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La temática de las pinturas en el Tajo de las Figuras. Por Ana Carrera Egaña


El abrigo del Tajo de las Figuras contiene unas 920 pinturas, muchas de las cuales, alrededor  de trescientas, no tienen paralelo con ningún otro arte prehistórico de la Península Ibérica.  Por sus formas estáticas y naturalistas no se corresponden ni con el Arte rupestre Levantino, ni con el llamado Arte rupestre Esquemático. Comparte con el Arte Levantino la tendencia al naturalismo,   pero carece de su vivacidad y movimiento. Por otro lado, este naturalismo, así como la forma de tratar las escenas, lo hacen diferente del Esquemático.
Por lo tanto no hallamos ante una arte singular que podríamos diferenciarlo de otras regiones artísticas como  “Arte del Tajo de Las Figuras”, o  de forma más general “Arte de la Laguna de la Janda”, ya que una veintena de abrigos cercanos a esta antigua laguna presentan figuras de la misma naturaleza.
La principal singularidad del Arte Tajo de las Figuras radica en la idiosincrasia  de algunos de los temas tratados, como son las  representaciones de aves, que no tienen parangón en el resto de la Península Ibérica.



Los pájaros migratorios mejor representados en esta cueva son las grullas y la cigüeñas. También podemos incluir a los patos y los flamencos; se distinguen hasta quince patos, tomando como parámetro principal la forma de su pico, terminado en espátula. A los flamencos se les identifica por sus largas patas zancudas, cuello curvo y  pico ganchudo.  Forman dentro del abrigo un nutrido grupo, al igual que los podemos observar en las marismas y en la zonas lacustres en sus paradas migratorias.



Entre las figuras de aves aisladas distinguimos un águila, un cisne y una fúlica o  polla de agua, a la que se distingue esencialmente por las patas. Las aves están dibujadas en diversas formas: estáticas, a pleno vuelo, picoteando en el suelo, o en fila india, como las avutardas. Las que prestan una postura más insólita son  tres parejas en cópula y junto a nidos de huevos. Dos de estos grupos son parejas de patos, mientras que el tercero podría pertenecer a una pareja de buitres.  Todavía hoy se pueden ver en gran número de aves en las llanuras y pantanos cerca del Tajo de las Figuras en  la primavera y el otoño. La antigua Laguna de la Janda, uno de los humedales más grandes de Europa y que se extendía por buena parte de la zona ocupada hoy por valles fluviales, fue un lugar privilegiado para el anidamiento de aves lacustres en ciclos migratorios.Otro grupo es el de los ciervos. Aunque la representaciones artísticas de estos animales son frecuentes desde el  Paleolítico Superior, algunos del Tajo de las Figuras ofrecen en ciertas peculiaridades que los hacen diferentes. Están dibujados con grandes cuernas, pezuñas, verga erecta, y con la boca abierta en actitud de bramar. Son los grandes machos de la manada que llaman a las hembras en la época de celo a comienzos del otoño. Las escenas más peculiares representadas son  un rebaño de nueve cabritas diminutas, situado en la margen derecha del gran ciervo central del abrigo. Una de las figuras, en la parte central izquierda del grupo, no tiene cuernos y podríamos identificarla con un perro; esta suposición podría aventurar que se trata de una escena ganadera en la que el rebaño está siendo pastoreado por el perro. 



Un segundo perro está dibujado en la parte interna de la entrada izquierda del abrigo. Otros animales representados son dos caballos trotando o un grupo de gráciles ciervas en la parte derecha de la cueva, etc. Entre las representaciones antropomorfas una de las más destacables es la que conforma una escena de danza  en el panel central inferior, en la que varias figuras humanas de pequeño tamaño, cogidas de la mano forman un corro.



En conclusión, los ciervos bramando con el sexo erecto, las aves en cópula, los rebaños de cabritas, los grupos de ciervas, las danzas humanas, nos lleva a considerar al abrigo del Tajo de las Figuras  como  un santuario prehistórico cargado de representaciones de un alto valor simbólico, inspiradas en la procreación, en la vida y renovación. Además, la heterogeneidad estilística representada en este abrigo, donde se combinan formas naturalistas junto a otras puramente esquemáticas, e incluso reducidas a meros signos, induce a pensar que, o bien las manifestaciones rupestres pertenecen a distintas épocas, o, por el contrario, fueron realizadas durante la misma etapa.  En este último caso hay que señalar que lugares de gran riqueza medioambiental y densidades poblacionales elevadas llevan a un aumento de la conflictividad y a una afirmación de la identidad de la comunidad, que plasma en los mismos abrigos sus propios símbolos con objeto de mantener el derecho a los recursos de sus territorios.
Ana Carreras Egaña

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