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Los maestros de los campos o ambulantes. El padre Jandilla. 3

Dentro de esta serie de los maestros de campo o ambulantes había que hacerle un hueco al Padre Jandilla, del que a su vez ya publiqué otra serie de cinco artículos basado en el libro El padre Jandilla, escrito por su hermano Luis González Metola. Lo de padre Jandilla es un caso especial pues creó una red de escuelas rurales a base fundamentalmente de chozas atendidas por maestros improvisados. “Poco a poco fueron apareciendo chozas por los caminos que iban albergando a gran cantidad de niños hasta entonces desatendidos. Y justamente con las escuelas había que improvisar maestros: Crista, José Castellano, Paca Pérez (luego nos la encontraremos en la escuela rural de la Morita), Vicente... Eran jóvenes un poco más instruidos que los demás y se prestaron a la nueva tarea…En 1950, los campos atendidos y las escuelas creadas por el Padre eran DOCE, en una extensión de 600 kilómetros cuadrados. Los niños que se beneficiaban eran 585, y los adultos 97. Pero años más tarde llegó a atender DIECIOCHO cortijadas con unos 750 niños en sus escuelas” (Luis González).



Pero al mismo tiempo comparte una serie de características comunes con estos maestros de campo ambulantes protagonistas de esta serie. En primer lugar, el contexto. Estamos en un mundo rural con poblamiento disperso con una abundante población que en medio de un feroz latifundismo sobrevive a unas pésimas condiciones de vida. 



En segundo lugar, como en el caso del Hermano Antonio la ligazón educación-religión es primordial. De hecho es la institución católica la que se hace cargo de la tarea educativa ya que el estado no lo hace. En este caso las relaciones son tan profundas que los límites entre una y otra la mayoría de las veces no se observan. 



En tercer lugar, el carácter social de este tipo de educación. Todos los maestros rurales o/y ambulantes estaban convencidos de la necesidad de la educación para estos niños. En el caso del padre Jandilla su hermano llega a insinuar que en un lugar donde habían fracasado los intentos (anarquistas y socialistas) de resolver los problemas generados por el latifundismo esta labor educativa sería la tabla de salvación de esta población. “Cualquier observador podría pensar que burla burlando se estaba llegando a las bases más sólidas, aunque muy parciales y demasiado lentas, de una auténtica reforma agraria... Que no en vano la promoción cultural es la base de la elevación de la persona”. De hecho podríamos pensar que una vez que desaparece la figura del padre Jandilla su relevo lo toma la escuela Safa las Lomas, que en vez de ir pago por pago haciendo escuelas lleva a los alumnos a sus instalaciones, centraliza su labor y cubre las necesidades educativas de los alumnos de los campos de Vejer, Medina, Benalup…Cincuenta años después han cambiando muchas cosas en las Lomas, pero se mantiene la ligazón religiosa educativa y el carácter mesiánico y social de la educación. 



En cuarto lugar, hay que señalar el carácter itinerante, ambulante. En el libro de Luis González sobre el padre Jandilla se retrata la labor de este en un día normal: "Ahí va el relato riguroso del día de hoy, día de hoy, día de Todos los Santos (1939). Me levanto a las siete. Oración y confesiones en la capilla de Jandilla. Primera misa y predicación. Inmediatamente, a caballo, voy a otro cortijo distante una hora. Me llevo mi almuerzo porque no volveré hasta la noche. Segunda misa a las 10 y media, predicación; y a continuación catequesis con unas preciosas láminas que he comprado y que son muy a propósito para estas gentes. A las 12 he salido hacia Los Badalejos y antes de llegar he hecho un alto para almorzar ( y a la vez desayunar) en pleno campo. ¡Que saludable es el campo para todo! A las dos, como ya no puedo celebrar, he tenido mi primer rosario del día y vuelta a explicar la lámina que llevo colgada en la silla del caballo en una funda de fusil, con la que parece que voy de caza. He ensayado un cántico y otra vez al caballo. Ya voy de regreso pero por otro camino, para entrar a las 4 en Cucarrete donde ya me esperaban unos 40 chiquillos y bastantes mayores. Segundo rosario, ensayo de cánticos y tercera explicación de la lámina. A las cinco y media salgo para Libreros. Tercer rosario, etc., etc. Termino ya de noche y salgo para casa a donde he llegado a las 7 y media y en donde mis monaguillos ya habían tocado la campana para el cuarto y último rosario".



Y en último lugar, otra característica común es la huella en forma de cariño y gratitud que deja entre los beneficiados por estas enseñanzas, que son aun más valoradas si cabe por que se reconocen las difíciles circunstancias en las que se desarrollaron. Un amigo mío narra como repasaba sus conocimientos de números contando los botones de la sotana del padre Jandilla y siempre termina con la misma frase. "Eso no se le olvidará en mi vida".
Las cinco fotografías son del libro El Padre Jandilla, de Luis González Metola.

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