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Los maestros de los campos o ambulantes. 2

Estamos ante un tipo de enseñanza no reglada, no institucional muy extendida en Andalucía.  Pero al mismo tiempo este tipo de enseñanza estaba  infravalorada y soterrada (a veces hasta  perseguida como veremos en otro post) frente a la enseñanza oficial. Maestros que fueron dando clases por los numerosos pagos y cortijos donde había niños sin escolarizar hubo muchos y de muy diferentes clases, tipos e ideología. Todos tenían la característica común de que no pertenecían al estado, ni a ningún sistema educativo y no estaban respaldados por ninguna institución, con la excepción del padre Jandilla. José Suárez Orellana cuenta el caso del maestro que le dio clases en Las Algámitas.
En él se observa ese cierto carácter de fuera del sistema que era común a todos estos maestros o las pésimas condiciones en las que se desarrollaba su trabajo. Dice Suárez: “En la finca había un carbonero que tenía una hija sirviendo en Algeciras en la casa de un señor, dicho señor tenía un hijo que estaba terminando la carrera de cura, y este olvidando el voto de la castidad, dejó a la muchacha embarazada, y decide casarse con ella venciendo toda la oposición del padre, y este los echó a la calle a los dos, y decidieron venirse con el padre de ella al campo, donde ellos no podían darle cabida por tener una sola habitación que no cabía más que la cama, y además de comida cero… Ante aquel cuadro tan desgarrador vino él a ver a mi padre para que le dieran alojamiento, y eso fue motivo para que le ofrecieran fuese maestro, y aceptó. Ellos solucionaron su papeleta y mi padre y mis tíos, por tener un maestro competente… Al pasar dos años hizo las paces con el padre y se marchó dejándonos con la miel en la boca y a medio enseñar”. La educación ha sido muy importante siempre y en los lugares a los que el estado no llegaba como en los pagos y cortijos la iglesia intentaba hacerlo. Ese es el caso del Padre Jandilla o el singular y original del Hermano Antonio. Entre los maestros itinerantes o ambulantes dominaban los que no eran de la zona, llegaban aquí buscando trabajo, normalmente tenían problemas políticos y después de un tiempo se marchaban, dejando un buen recuerdo y muchos enigmas por resolver. También los que eran de por aquí o/y se establecieron definitivamente en la zona. Aunque los había de todas las ideologías en la postguerra dominaron los perdedores de la guerra civil y al no encontrar un trabajo más apropiado y remunerado con su cualificación se dedicaron a enseñar las nociones básicas a los hijos de los jornaleros en estos cortijos y poblamiento disperso en nuestros campos. Unas veces se trataba de maestros depurados, es decir, que habían perdido el título tras la caída de la República y otra que debido a su ideología y trayectoria política no podrían trabajar nunca con el estado franquista. Son maestros que desde su exilio interior optan por ser coherentes con sus ideales luchando contra el analfabetismo y la ignorancia. Es el caso de Andrés Candón o de Juan Montes de Oca. El dicho aquel de “que pasas más hambre que un maestro escuela”se le podía aplicar perfectamente a este tipo de maestros itinerantes. La escasa remuneración de estos maestros eran aportadas por los padres de los alumnos, muchas veces en especie, pues el dinero líquido escaseaba. En algunos sitios a estas pagas se les llamaba ”la iguala”. Nunca contaron con ningún tipo de ayuda económica por parte de la administración, ya que no era valorada como se merecía esta ingente labor en pro del conocimiento y en la cultura en sitios donde estos elementos escaseaban tanto. A partir de los cincuenta se crean las escuelas unitarias rurales, que vienen a sustituir la importante labor que desarrollaban estos maestros ambulantes, aunque no llegaron a cubrir las necesidades totalmente.
La ilustración de arriba es de la página web de Beatriz Díaz Maestros de campo de Tarifa. la de abajo es una foto de Mintz en una clase de un maestro ambulante en los Arenalejos

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