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La situación física de la zona a principios del siglo XX

Cuando llegaron diversos estudiosos de carácter nacional e internacional a estudiar las pinturas del Tajo de las Figuras a principios del siglo XX todos se sorprenden y ponen de manifiesto que el estado natural de la Janda y que su entorno debía diferir poco en ese momento de los tiempos neolíticos. Todos enfatizan esa riqueza natural y la escasez de cambios físicos ocurridos. Eduardo Hernández Pacheco junto a Juan Cabré (1913) escriben en Avance al estudio de las pinturas prehistóricas del extremo sur de España sobre la Laguna de la Janda y el aspecto que presenta : “En este área de depresión, que geológicamente reconoce un origen tectónico, se forman en la época de las lluvias extensos pantanos,  lagunas de poco fondo, que en la primavera dan asilo a infinidad de aves acuáticas que anidan entre las altas hierbas que llenan la laguna.
Rodean a los terrenos que se encharcan en las invernadas, otros formando llanuras,  lomas muy suaves y poco acentuadas, constituidas por tierras negras muy humiteras y cubiertas por tupida vegetación de pequeños cardos. Buenos sitios para observar estas tierras negras son las lomas bajas entre el Barbate y el Tajo de las Figuras, por la Venta del Paso de Gibraltar, como también las lomas bajas junto al arroyo Celemín, afluente oriental del Barbate. Ya más distanciados de la laguna comienzan los primeros contrafuertes de las sierras que tan áspero y quebrado hacen al país de este extremo de Europa; sierras, la mayoría, de areniscas eocenas, como hemos dicho y cubiertas por matorrales de lentiscos, carrascas, acebuches y alcornoques, restos de los bosques que antes llenarían el país”. 



Esa sorpresa ante los pocos cambios medioambientales sufridos en la zona la enfatizan también  E. Hernández-Pacheco y J. Cabré (1913): “No debe haber cambiado mucho el aspecto del país de los tiempos prehistóricos a los actuales. Ahora las aves acuáticas abundan mucho; grandes bandadas de garzas, grullas, avutardas y otras zancudas pululan en la comarca; los patos, gallinas de agua, gansos silvestres y otras palmípedas existen tan gran cantidad en la laguna, que en la época de la puesta los habitantes de los cortijos ribereños consumen grandes cantidades de huevos de las aves que anidan entre las espadañas, carrizos y demás plantas acuáticas que cubren toda la laguna, la cual es el sitio de cita de los cazadores de Gibraltar. Grandes rebaños de vacas y piaras de yeguas se alimentan en los verdes hierbazales, y en las montañas inmediatas, cubiertas de matorrales de carrascas, lentiscos y acebuches aún se caza el corzo, no hace muchos años el ciervo, y en las sierras del Norte existen aún las cabras monteses (Sierra de las Cabras).  Todos estos animales silvestres, juntamente con el toro y caballo salvaje, son los representados en los abrigos y grutas totémicas, de que ahora hablaremos".



Dicen los mismos Hernández Pacheco y Cabré : “El borde occidental de la depresión lo forma un áspero talud, por el que se asciende a una planicie extensa, la Loma de la Grulla, constituida por arenisca y calizas miocenas, de formación costera y plagas de fósiles marinos. En el talud y hacia la mitad de la longitud de la loma está edificado Casas Viejas, aldea de Medina Sidonia, a cuya jurisdicción corresponden los yacimientos en su mayor parte”. 



En tierras negras en el extremo sur de España de Eduardo Hernández Pacheco aparece otra descripción del emplazamiento de Casas Viejas: “ El borde occidental de la depresión presenta un talud que, más o menos patente, se extiende desde el NE de Casas Viejas, pueblo edificado en el mismo talud, hasta Vejer de la Frontera; parece representar una línea de falla, al Oeste de la cual se extiende una meseta ondulada constituida por materiales miocenos y eocenos".  Si físicamente los cambios desde el Neolítico hasta principios del siglo XX que continuaría hasta la década de los sesenta con la desecación de la laguna de la Janda no fueron importantes, tampoco lo fueron en el aspecto humano. Habrá que esperar hasta los años sesenta del siglo XX, cuando con la desecación de la laguna de la Janda, para que se produzcan los cambios físicos y humanos que sitúen en esta zona en la modernidad.

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