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Los casasviejeños y el Tajo de las Figuras

Las dos temáticas históricas más conocidas del pueblo; el Tajo de las Figuras y los Sucesos de Casas Viejas, pese a la diferencia temporal entre ambas, mantienen algunas similitudes, como son su carácter mediático, las polémicas que generan y la relación entre casasviejeños y no que se establecen en torno a esos temas. Sobre esto último trata el artículo de hoy.
Las pinturas del Tajo de las Figuras o Segura, según se le denominaba en la época, eran conocidas desde siempre por los lugareños, atribuyéndose su autoría a los musulmanes. Así lo podemos ver en un escrito del Coronel inglés Verner donde habla que así se lo dijo el arriero Eduardo Villalba. Antes estas pinturas las élites sociales, políticas y económicas reaccionan de dos maneras diferentes. Por un lado, José Espina Calatriu intuyendo el valor científico e histórico de las pinturas realiza los esfuerzos y las gestiones oportunas a través de su colega Rafael Bernal, que luego será presidente de la junta de obras de la Iglesia, para que llegue su presencia a oídos de la Comisión de Investigación Paleontológica en Madrid.
Pero, por otro, empujados por codiciosas teorías sobre la existencia de tesoros en ellas se utilizan técnicas tan poco ortodoxas y tan perjudiciales como la utilización de dinamita para su pretendida localización. Así lo dice Victorio Molina en su informe de junio de 1913 a la comisión de Madrid: “Estimo curioso decir que en torno de la Cueva de las Figuras se acumulan fantásticas leyendas por los rudos campesinos, que suponen escondidos en ella riquísimos tesoros, hasta el punto que, no mucho tiempo antes de nuestra expedición, hicieron explotar un barreno para descubrirlos. Felizmente la explosión sólo arrancó una lasca del borde superior de la entrada... En el ángulo superior izquierdo de la fotografía se advierte una piedra redonda, que parece colocada de propósito para obturar la boca de otra caverna. Sus vetas perpendiculares á la estratificación de la roca inducen á acentuar la sospecha. De ser así, y no más que fenómeno natural, no hay medio de convencer á los pastores que la piedra cubrirá restos de valor puramente científico, sino que oculta tesoros inmensos de oro en barras ó pilones de monedas contantes y sonantes. El orificio, que se nota en el centro de la piedra, ha sido hecho, me dicen, recientemente, ó para removerla ó para taladrarla, ó acaso sea el comienzo de un nuevo barreno”



Lo mismo ocurrió cuando en 1924 Cayetano de Mergelina estuvo trabajando sobre los dólmenes del Celemín que había descubierto en 1914 Breuil “La excavación que pudimos hacer hasta tropezar con la abierta oposición de los dueños del terrero, bueno ganaderos del Tajo de las Figuras que sueñan con el consabido tesoro”. Cuentan fuentes orales que la pólvora que se utilizó para buscar dichos tesoros en estos dólmenes fue la culpable de que alguno de estos ganaderos quedaran tuertos. Pero esta relación entre los lugareños y los investigadores no sólo se remite a las élites, sino también a la población en general. En este sentido, los investigadores necesitan de la colaboración y la ayuda de las personas que viven en este entorno para sus investigaciones. Así, Cabré y Hernández Pacheco encargan y pagan a Bascuñana el trabajo de buscar más cuevas con pinturas por el entorno, lo mismo que hace Breuil y Burkit con Mena. Los primeros dejan escrita esta colaboración: “Pero, sin embargo, quedó al servicio de la Comisión de Investigaciones paleontológicas y Prehistóricas un individuo del país, llamado Bascuñana, con la misión de ver todas las cuevas de los montes vecinos a la laguna de la Janda, para comunicarnos las que contuvieron pinturas o grabados del hombre primitivo…y, por último, las contraseñadas por una cruz, lo fueron separadamente por el abate Breuil o por su guía Mena, las cuales no hemos visitado, si bien conozco sus nombre que me han sido comunicadas por dicho arqueólogo francés”



Los barberos de la calle San Juan hermanos Bancalero o la familia Mañez Ordóñez se convirtieron durante los años sesenta y setenta en guías de los abundantes ingleses, franceses o alemanes que venían a visitar estas cuevas. En los años 80 y 90 el guarda Andrés Mañez Ordóñez se convirtió en un verdadero cicerone de Martí Más Cornellá. El acelerado crecimiento económico y cultural sufrido por la población a partir de los ochenta hace posible que la participación de la gente de Casas Viejas en la difusión, conocimiento y valoración de este inmenso patrimonio prehistórico que poseemos sea más intenso y efectivo. Y que ese desequilibrio entre el interés que provoca a los investigadores foráneos y la apatía hacia ellos de la población local desaparezca. Es uno de los retos que nos marca el presente y el corto plazo. Cada vez está más claro que como decía I. Vargas: “ Tan solo se respeta aquello que se conoce”

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