hacia la era. Los arrieros con los mulos se dirigían a la sierra. Los carboneros ejercían su trabajo obteniendo carbón en sus hornos artesanos (oficio nómada de gran importancia). El corchero portaba la afilada hacha que utilizaba para “la entresacá” del corcho de los alcornocales. En la temporada del algodón, “líaban el hato” mujeres y niños hacia la vega para su recolección. En la escarda y castra se utilizaba el escardillo, legón, “vinaera” y almocafre, el “aguaor”, el latero, el regaor, el alfarero, la toniza, las castañuelas, pleita de palma, talabartero, tres cuartillas, Caramelo, Tranquilo, Frasquito, la fábrica de palmas, la calera, el pastor, el pedigüeño, el contrabandista, los adelantos, el brasero de picón, el macetero de corcho, el típico “soplaor”, cántaros de acarreo, el carburo, molinillos manuales, albañiles, bicicleta, algodón, rebusco...".





En definitiva, en la sociedad tradicional benalupense la tecnología respondía a las necesidades de la población, cuando a partir de los sesenta aparezcan y se generalicen nuevos inventos y aparatos tecnológicos no responde a que a alguien se le enciende una bombillita o que los de ahora son más inteligentes que los de antes, sino que las necesidades han cambiado.

Las dos fotografías son de Mintz. La primera en la zapatería de Nicolás Cabañas y la segunda en la panadería de Adela.

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