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Los maestros de campo o ambulantes. Juan Pérez Montes de Oca. 4

El mundo de los maestros ambulantes es tan diverso como el de los propios alumnos. En la postguerra, además de religiosos que enseñan, como el Padre Jandilla, o pseudoreligiosos como el hermano Antonio también están los maestros de izquierdas laicos, que no renuncian a su ideología por lo que a las pésimas condiciones imperantes,  hay que sumarle la persecución del régimen.
En el trabajo El aprendizaje y la enseñanza no formal en Tarifa (Cádiz, siglos XIX y XX) de  Beatriz Díaz Martínez, como parte de una investigación en curso se puede leer :”En cumplimiento a su atento oficio fecha 1 del actual en el que dice manifieste a ese Juzgado Militar los nombres de los vecinos de esta villa que durante los 10 últimos años han salido de esta plaza con carácter de Maestros ambulantes y lugares por donde éstos actuaron…Los citados tres individuos pertenecían a las extremas izquierdas y a sus discípulos inculcaban su ideal.     Dios guarde a V.S muchos años.
Prado del Rey, 2 de julio de 1939,      Año de la Victoria "                                                                  



Dentro de esta tipología  voy a tratar el caso de Andrés Candón, en la próxima entrada y el de Juan Pérez Montes de Oca, el maestro cojo. A Juan Pérez le pilló la guerra civil haciendo la mili en Valencia en el bando republicano. Era artillero y en el frente fue herido por una metralla, tenía 23 años. Aquello le marcaría la vida, pues le tuvieron que amputar la pierna ya que se había engangrenado. Aunque él se oponía a la operación  no había otra opción, además se la hicieron sin anestesia, pues no había ese tipo de fármaco en ese momento en el hospital.Su hija Ángeles dice “cuando lo contaba siempre lloraba, por su miembro perdido y cortado tan crudamente, siempre decía: Hija ,si yo aún no había empezado a vivir… a los 85 años de edad, en el hospital me preguntó si sería posible que le recuperará su pierna, que estaba enterrada en el cementerio de Andújar que quería que lo enterraran entero. ¡aún lamentó no haberle podido dar su último deseo”. Cuando terminó la guerra estuvo en la cárcel Modelo de Valencia dos años por su participación en ella. Lo mismo que José Suárez Orellana en la cárcel conoció a gente muy culta. Y allí empezó a estudiar, en medio de un ambiente donde siempre se le ha dado gran importancia a la cultura. 



Cuando salió de prisión siguió con sus estudios de maestro tres años más. Luego volvió a Alcalá. Su hija Ángeles cuenta: “¿qué podía hacer allí? Un maestro rojo, no podía estar bien visto, entonces empezó  su peregrinar, por esos campos. Con muletas y gran esfuerzo, fue por esos cortijos enseñando a leer, escribir y las cuatro reglas… bueno, todo este esfuerzo era, a cambio de techo y comida, como dice Mintz en el pie de la foto de mi padre en el libro de los anarquistas de Casas Viejas. Después de un tiempo se establece en Benalup, en una pensión, en la que comparte clases, más tarde, conoce a mi madre Emilia y se casan. Por su escuela pasaron  casi todos los varones del pueblo, de todas las edades. Hasta que hacen una ley por la cual  se empieza a utilizar los colegios de niños por las noches, con el fin de paliar el analfabetismo. En ese momento le prohíben a mi padre que continúe con su escuela porque pensaban que podía ser una mala influencia para el régimen y además como era un hombre que no entraba en la iglesia… A partir de entonces tuvo que buscarse la vida como vendedor de Loterías del Estado”.  



Luego con la democracia su hija consiguió además de la paga de jubilado otra por herido de guerra. Pero se murió con la pena de no poder recuperar su pierna y su profesión de maestro, las dos cosas que la Guerra Civil y sus consecuencias, con todo el dolor de su alma, le había arrebatado. 
En las dos fotografías de Mintz nos econtramos a Juan Pérez Montes de Oca en el entorno de la Alameda. En la primera foto en la puerta del bar Ricardo, cuyas instalaciones se intuyen al fondo. En la segunda sentado en la marquesina, con la casa del Veterinario al fondo. En las dos lleva su maleta repleta de periódicos y loteria de Navidad. Profesión de lotero a la que se había visto abocado cuando el régimen le prohibió seguir impartiendo clase. En la primera se observa el bastón con el que afrontaba el hecho de haber perdido una pierna en la Guerra Civil.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo fui alumno de Juan, "el cojo". Juan Manuel Gutiérrez Vidal

maría josé tirado dijo...

Que bonito Salus, me ha encantado. No es difícil imaginar cuan complicado debía ser ese peregrinar con una sola pierna. Un beso

Anónimo dijo...

Juan Pérez formó parte de mi vida, le tengo muy presente en mis recuerdos, siempre le he admirado y si tuviera que resumir en dos palabras quien era Juan Pérez yo diría que una persona culta y buena.Mariano Maestu