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Los maquis en Casas Viejas. Vida cotidiana. Engaños y celadas. 7

Dice el refrán que a tiempos revueltos ganancia de pescadores y ello lógicamente se hace más evidente en tiempos tan convulsos como estos de los maquis. Los maquis cometieron secuestros, asesinatos,  extorsiones, robos, etc que crearon un clima de inseguridad tremendo. La otra parte de la contienda, además de no utilizar ningún tipo de contemplaciones cuando sorprendía o encontraba a los maquis como veremos posteriormente,  tenía como objetivo primordial ganar la batalla en el frente civil, en el llano. Conseguir que la población civil no colaborará con los maquis. Lo consiguió y por tanto ganó la guerra, a veces utilizando formas de inserción pacífica como los destacamentos y otras reprimiendo y castigando duramente a los familiares y amigos que ayudaban a estos maquis, como vimos en una entrada reciente. Pero  este clima de represión, incertidumbre y miedo no sólo es aprovechado por las fuerzas del orden, también parte de la población civil se acoge a este contexto para extorsionar y sacar partido de la situación.
Cuenta Manuel Pérez Regordán en su libro Los maquis en la provincia de Cádiz que: “Los hermanos José y Benito Ríos recibieron un anómimo exigiendo el depósito de cierta cantidad en señalado lugar, poniéndolo de inmediato en conocimiento de la Guardia Civil, siendo sorprendidas cuando fueron a coger el producto de su escrito las vecinas de Benalup Paz Jordán Casas y María Casas Mateo”.  



Ejemplos de este tipo hubo muchos en el Benalup de Sidonia de la escasez y el miedo de la década de los cuarenta. Sobre todo teniendo como protagonista a Pedro Moya Paredes. Por ejemplo cuenta Jesús Mañez Moya, su sobrino, que: “Donde está la fuente “Los Vaqueros” le pusieron una nota a una mujer diciendo que o soltaba dinero o le mataban a la hija, y la nota venía firmada por Pedro Moya, entonces la que recogió la nota, fue al cuartel porque ella sabía que Pedro Moya no podía ser porque estaba en la cárcel, entonces por la noche, se escondieron en la fuente y la vigilaron, y cuando vino una mujer por la noche a coger agua, levantó la loza donde le había dicho que pusiera el dinero y cogió el sobrecito y se lo guardó. Entonces salió al guardia civil y dijo: “Alto, Pedro Moya”; y le echaron mano a la mujer”. También se cuenta como el señor que hacía de enlace entre él y Ana Barca para que esta le diera dinero a cambio de no quemarle chozas o cobertizos de sus tierras siguió haciéndolo incluso cuando Pedro Moya ya estaba en Tanger. Enterada la mujer de él de estos hechos los puso en conocimiento de la Guardia Civil.



En definitiva son tiempos de guerra donde todo el mundo intenta sobrevivir como puede. Estos tiempos y sus hechos no pueden valorarse y medirse con criterios actuales, donde las circunstancias son totalmente distintas.

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