Juan Rodríguez Guillén. Juan Sopas. Y 4


El franquismo fue muy duro para Juan Rodríguez y todos los que se jugaron a una carta su participación en política en la II República creyendo que había llegado el momento de las clases populares. Entre unos que pensaban que los sucesos fueron " una manipulación orquestada por la derecha para hacer caer el gobierno de la segunda República”  y otros que pensaban que era cierto “ni presos, ni heridos, tiros a la barriga” condenaron a las víctimas no muertas a la represión, el silencio, el tabú y, sobre todo, el desencanto. Él que tanto había creído en la política como medio de transformación de la sociedad terminó rechazándola y condenándola. Murió en 1978, no tuvo tiempo de desencantarse de nuevo con la transición democrática como le ocurrió a José Suárez Orellana que falleció el 28 de abril de 1986 sin conseguir ver publicadas su memoria, un último intento de recuperar la dignidad robada, y hasta hoy. Ambos casos, Suárez y Sopas, sirven de ejemplo para ese intento de participación popular que significó la II República, pero también, de su fracaso y olvido posterior. 





En la obra de teatro del 90 con guión de Wolf Helem todavía se mantenía la falsedad de la traición de Juan Sopas. Tuvo que ser Mintz quien  restituyera la inocencia de Juan Sopas. Escuchando todos los audios que han llegado se llega a la conclusión que  sobre el personaje que más pregunta y que más contradicciones obtiene es sobre él. Al final, después de contrastar muchos testimonios, desecha los que consideraba a Sopas (y a Curroestaca) como culpables de lo ocurrido. Más tarde se confirma la teoría de Pepe Pareja, que habían estado juntos en la Guerra Civil, cuando Mintz habla con Andrés Candón, Pepe Pilar o algunos anarquistas de Medina y Cádiz. Lo escribe así en Los anarquistas de Casas Viejas: "En cuanto a Sopas, los hombres en prisión continuaron considerándolo como un buen compañero que había tenido la suerte de poder escapar. Tampoco los anarcosindicalistas encarcelados consideraban a Sopas como parte de un complot cuidadosamente diseñado por los capitalistas y el clero. Sabían que las órdenes de levantamiento se había originado en Barcelona; se dieron cuenta de que los oradores que habían visitado el pueblo eran anarquistas honestos y de que las ideas que habían expresado no eran falsas. Sopas no había sido sobornado por un señorito para que los condujera a la calle. 
Anónimo: Si Sopas hubiese pasado tiempo en prisión, no se habría dicho nada. No se habría culpado a nadie. Pero ahora no puede regresar a Casas Viejas. 
Juan Sopas, que vivió después en Jerez y Sevilla, calificó a las acusaciones contra él de ridículas. "La gente no sabe quienes son sus amigos", dijo. Marché andando a Cádiz aunque sin disfrazarme de cura. Sólo he entrado en la iglesia dos veces en mi vida: para casarme y para bautizar a mis hijos. Me escondí en Cádiz en el hotel de un amigo que era un diputado socialista en las Cortes. El escritor Eduardo de Guzmán vino a verme. Apuntó todo lo que le dije. Yo estaba en contacto con la CNT. Me encontraron trabajo. El comité de prisioneros de Cádiz me puso en un barco dirigido a La Gudina, en Galicia. Ellos me protegían. Allí estuve un año trabajando de camarero en una cerveceria. De allí fui a Badajoz, donde trabajé de contratista de carreteras. Tuve varios empleos en Zaragoza, Bilbao... por toda España". 



En la actualidad se va imponiendo que lo mismo de falso es “lo de tiros a la barriga” que los sucesos fueran fruto de la manipulación de las derechas. Cada vez se impone más la percepción de que para entender estos sucesos es necesario estudiar y comprender el contexto en el que se desarrollaron, es decir, su explicación está en la propia historia de Casas Viejas, para lo que hace falta analizarla en su totalidad, desde un punto de vista histórico-científico, alejándose de los intereses partidistas que conducen a la manipulación y el falseamiento tradicional, del que el caso de Juan Sopas parece un ejemplo paradigmático. Uno llega a pensar que tanta inquina, tanta mentira, tanto bulo... no es más que otra forma de represión y otra manera de convertir en víctimas, ya que se habían escapado del primer escarmiento, a los que habían intentando en su juventud luchar por cambiar el mundo tan injusto que le había tocado vivir.

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