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Los maestros de los campos o ambulantes. El hermano Antonio. 3

En el mundo de los maestros ambulantes abundan los personajes misteriosos y sorprendentes, como es el caso de Antonio Prieto Santiago conocido en esta zona como el hermano Antonio. El hermano Antonio se estableció por la zona de la sierra, aunque tenía su base en el Monasterio del Cuervo, comía y dormía por los cortijos donde circulaba como Los Escudetes, las Lagunetas, Cebada, Alisoso, las Algamitas...  Cuando llegó a la zona todo fueron problemas. El dueño del Convento del Cuervo Vicente Ruiz le prohibió que deambulara por él, a lo que este se negó aduciendo que había una parte del Monasterio que no era suya y que podía demostrarlo, al final llegaron a un acuerdo y se quedó allí.También tuvo problemas con la guardia civil, porque era época donde en la sierra se movían muchas personas alegales, como contrabandistas o maquis, pero pronto solucionó los problemas con la benemérita. Miguel Mateos Rojas fue uno de sus alumnos y a él le debo gran parte de la información de este post. Como coincidió con el destacamento de las Gargantillas lo tenemos que ubicar a finales de los cuarenta. Allí topó con un guardia civil primo suyo, también de Zamora, Antonio Prieto Gil por el que se enteraron que provenía de una familia adinerada, venida a menos. 

Iba por todos los cortijos y enseñaba a los niños a leer y escribir. Estos paraban un momento del trabajo y lo atendían. Cuando a los dos o tres días volvía tenían que tener echas las tareas que le encomendaba. Donde se encartaba se quedaba a dormir y comer, no cobraba nada por las clases.  Otra característica es la forma de buscarse la subsistencia. Como no tenía una dedicación fija, comía de lo que le daban en los cortijos o del apadrinamiento de la familia Vela en Benalup cuando venía a vivir al pueblo y se quedaba a dormir en la Orativa. Me cuenta Miguel Mateos que Nicolasa Vela, que lo apadrinó y lo dejaba dormir en la Orativa cuando venía al pueblo, le llenaba la capacha de comida. Pero él se la daba al primer vecino que se encontrara y que estuviera necesitado. 



La tercera característica es el misterio sobre su origen. Parece que había luchado en la Guerra Civil en la zona republicana y que estuvo en la División Azul en la que fue sargento. Allí tuvo problemas con las autoridades españolas y rusas, llegando a esta zona huyendo de esos problemas. Había escuchado que el hermano Antonio se atrevía con tareas propias de los curas, pero Miguel Mateos me aclara la cuestión definitivamente. Era verdad que vestía un hábito y que tenía la barba muy larga, por la cintura, pero para nada bautizaba, comulgaba o casaba a la gente, simplemente hacía de intermediario. Cuenta que como en aquella época, por aislamiento no por cuestiones ideológicas, en la sierra vivía mucha gente que no se había casado o que no había hecho la comunión el hacía de intermediario. Por ejemplo, cuenta como llevó al padre Jandilla en su caballo hasta Zanona para casar en la cama al "cojo de Zanona" y su mujer. Como reclutó a 30 muchachos, entre ellos Miguel mi informante con 18 años, para que vinieran a Benalup y hacer la primera comunión con el Padre Muriel. Después el hermano Antonio les dijo que no podían pecar y que no les podían echar piropos a las mujeres. Me cuenta Miguel que el siempre lo vio como una persona que sabía mucho, que era muy bueno y que hacia de intermediario con los curas. Para aquellos muchachos del campo los sacerdotes era algo extraño y el hermano Antonio hacía de enlace y mediador con ellos. Dice que del Padre Muriel le viene lo de Hermano Antonio. Ya que en unas misiones dijo que era "un santo que había caído del cielo"



Finalmente, como muchos de estos maestros ambulantes abandonó estos lugares y nunca más se supo de él. La madre de Francisco Javier Peña Mateos fue alumna de él y dice que "como apareció desapareció. También estuvo en Rusia, de locutor de radio". Hace unos años vino un investigador preguntando por él, decía que estaba escribiendo un libro sobre su vida. Comentó que vivía en un asilo de la Costa del Sol. Siempre que hablo con alguien que lo conoció sale a relucir esta mezcla de educador y religioso, ese halo de misterio, ese exotismo, pero, sobre todo, el cariño que se le guarda a alguien que enseñó a leer a mucha gente en aquellos campos de finales de los cuarenta  de Benalup de Sidonia.
En la fotografía de Minz las Gargantillas

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