Los maestros de los campos o ambulantes. 1

Hasta los años sesenta una parte importante de la población de Benalup vivía en el campo. Era una vida con muy pocas comodidades y donde las necesidades básicas se autoabastecían. Al médico sólo se acudía en casas excepcionales, cuando los remedios caseros ya no eran eficaces. Para la escuela se recurría cuando se podía a algún maestro itinerante de los que había en aquellas épocas. Me propongo hablar sobre aquellos maestros que impartían sus clases hasta los sesenta por los campos de Benalup. Tengo algunos datos del Hermano Antonio, del padre Jandilla, de Andrés Candón, de Juan Pérez Montes de Oca, Avelina y de otros que se dedicaron a enseñar a los hijos de la gente que vivían en el campo en unas pésimas condiciones tanto de ellos, como de los alumnos, como de materiales o instalaciones… Sería interesante que si tenéis datos, hechos, nombres, lugares sobre estas escuelas rurales me los mandéis o a mi correo o en forma de comentario entre todos podemos dejar escrito para la posteridad la hazaña que era enseñar en aquellos tiempos y en aquellas circunstancias, convirtiéndose así en un verdadero homenaje para su labor.

Su labor se ha perdido en el olvido, no sabemos de sus nombres, de sus titulaciones, de sus condiciones de trabajo...sólo algunas vaguedades. La primera dificultad nos la encontramos con la denominación.  Maestros de campo, maestros ambulantes o itinerantes, maestros idóneos, maestras y maestros rurales... cualquiera de esos nombres nos puede valer. Se puede leer en esta página web maestros de campo información recogida por Beatriz Díaz Martínez, parte de una investigación en curso sobre Maestros de campo y escuelas particulares. El aprendizaje y la enseñanza no formal en Tarifa (Cádiz, siglos XIX y XX)  :"Los maestros ambulantes, como les decían antes, eran gente que sabía un poco e iban de casa en casa enseñando a los niños media hora, una hora… Se quedaban en casa de alguien. Empezaban a dar clases por la mañana y a la noche volvían a dormir. Los niños de la casa donde dormía, a lo mejor no le cobraban".




Era normal que varias familias de cortijos cercanos se organizaran para contratar los servicios de este maestro. Ante  la imposibilidad de asistir a la escuela pública las familias pagaban a este maestro itinerante para que les enseñarán a sus hijos “Las primeras letras”. Estos maestros itinerantes dominaban y transmitían bien las llamadas enseñanzas instrumentales—lectura, escritura, cálculo escrito y mental-. En aquellos tiempos se valoraba mucho la caligrafía o arte de escribir con letra bonita o bien formada, y muchos de ellos cultivaron este arte con singular notoriedad. Las clases se impartían por la tarde o por la noche cuando los alumnos regresaban a casa tras haber colaborado con la familia con las distintas tareas impuestas. Maestro y alumnos se sentaban alrededor de una mesa alumbrados por la vacilante y tenue luz de un candil, de una vela o, en el mejor de los casos, de un quinqué. Como vemos en la fotografía de Mintz en este caso la clase se impartían en la única sala grande que hacía las veces de aula, de comedor y de cocina.  Se trata de los Arenalejos y el maestro se llamaba José María.



En este audio Manuel Sánchez Caro le cuenta en diciembre de 1965 a Mintz la diferencia de la escuela de ese momento con la del mundo rural en la que él se educo. Es interesante la reflexión final sobre como la educación que les dio a sus hijos le sirvió para emigrar a Alemania. Parece una profecía para 2013.
"M.S.C.- Antiguamente yo aprendí en el campo con un manojo de libros debajo del brazo, porque mis padres no podían estar en el pueblo para que yo estuviera en el colegio. Con un maestro que me ponía que sabía y lo pagaban y con eso aprendí yo. Hoy en sitios donde hay muchos niños que lo pueden pagar tiene el estado maestro que los enseña, de balde. Antes solo había maestro en los pueblos. Y en los pueblos no podíamos estar todos. Porque el que tenía el trabajo en el campo y a una distancia larga no tenía más remedio que estar allí, como yo me eduque. Con un manojo de libros en una capachilla, que mi madre, que Dios descanse me puso, y en la linde esperando que las vacas no fueran hacer daño y con el chubasquero. Hoy no, y todos mis hijos saben y más que yo, y he criado 7. La más chica tiene 27 años. Y todos saben y alguno más que yo. Mi padre, que en paz descanse, no sabía nada. Yo como sé algo, como sé lo que vale el saber, pues yo me he esforzado, sin poder, de que mis hijos tengan maestro para que mi hijos puedan hoy, mañana y siempre que las circunstancias se lo permitan puedan buscarse la vida. Dos tengo en Alemania. Esperamos hoy uno y otro que viene el día 3. Esos no estarían colocados en Alemania sino tuvieran preparación. Que es incomodo estar allí claro, el padre que deja su familia es molesto. Pero eso se trae sus perritas, echa su temporada fuera y trae algo. Si no supiera no podría irse y si se iba en vez de estar en una fábrica estarían en la vía férrea, trabajando en la construcción o en otros trabajos que son más fuertes y más malos".

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