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"El Latero"

El latero es una de las profesiones que ha desaparecido.  Se dedicaba a trabajar la lata, buscando restos de ellas y haciendo  utensilios como jarrillos, jarras… También se dedicaba a reparar los paraguas y las ollas o las cazuelas que estaban en mal estado, además limpiaba las latas con betún. Arreglaba además los cántaros para leche o aceite, los vertedores para las tiendas de comestibles, los baños para fregar la vajilla, los recipientes para el aseo de la familia en las viviendas que carecían de cuarto de baño que eran la inmensa mayoría hasta muy avanzada la segunda mitad de este siglo; artilugios para la fabricación de churros; embudos, candiles, faroles…



La primera fotografía nos sirve de soporte para explicar las herramientas del latero. En el hombro derecho la caja de madera para las herramientas y el material, que portaba con una correa de cuero; en la mano izquierda llevaba el  anafe encendido y alimentado con tablillas y virutas, del que sobresale el mango de madera de un soldador de cobre. El anafe tiene una asa larga de alambre que le aleja del calor que desprende y que lleva bien aferrada a la mano mientras recorre las calles y plazas pregonando sus servicios. En este caso se encuentra en la calle Rafael Bernal, a la altura del bar Palomino y del bar de Melón. Detrás  se atisba una mujer que viene de por agua del Chorro Grande ya con un cubo de plástico, síntoma de que se están acabando los tiempos de los lateros. Dos fueron las causas principales de la desaparición de los lateros. Por un lado porque así lo hicieron los cacharros de hojalatas, unos por no tener en la actualidad aplicación y otros por emplearse materiales nuevos, como el plástico ya citado. Por otro, porque el consumismo sustituyó a la reutilización y reciclaje de la mayoría de los utensilios.



La segunda foto nos va a servir para adentrarnos en el trabajo que desarrollaba. El latero no tenía sede fija, no tenía taller, este era la calle, se sentaba en un rincón y ahí arreglaba lo que las mujeres le acercaban. Sentado en el suelo, abría la caja y avivaba el fuego del anafe. Analizado el instrumento a arreglar, procedía a las tareas previas. Lo primero era sanear la parte picada, para lo cual utilizaba una lima hasta dejar lustroso y brillante los bordes del  agujero. Después con un pincelillo iba diluyendo en él los trocitos de chapa cinc. Con el soldador al rojo vivo en una mano y la barra de estaño en la otra los acerca al baño de cinc averiado derritiendo sobre ella unos goterones de estaño que iba extendiendo cuidadosamente con el soldador hasta cubrir el agujero; si éste era muy grande recortaba con las tijeras un trocito de hojalata que soldaba en el mismo lugar.
   


El trabajo se cobraba, como es lógico, en función del material y el tiempo empleado, y que se concertaba de antemano tras el consabido regateo… Hoy se ha acabado el regateo, los lateros y la necesidad de arreglar los cacharros. El reciclaje, la reutilización, el remiendo ha sido sustituido por la compra de un elemento nuevo. No sé si las tremenda crisis por la que atravesamos traerá nuevos vientos que imponga la reutilización y el arreglo sobre el desecho y la compra inmediata ante cualquier desperfecto de los utensilios. Las fábricas realizan sus productos bajo un plan preconcebido, donde la duración del producto tiene fecha de caducidad y no se pueda reparar, ni  reutilizar, sino que se compre otro nuevo. De todas formas estas dos fotografías son una prueba de que otra forma de consumir es posible.


2 comentarios:

BARON UNGERN dijo...

A principios del s.XX mi bisabuelo ejercía esta profesisión en San Fernando y Cadíz...al hombre no le daría para mucho y emigro a Tanger entonces ciudad internacional.
Manuel Vallejo Téllez
Escritor

Carmen Cuartero dijo...

Mi bisabuelo paterno Manuel Salas era herrero, y vivía en Cádiz. También emigró a principios del XX a Tánger, donde puso una herrería en el Zoco Chico.