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Los maestros de los campos o ambulantes. Las Torrecillas. 6

Toda la historia de esta zona gravita en torno al problema de la tierra, la educación lógicamente también. En 1935 comenzaba su andadura la Comunidad de Campesinos de Torrecillas-Pedregosillo. Seguía los pasos de la de Malcocinado iniciada el año antes, dentro del intento republicano socialista de solucionar el problema agrario de la zona, después de la fracasada revolución anarquista del 33. Empezaron 17 familias trabajando las tierras del duque de Medina Sidonia las cuales habían sido confiscadas por el estado debido a su participación en la intentona fallida de Sarjurjo de derrocar a la República en agosto de 1932.  
En julio del 36 los nacionales se hicieron con el control de esta zona, los agrarios de Torrecillas y Pedregosillo pactaron con duque de Medina Sidonia (su antiguo propietario) que ellos seguirían con la explotación de las dos fincas a cambio de una renta. Este arrendamiento duró veinticinco años, hasta que en  1951 este se la vendió al Instituto Nacional de Colonización por 1.250.000 pts. A partir de 1951, los colonos pasaron a la explotación individual, dividiendo la finca en 17 lotes y pagaban al Instituto para hacerse al final con la propiedad de la tierra. En 1951 se hicieron una serie de peticiones en infraestructuras, carretera, luz eléctrica, escuela… que de haberse concedido hubieran consolidado las Torrecillas como una entidad de población. Pero no fue así y en los sesenta la gente abandonó este pago para irse a vivir a Benalup, mayoritariamente a San Agustín  “al barrio de los vikingos” dentro del proceso denominado como éxodo rural.



Cuentan las fuentes orales que hubo ciertas discusiones sobre la conveniencia o no de las predicaciones y misas del Padre Muriel para los habitantes de la comunidad, lo que no se discutió nunca era la necesidad de instruir a los hijos de los colonos. De ellos y de los mayores se encargó el viejo “Tío Cortabarra”, uno de los hombres con más prestigio y sabiduría de la comunidad. Cuando este se hizo mayor contrataron a varios maestros, así esas fuentes orales hablan de José, “el maestro Cabra” de Alcalá  que cobraba 7 pesetas por darle clase a 4 niños en las Torrecillas en 1955 o el maestro Adela de Paterna que  trabaja por la comida y que se quedaba a dormir en las chozas de sus alumnos, rotándose entre ellas. 



Sobre esta foto escribió Ruben Flor Castellet en el libro la Tierra     ”La imagen que precede corresponde a un grupo de niños de edad variable que oscilan entre los tres y los quince años. La fotografía, tomada en Las Torrecillas a mediados de los años sesenta, donde residían una serie de familias, concretamente diecisiete, en sus respectivas chozas (la que se observa detrás pertenecía a Dionisio Bancalero), representa a este grupo de niños en un momento posterior al equivalente del colegio en la actualidad. Durante un determinado tiempo, un maestro iba a dar clases a estos niños, donde se les enseñaba sobre todo a leer y escribir, lo básico de matemáticas y algo de geografía. Estas “clases” a los niños se impartían en las chozas de las familias y se dividían en grupos según la edad de los mismos. También en ocasiones, se acercaba el párroco para darles misa”.



La vida en las Torrecillas durante la postguerra fue dura, pero cuentan sus moradores con orgullo que siempre tenían asegurada la comida ya que a los agrarios las tiendas siempre le fiaban, pues tenían asegurado el cobro cuando recogieran la cosecha. Pero el estado seguía sin hacerse cargo de servicios públicos básico como la educación, por eso a finales de los sesenta, movidos por la búsqueda de mejores condiciones de vida, pero sobre todo buscando mejores expectativas educativas y laborales de sus hijos estas diecisiete familias fueron emigrando hacia el pueblo. Pero en esos treinta años que duro la estancia fija de los colonos en las Torrecillas, en medio de difíciles condiciones de vida, donde y cuando el estado se desentendía de la educación de esta parte de la población, la labor de maestros de campo o ambulantes como Adela, José “El Cabra” o el Tío Cortabarra se hace tan importante y necesaria como lo es ahora que las instituciones públicas garanticen el acceso a la educación de todos los ciudadanos. Esta foto en blanco y negro, con la habitual luz de lo perdido, con la primera fila formada por niños más pequeños agarrados de la mano, y la segunda con niños que ya eran hombre y trabajaban como tales, nos recuerda lo importantes y necesarios que fueron estos maestros ambulantes o de campo.
En la foto podemos ver Arriba, de derecha a izquierda: José Guerrero Cabeza, Bernardo Cortabarra García, Juan Manuel Cortabarra García, Manuel Flor Cepero (Cambembas), Antonio Flor Cepero (Camaliebre), Luis Flor Cepero, Antonio Cortabarra García, Francisco Jordán Durán, Manoli Guerrero Clavijo e Isabel Guerrero Clavijo. Debajo de derecha a izquierda: Antonio Guerrero Cepero, Francisco Flor Cepero, Ana Flor Cepero, Consuelo Flor Cepero, Adolfo Flor Cepero, Simón Jordán Durán, Antonio Jordán Durán, Francisca Jordán Durán y Josefa Jordán Durán. 

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